Cartografía Mundialista
El Mundial y el señor naranja
Lo que con mucha probabilidad pasó - porque lo llevamos viendo tiempo en la ONU, en la OTAN, y sobre todo, en la relación bilateral entre países “soberanos” es que Infantino, ansioso por convertirse en mejor amigo, consideró la anulación de aquella tarjeta roja un tributo caro, pero útil
Trump lo pudrió todo. Coincido plenamente con el planteamiento de Alfonso Cortez sobre la forma en la que se ha adulterado el juego, pero también coincido con nuestro infiltrado en las líneas enemigas: Trump no tiene ni repajolera idea de lo que ha hecho, ni de cómo se administran estas cuestiones de la justicia independiente (en general), pero también coincido en que muy probablemente ni siquiera hizo esa llamada de la que alardea para liberar de la sanción por roja directa al delantero y máximo goleador de la selección estadounidense, sino que simplemente intentó atribuirse un logro que objetivamente beneficia al equipo anfitrión de Estados Unidos.
Lo que con mucha probabilidad pasó - porque lo llevamos viendo tiempo en la ONU, en la OTAN, y sobre todo, en la relación bilateral entre países “soberanos” que no dudan en humillarse antes de enojar al “señor naranja” - es que el presidente de la FIFA Gianni Infantino, ansioso por convertirse en mejor amigo, consideró la anulación de aquella tarjeta roja un tributo caro, pero que, de alguna manera, le valía la pena.
Alguien puede ponerse poético y decir que el fútbol puso las cosas en su justo lugar, pero aquello ya había tenido su efecto. A los belgas les dio un plus de motivación que necesitaban en estos tiempos de declive de los Lukaku, De Buyne y compañía; pero también el ejército de Pochetino Décimo Meridio quedó tocado.
El bueno del rosarino, inmerso en su rol de motivador, había tratado de quitarle hierro al asunto hablando de un “punhisment ¿cómo se dice en español?” pero al final los jugadores norteamericanos, que llevaban años preparándose para ser protagonistas con el juego, lo habían pasado a ser por una interpretación antojadiza – que está en el reglamento, pero no deja de priorizar mercados sobre deportes – y el enfermizo afán de su presidente.
1-4 y Bélgica a cuartos. Contra España. La Budweisser se impuso a la Stella Artois que decía Marcelo, y ahora yo tendría que contar la historia de la “cogorza” de Júpiter con mi amiga Marianne en Amberes – Diamantes y cerveza barata en el epicentro mundial del contrabando de lujo enclavado en el “gran templo cervecero del planeta” – que me comprometí en el grupo paralelo de los cartógrafos, y que ya les advierto que tiene mejor título que nudo que incluye dos wawas, un Corsa de tres puertas, la OMS, una adopción en Etiopía y un AirBNB prestado. Esito sería.
Con EEUU fuera, el fútbol tal vez vuelva a ser protagonista, pero con Trump en el escenario, nada puede descartarse.








