Cartografía Mundialista
La “Bolivia, Bolivia (…) Bolivia, Bolivia” de Trump y Lamine
No es lo mismo migrar por necesidad que por vocación, corazón, decisión o cualquier cosa que no sea justamente la primera: necesidad. Si se cruza jugar para Inglaterra, pues juegas. Y si no, pues no juegas
Queridos cartógrafos,
confieso que no me estoy logrando enganchar a este Mundial.
En parte porque estoy en duelo futbolístico: aquel puño de Andrada se hizo muy viral pero no evitó que mi Real Zaragoza de cuna cayera a tercera luego de 14 años “en el infierno”. Me da miedo el contraste entre el olimpo futbolístico de la gran cita mundial y el post-infierno ordinario que empezará en agosto.
En parte porque creo que mi algoritmo anda un poco confundido y no me muestra las buenas sino las malas: que si un árbitro somalí de vuelta a casa, que si los iraníes tratados como apestosos, que si registros minuciosos de los senegaleses, que si esa campaña desubicada del “cuida tu Visa” que evidencia que no entienden nada.
También porque el conflicto en el país lo ha rebasado todo, y en vísperas del Mundial, los símiles futbolísticos no hacen tanta gracia (aunque más que los belicosos):
Rodrigo Paz no logra patear la pelota y sigue encerrado en su cancha, pero los bloqueadores no encuentran el hueco para rematar el partido. El empate no le sirve a ninguno. En la banca no hay más. El árbitro está casero, y nadie se fía. Peor llamar a uno internacional con la que liaron hace no tanto. La lotería de los penales es para cualquiera… y así.
Hay más elaborados, como los que le recuerdan al presidente que Bilardo tuvo que elegir entre Passarella y Maradona y al final ganó el Mundial; como los que recuerdan que Del Bosque no llevó de vuelta a Raúl una vez olvidado y derrotado, y también ganó el Mundial; o como los que hacen símiles con el prosaico Sampaoli que entre tanto verso confuso desperdició a Messi y compañía en su mejor momento hasta que llegó el pragmático Scaloni y ¿saben qué? También ganó el Mundial. Cosas de tomar decisiones.
Lo único que me engancha es obviamente la posibilidad de verlo con mi hijo completo (no como el álbum, que así nomás se va a quedar).
De momento he conseguido que también vaya con España. También. Porque aunque ha visto a Lamine hacer virguería y media y reclamar el trono del 10 del Barcelona, sigue apostando por Leonel, y sospecho que es porque la última final la vio con su mamá, y La Quiacá de mi suegra – esa frontera – sigue gobernando. Y aunque no se acuerde, se acuerda de ese instante de felicidad total.
Mirá por donde te he enganchado, Alfonso.
Uno es de donde “pace”. O eso creo. Es muy incómodo convivir con gente cargada de nostalgia y magnetofones. Pero no es lo mismo migrar por necesidad que por vocación, corazón, decisión o cualquier cosa que no sea justamente la primera: necesidad. Si se cruza jugar para Inglaterra, pues juegas. Y si no, pues no juegas.
Dos cosas sobre las Patrias voy a escribir: España superó muchísimos complejos de nación con el zapatazo de Iniesta en medio de la tremenda crisis de 2010. Sé que hay muchísimos sociólogos investigando sobre esto. Capaz no les gusta el fútbol.
La otra es que Trump no se merece ese país de migrantes que gobierna que desprecia. Ordena vos los objetos al gusto.
Que ruede el balón. México y Sudáfrica, dos gigantes modestos, dos referencias revolucionarias, dos historias épicas, son hoy el mejor partido del mundo.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
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