Crónica política de la semana
Lupo, el “trepidante” dólar y las cuentas del FMI y del 50-50
El gobierno sigue atrapado entre los problemas estructurales del dólar y el combustible y los escándalos de supuesta corrupción o tráfico de influencias mientras el gabinete sigue tensionado y la oposición se organiza
No se ha cumplido un año de gobierno y la lista de ministros y altos cargos caídos en combate es ya difícil de recordar, pero esta semana se armó la grande: José Luis Lupo salió del ostracismo para decirle a Pepe Pomacusi que en realidad lo que quiere hacer es cuidar de sus nietos, lo que vendría a ser una suerte de “confesión” de que no quiere seguir siendo el ministro de la Presidencia.
El asunto tiene mucha enjundia: si Lupo no ejerce de abuelo a tiempo completo es, en realidad, porque no quiere, pues nadie le ha puesto una soga al cuello y, a saber, tampoco es la llave específica de nada – como puede ser Mario Justiniano con su influencia mediática y agroindustrial -, ni siquiera para el FMI, pues Gabriel Espinoza ya se ha dado modos para conocer esos mecanismos a cabalidad.
Lupo habló más cosas en aquella entrevista, como del rol del asesor personal del presidente, Fernando Cerimedo, que nadie sabe quien paga, para lo que deslizó una hipótesis más que inquietante: consultor a sueldo de “alguien”. Es mejor que “espía” o “pirata” llano, pero poco relajante, la verdad.
En cualquier caso, el ministro de la Presidencia menos resolutivo del siglo XXI no garantiza ni votos en la Asamblea: su supuesto aliado y mentor, Samuel Doria Medina, apuntilló unas horas después que él, del gobierno, “ya me he ido”, mientras describía un gabinete lúgubre, ensimismado y alejado de la realidad, por lo que su continuidad es solo cuestión de timing.
Los temas
El asunto de fondo es que el calendario ha corrido ya lo suficiente y se empiezan a notar los vacíos, mientras los escándalos no cesan. De un lado está la trepada acelerada del dólar y la ausencia endémica de combustible; del otro, el goteo de casos sospechosos e irregularidades que además salpican de cerca al núcleo del presidente. Al presidente le parece de mal gusto recordar que el hermano del aprehendido que pretendía llevar cientos de kilos de oro a Qatar en vuelo privado era amigo cercano (algunos dicen novio) de una de sus hijas y vincular esa “casualidad” a las supuestas llamadas y contradicciones en las que han incurrido varios altos cargos, pero es que ya es mala suerte.
Entre las narcomaletas, las oromaletas, las narcomaderas, los clanes familiares del complot del combustible, los pleitos con el CIADI, el tren y demás, el pasado al que recurrentemente quiere referirse Cerimedo como cortina o lo que sea ha quedado muy lejos.
En paralelo corre el problema real: el dólar se está disparando y nadie tiene una teoría para explicarlo. Solo Samuel, de momento, y no es la más esperanzadora: el gobierno está haciendo subir para que baje cuando se anuncie el acuerdo con el FMI y así que sea tolerado. Nivel de conspiración premium.
Lo que no cuadra en esa teoría es que el presidente en persona siga relativizando los “centavitos” de la subida – que ya va por Bs 1,60 en menos de un mes -; que los analistas de cabecera insistan en que los salarios son para cubrir el día a día y que eso se paga en bolivianos, como si no hubiera ahorros, compras en el exterior o viajes que calcular en dólares, o que la “tabla de salvación” siga siendo el endeudamiento externo.
Paz asumió en primera persona el inminente acuerdo con el FMI – aunque para variar, hay distorsiones entre fuentes sobre el tiempo que durará materializar este acuerdo -, y “celebró” que se siga aprobando endeudamiento de la CAF, del FMI, en la Asamblea – que era lo que pedía Luis Arce hace no tanto -. Esta misma semana también se conoció que se paga más por el servicio de la deuda que lo que se ingresa, y hubo más: el Presupuesto General del Estado que transita por la Asamblea se va convirtiendo un monstruito cargado de fe.
Sin MAS pero con Gobernadores
En el gobierno son conscientes de la debilidad estratégica que supone no tener un Movimiento Al Socialismo (MAS) fuerte al frente, pero no tanto de cómo impacta en su imagen utilizar algunas de sus mañas recurrentes, como la de auto recibir reconocimientos tipo Cóndor de los Andes, o abusar de los nombramientos a dedo: el tema de la Aduana, de BoA, de YPFB, etc., empieza a sobrecalentarse.
Mientras tanto, los gobernadores empiezan a asumir un rol más combativo, empezando por JP Velasco, gobernador cruceño que simboliza la “alternativa Tuto”, pero también por María René Soruco que esta semana le afeó al gobierno su ausencia total en la emergencia de los incendios. El 50 – 50 puede convertirse definitivamente en el parteaguas de la legislatura.
Al tiempo.
“Progres” o “conservadores”, el otro pulso
El gobierno de Rodrigo Paz tiene otro problema serio: el de la definición ideológica. Un día se presenta a la derecha de la mano de Keiko Fujimori y José Antonio Kast; otros días adula el neoimperialismo trumpista, y otro abraza el endeudamiento sistemático con BID y CAF, pero también con el FMI.
El último brete tiene en la mira la agenda de género, que Rodrigo Paz abanderó en algún momento, y que hoy se debate entre criminalizar a las mujeres denunciantes de violencia e incluso la castración química de mujeres pobres, a las que por cierto se les negó el derecho al aborto por esa misma razón hace no tanto.
Esto, unido a las críticas populares por la supuesta “traición” a las promesas de campaña y al desarraigo generacional, está generando un caldo de cultivo de cara a un revocatorio que, en cualquier caso, será complicado.





