Noventa adultos mayores viven en este centro de acogida
Santa Teresa Jornet, el hogar que afronta la crisis con solidaridad
El establecimiento se fundó con el fin de ayudar a personas de la tercera edad en situación de abandono desde 1993. El apoyo estatal que recibe no es suficiente. El aporte solidario los ayuda a salir adelante
En el Hogar Santa Teresa Jornet de Tarija, Francisco, residente y portero, abre la puerta a una jornada de cumpleaños y cuidados. Allí, hermanas, enfermeros y voluntarios atienden a más de 90 adultos mayores con medicación, comidas y actividades recreativas, mientras la institución subsiste gracias a donaciones y ventas de masas, ante la insuficiencia de los aportes estatales.
Presencia de esperanza y dignidad
Francisco por decisión propia cumple la labor de portero. Recibe a quienes llegan hasta el Hogar Santa Teresa Jornet. Abre la puerta con tranquilidad, como quien todavía necesita sentirse útil dentro del lugar que ahora también es su casa.
Desde la entrada, el ambiente transmite calma. El primer espacio es una sala de visitas limpia y ordenada, donde un tablero anuncia las actividades del mes. En las paredes se observan imágenes y figuras religiosas que acompañan varios espacios del hogar. Los pasillos permanecen despejados y el cuidado constante de las hermanas evita que el lugar se sienta abandonado.
Mientras caminamos, Francisco vuelve a levantarse para atender la puerta y luego regresa lentamente a su lugar. Habla de Iscayachi, de su difunta esposa y de la vida que dejó atrás. Ayuda en el Hogar para mantenerse ocupado.
Avanzamos hasta el patio central, donde celebran a tres abuelitos, los cumpleañeros de abril. Sobre una mesa descansa una torta rodeada de vasos, platos y snacks, mientras la música llena el ambiente. Algunos residentes sonríen con gorros de cumpleaños y otros observan la celebración desde sus sillas de ruedas. Pero ninguno queda fuera de la celebración.
Alrededor del patio, enfermeros y cuidadores reparten gelatina con granola y yogurt. Ayudan a sentarse mientras acercan platos y responden con amabilidad a cada pedido. El cuidado no interrumpe el festejo, se mezcla con ella en cada gesto.
Las hermanas recorren constantemente los pasillos, pendientes de cada necesidad. Más allá de la atención médica o la alimentación, intentan que ninguno se sienta solo y que puedan vivir con dignidad dentro del Hogar.
Mientras llegan más voluntarios de distintas universidades (Universidad Nacional del Oriente y Juan Misael Saracho), los cuidadores encienden la música y comienzan a bailar cueca con los adultos mayores en medio del patio. Algunos se levantan y otros solo observan, aunque todos parecen encontrar un instante de compañía dentro de esta actividad.
Entre pasos lentos, ritmos enérgicos y risas cortas, el asilo continúa vivo. No es un lugar en silencio, sino un espacio lleno de actividad, donde pese a las historias de abandono y las dificultades que atraviesa el lugar, la esperanza y la dignidad siguen presentes.
Déficit afectivo y búsqueda de compañía
El establecimiento se fundó con el fin de ayudar a personas de la tercera edad en situación de abandono desde 1993. Se puede clasificar como privado; sin embargo, puede acceder a convenios institucionales, aunque en la actualidad estos no serían el principal sostén económico del lugar.
La hermana María del Carmen Laguna, encargada del cuidado de las personas de la tercera edad, afirma: “Nosotros mismos generamos lo necesario con el apoyo de la gente. Salimos a pedir y tocamos puertas para sostener el hogar”.
Si bien existen ayudas sociales por parte del Gobierno Departamental, ella señala que es muy poco. “O sea, ni para un desayuno, ya me puedes entender. Pero lo demás es gracias a los voluntarios, a nuestros bienhechores, que siempre están aportando con un granito de arena para que se haga realidad toda esta obra. Porque ustedes verán, la casa es gigante”.
Pese a la incertidumbre de convenios económicos con otras instituciones, como la Gobernación de Tarija y la Iglesia Católica, las hermanitas buscan donaciones a diario y logran cumplir con los gastos que exige esta labor.
Por otro lado, en los pasillos del asilo se encuentra rondando, a paso ligero, don Francisco, el portero. Llega a una esquina del patio a observar el gran cumpleaños. De repente, suena la campana que llama a la puerta; de inmediato se dirige a atender a los nuevos visitantes.
“No pagan por esta labor, lo hago para ayudar”, comenta, y sigue: “vendo masas y queques que hago para ganar un extra”. Su mesita con diversas masas se encuentra en la puerta principal, a partir de un costo de 10 bolivianos.
Francisco nos cuenta más sobre cómo es la vida dentro del asilo. “Aquí te cuidan, te atienden, te dan la comida, la ropa, te lavan la ropa y te bañan”. También revela que allí recibe atención médica.
Al igual que todos los adultos mayores que viven allí, Francisco requiere medicinas diarias. “Yo tengo gastritis y ayer ya vinieron a darnos pastillas”.
Sin embargo, otros residentes necesitan aún más cuidados que requieren mayor presupuesto, como pañales y sondas. Considerando la crisis económica que se vive en el país y la desestabilización de la moneda, surge la pregunta: ¿cómo se obtienen más recursos?
La hermana María afirma que hay personas que traen aportes. “Además, contamos con el Bono Dignidad de los abuelitos. En algunos casos es el 75%. Aunque aquí (primera planta) manejamos alrededor del 50%, porque ellos también necesitan quedarse con algo de dinero para sus gastos personales. Hay abuelitos que requieren más cuidado (del 100%)… y otros insumos”.
Pese a los altos gastos diarios, las hermanas procuran dejar dinero extra a cada abuelito, el cual pueden disponer para sí mismos.
“A veces la madre nos dice: ‘No hay dinero, no sabemos cómo vamos a cubrir la próxima semana’. Pero de alguna manera se logra. Cuando no hay beneficio personal y todo es para el bien común, alcanza para todos”.
Desde la vía legal, Marcela Fernández Ríos, asesora de la Oficina de Asistencia Generacional y Personas Mayores del Gobierno Autónomo Municipal de Tarija, explica la institución mantiene contacto con los hogares de larga estadía.
“En este caso existen dos debidamente acreditados en Tarija: uno en Bermejo y otro que es el hogar Teresa de Jornet, que es con el que se tiene mayor contacto”.
Sin embargo, aclaró que quienes fiscalizan el funcionamiento y el manejo de estos hogares es el Gobierno Autónomo Departamental. Por ello, es el SEDEGES el responsable de poder hacer seguimiento a estos centros.
Este testimonio revela una realidad institucional fragmentada, donde la atención a los adultos mayores depende de la articulación entre distintas instancias, no siempre claramente comprendidas por la población.
No obstante, la asesora dejó ver una preocupación que va más allá de lo legal: …la necesidad del adulto mayor es pedir compañía, respeto…”, expresó Fernández, evidenciando que la principal carencia no es solo material, sino profundamente emocional.
En ese momento, su tono se volvió más sensible, como si cada palabra intentara visibilizar una realidad cotidiana marcada por la desatención familiar, donde el abandono no siempre es físico, pero sí afectivo.
Sobre las acciones que se toman ante casos de riesgo, describió un proceso que inicia con la localización de familiares. “En caso de corroborar que no existen hijos o certificado de filiación para ver quiénes son sus hermanos/as, entonces procedemos a la búsqueda. Y cuando son personas que se han extraviado, hacemos una publicación en nuestra página de Facebook”.
También destacó: “Cuando nos indican vecinos o cualquier ciudadano que un adulto mayor no está viviendo en buenas condiciones, se procede a hacer la intervención con todo el equipo multidisciplinario”.
La intervención conjunta de profesionales que buscan no solo resolver la situación inmediata, sino comprender el estado integral del adulto mayor, marca la diferencia. Aun así, se visibiliza una limitante importante: muchas veces, la voluntad del propio adulto mayor condiciona la intervención, lo que evidencia la complejidad de actuar sin vulnerar su autonomía.
Los vacíos afectivos y legales
El artículo Presupuesto para asilo de ancianos de Tarija queda en manos de un proyecto de ley, publicado por Verdad con Tinta el 26 de marzo de 2025, expone una situación crítica que atraviesa el Hogar Santa Teresa Jornet, donde la falta de recursos limita la atención adecuada de sus residentes.
El presupuesto asignado resulta “absolutamente insuficiente” para cubrir las necesidades básicas de más de 90 adultos mayores, lo que refleja una problemática administrativa. A ello se suma la ausencia de apoyo de la Gobernación en servicios básicos e insumos, evidenciando la urgencia de una respuesta estatal más comprometida.
Si esta realidad te conmovió, actúa: visita el Hogar, ofrece tu tiempo como voluntario, dona medicamentos, pañales o alimentos no perecederos y comparte esta historia para visibilizar la necesidad de más apoyo. Exige, acompaña con gestos y recuerda que la mayor ayuda muchas veces es la compañía: una llamada, una tarde de conversación o una sonrisa pueden transformar la soledad en alegría.








