World Winery Map registra 71 bodegas bolivianas: ¿qué cuenta realmente?
La plataforma reúne fichas de cuatro zonas productoras, pero su cifra no es un censo oficial. Su fundador dice haberla financiado con recursos propios y ofrece visibilidad digital, análisis y posicionamiento comercial.
Bolivia aparece con 71 bodegas en World Winery Map, una plataforma digital que reúne 103.795 establecimientos vitivinícolas de 97 países y 4.307.699 parcelas de viñedos. El registro nacional comprende cuatro zonas productoras: Samaipata, Cochabamba, Los Cintis y el Valle Central de Tarija. Presentado oficialmente el 27 de octubre de 2026, el proyecto va más allá de un directorio combinando cartografía, información territorial, características de los viñedos y herramientas comerciales para conectar a bodegas, profesionales y visitantes.
Al seleccionar una bodega, el mapa despliega una ficha con nombre, dirección, ubicación, distancia al viñedo más próximo e indicaciones para llegar. En Bodega Daroca, en Tarija, esa distancia es de 4,2 kilómetros. Las fichas tienen tres niveles: el punto gris corresponde a una bodega incorporada, pero no reclamada; el azul, a una que confirmó su información y completó su perfil gratuito; el dorado, a las que contrataron el servicio comercial Terroir Pro.
La distinción importa. La marca Verified acredita que el establecimiento reclamó su ficha, no que tenga una certificación de calidad, una denominación de origen o un reconocimiento enológico. Las etiquetas de valoración son indicadores de la plataforma, no premios oficiales.
Setenta y un fichas no equivalen a un censo nacional
El registro de World Winery Map muestra 71 bodegas activas en las cuatro regiones mencionadas, pero no son todas las del país. Los registros oficiales bolivianos manejan cifras distintas. La Caracterización del Desarrollo Productivo del Departamento de Tarija (Ministerio de Desarrollo Productivo, 2023) señala que Bolivia tenía 74 bodegas, 41 de ellas en Tarija, según el Catastro Fase II y III. Además, el 15 de abril de 2026, Efraín Rivera, secretario de Desarrollo Productivo de la Gobernación de Tarija, informó que el departamento tenía 54 bodegas registradas, doce de ellas grandes, con una capacidad instalada de 25 millones de litros y una producción efectiva de unos 9,5 millones.
Las diferencias no son necesariamente errores, ya que responden a años, metodologías y categorías distintas. Algunos registros cuentan bodegas y destilerías por separado, y hay empresas que elaboran tanto vino como singani. El Censo de Bodegas y Destilerías de los Valles de Tarija y Los Cintis (2009, con datos de 2008) identificó 72 empresas: 36 solo vino, ocho solo destilación y 28 ambos productos.
Las 71 fichas son, entonces, un punto de partida y no una fotografía estadística definitiva.
El territorio como dato
La plataforma permite consultar altitud, pendiente, orientación de las parcelas, exposición solar, precipitaciones y temperaturas durante el ciclo de la vid, además de indicadores de suelo. Usa el modelo de elevación Copernicus GLO-30, el clima se calcula con CHELSA y la textura y el pH del suelo se estiman con SoilGrids, a 250 metros de resolución.
Es útil para comparar zonas y explorar la influencia del clima, pero con la salvedad técnica de no contar con análisis de laboratorio por parcela ni mediciones meteorológicas en cada viñedo, sino estimaciones y modelos espaciales que deben complementarse con datos de campo antes de decidir en lo agronómico. La plataforma reconoce que combina registros oficiales, fuentes regionales, cartografía colaborativa y observación satelital. De sus 49 fuentes de parcelas, 32 son estatales, pero ninguna se identifica como catastro oficial boliviano de viñedos. Sus condiciones de uso, además, no garantizan la integridad ni la exactitud de los datos.
Una industria con medallas y mercados por ganar
La inclusión llega cuando crece la visibilidad internacional del vino boliviano. En 2024 obtuvo 73 medallas en seis concursos (14 de Gran Oro, 36 de Oro y 23 de Plata), según el IBCE. En 2025 sumó 18 distinciones en el Bacchus de Madrid, y en Bacchus 2026 logró seis, entre ellas para Casa Solum (Tannat Reserva 2023), Hacienda Virreinal La Compañía Baja (Alma Oculta Naranjo 2024) y Bodega Dolz (Malbec 2023).
El desafío comercial sigue siendo grande. Según Cancillería, en 2024 las exportaciones de vino, incluido el espumoso, sumaron 113.699 dólares y llegaron a ocho países, con Francia concentrando el 30%, Estados Unidos el 28%, Bélgica el 15%, Alemania el 9% y España el 8%. El singani vendió 183.527 dólares en siete mercados. Entre enero y mayo de 2025, el vino exportado a China sumó 6.948 dólares y el singani, 62.696 dólares, con India, China y Argentina entre sus destinos.
Tarija concentra buena parte de la actividad, pues según la Gobernación, la cadena de uva, vino y singani sostiene a unas 5.000 familias, genera unos 15.000 empleos directos e indirectos y mueve alrededor de 120 millones de dólares anuales, sin contar el turismo. Para bodegas pequeñas o alejadas de los circuitos comerciales, aparecer en un directorio internacional puede ser una primera puerta hacia visitantes, importadores y aficionados.
Quién está detrás y cómo se financia
El proyecto es una iniciativa privada de Matija Gavrilović, empresario radicado en Umag, Croacia, con cerca de dos décadas en marketing, relaciones públicas y consultoría. En una entrevista publicada el 18 de octubre de 2026 por Financije.hr, contó que la idea surgió en junio, durante el Global Tech Weekend de Tiflis, al visitar una propiedad vitivinícola y no encontrar una herramienta global que comparase rápidamente altitud, pendiente y clima de los viñedos. Con un equipo reducido, desarrolló la primera versión en unos tres meses.
La empresa responsable es M.G. Solutions d.o.o., registrada en Croacia. Contó con el asesoramiento de Tomo Jakopović (Vinski Klub), un equipo tecnológico externo y la agencia Chez Sylvie Media. Gavrilović asegura que el proyecto se sostiene íntegramente con recursos propios, sobre todo en horas de trabajo y desarrollo, y no identificó inversionistas ni patrocinadores institucionales. Su modelo de negocio se apoya en perfiles premium, analítica y acceso a datos por API para grandes productores, y alianzas con proveedores de insumos y equipamiento.
¿Qué ganan las bodegas y por qué pagarían?
Aparecer en el mapa es gratis. Cada bodega puede reclamar su ficha, corregir su ubicación, añadir logotipo y una fotografía, publicar horarios, describir su actividad, indicar variedades y conectar sus viñedos con su dirección.
Terroir Pro cuesta 139 euros anuales hasta el 31 de diciembre de 2026 y 249 euros desde el 1 de enero de 2027. Incluye un punto dorado visible a escala de país, descripción de hasta 200 palabras, contactos y redes con enlaces directos, galería de doce fotos y un video, hasta cinco premios, cinco enlaces y tres vinos destacados con vínculo a tiendas, una historia publicada en el espacio editorial y un informe territorial de sus viñedos.
Pagar, sin embargo, no equivale a comprar clientes ni posicionamiento garantizado. La plataforma no publica cifras auditadas de visitas, consultas, reservas o ventas, ni se sabe cuánto tráfico internacional recibe una bodega boliviana. Para un establecimiento con pocos recursos digitales, la ficha gratuita ya cumple; para uno activo en turismo, exportación o venta directa, el perfil premium puede ser una vitrina adicional, siempre que se traduzca en contactos comprobables.
World Winery Map abre así una oportunidad para mostrar la diversidad vitivinícola boliviana. El desafío será que las bodegas aprovechen esa visibilidad, que los datos se mantengan actualizados y que el mapa demuestre ser una herramienta real para conectar producción, turismo y mercados, y no solo una atractiva representación digital.





