María Jesús Nuevo: “Tarija ya es destino, ahora debe proteger lo que tiene”
La experta extremeña cerró diez días de recorridos por cuatro municipios con una rueda de negocios en Los Sarmientos y un diagnóstico franco que mezcla elogio, advertencias y exigencias.
En un salón lleno, mientras en el patio se sostenían stands de queso, bordados, vino y singani, María Jesús Nuevo hizo algo poco habitual en una experta que llega de fuera. Dijo que el valle ya es un destino y, enseguida, cambió la pregunta. “No es qué queremos mostrar, sino qué queremos proteger”, planteó el 24 de septiembre ante autoridades, operadores y emprendedores reunidos en el restaurante Los Sarmientos.
La geriatra extremeña, voluntaria experta del Fondo Extremeño Local de Cooperación al Desarrollo (FELCODE), cerraba diez días de recorridos por Cercado, San Lorenzo, Uriondo y Padcaya. Lo que dejó fue menos un catálogo de atractivos que un espejo.
La jornada fue la rueda de negocios de Valles de Encanto, proyecto que Esperanza Bolivia impulsa junto a la alcaldía, la gobernación y FELCODE dentro de su programa de desarrollo económico local con protagonismo juvenil y equidad de género, financiado por la Unión Europea desde fines de 2023. Más de trece emprendimientos —de la bodega artesanal Doña Chela a Queso Las Abras, de Padcaya, y la finca ecológica Don Fernando, de Canasmoro— se presentaron ante agencias de viajes, operadores y organizadores de eventos.
La meta, explicó Isabel Pizarro, responsable de emprendedurismo de la ONG, es mover la economía del valle más allá de la Ruta del Vino, ya consolidada. Adrián Daroca, anfitrión, lo resumió como una vitrina de propuestas —trekking, kayak, artesanía, quesos, embutidos— para que los operadores las incluyan en sus rutas.
El diagnóstico de Nuevo arranca donde otros consultores suelen terminar: la gente. Tarija, sostuvo, es su hospitalidad —contó que el gerente de su hotel fue a recogerla al aeropuerto— y su autenticidad. “No tienen que cambiar nada”, dijo. Pero esa materia prima está dispersa. “El territorio no está vacío: falta conectarlo”, decía una de sus diapositivas. El visitante, añadió, no distingue límites administrativos; recuerda experiencias, personas y emociones. De ahí que pidiera dejar de “mirarse el ombligo”, combinar alojamiento, producto y operador entre municipios, y diseñar experiencias de medio día o día completo.
También cambió la vara de medir. “Más turistas no siempre significa más desarrollo”, proyectó. Puso como ejemplo Chaguaya: entre 40.000 y 45.000 visitantes en un mes, unos 10.000 cada fin de semana. ¿Dónde duermen, comen, compran?, preguntó. Según dijo, muchos puestos ambulantes del santuario vienen de otros lugares y pagan apenas dos o tres bolivianos al día. “¿Por qué permiten que se lleven la plata que es de ustedes?”, les espetó.
Dos advertencias subieron el tono. La primera, Rujero, en Uriondo, a la que bautizó “la Pompeya de Tarija”: un yacimiento paleontológico que, afirmó, está al descubierto y expuesto al expolio. Pidió declararlo, protegerlo y señalizarlo antes de promocionarlo masivamente, con comunidades como custodias. Llevarse las piezas a un museo le quitaría sentido: “Para entender Rujero, hay que estar en Rujero”.
La segunda, el Observatorio Astronómico Nacional de Santa Ana, a unos 15 kilómetros de la ciudad. Recibe cerca de 10.000 visitantes al año, una cifra que, según ella, no sostiene su operación con las tarifas actuales. Guía astronómica de la Fundación Starlight, criticó con dureza las luces de dos canchas que, vistas desde el telescopio, arruinan el cielo, y propuso una ordenanza de iluminación responsable. Daniel López, secretario municipal de Turismo, apuntó que en cinco años llevaron 10.000 estudiantes al observatorio, mientras la ciudad avanza y la visibilidad se reduce.
Para ilustrar el riesgo contó una historia de su tierra. En Extremadura, a cuatro kilómetros de Robledillo de Gata —una aldea de algunos centenares de habitantes que hoy tiene unos 18 alojamientos rurales—, hubo un pueblo que en 1982 tuvo la mayor renta per cápita de España gracias a la resina del pino. Con el dinero cambió el adobe por el material de moda. Hoy, relató, se muere, y lo único abierto es la farmacia. Robledillo, aislado y pobre, conservó su arquitectura y vive del turismo. Los tarijeños, comparó, son como un pez recién sacado del agua, pero “todavía tienen la solución en sus manos”.
Nuevo llegó al turismo desde la geriatría y lleva más de tres décadas en el turismo rural comunitario. Dice venir de un pueblo extremeño de pocos habitantes que pasó de un alojamiento a 14, con dos más en camino. La entrevista luego del evento fue intermitente, porque todos venían a abrazarla, a agradecerle. “¿Ves? Esto es lo bonito, esto es lo que importa”. Su tono con los anfitriones fue tan franco como afectuoso. “La rueda de negocios no debe terminar con tarjetas, debe empezar con alianzas”, repitió, y reprochó que los emprendedores esperen todo de lo público. Ante una pregunta sobre la competencia entre operadores, fue tajante: no hay que competir; un turista puede dormir en un hotel y vivir una noche en un alojamiento rural.
Desde la sala llegaron otras urgencias. Jesús Romero, del Valle de la Concepción, denunció controles policiales en caminos de Uriondo, Padcaya y su valle donde, dijo, se cobra a los transportistas, y pidió circulación sin trancas. Álvaro Muñoz alertó sobre urbanizaciones levantadas por empresas de otros departamentos, con materiales ajenos al adobe, y sobre el agua, sin la cual, advirtió, no hay turismo. Nuevo respondió que todos, públicos y privados, son “custodios”. López pidió a los municipios dejar de verse como rivales, porque “hay mercado para todos”, y el vicegobernador Gonzalo Ávila anunció un decreto de reducción de emisiones de carbono y un paquete de leyes con un fondo departamental de conservación.
La pregunta que flota sobre toda misión de este tipo es, “¿y después?”. Tarija ha visto pasar diagnósticos que terminaron en un estante. Pizarro dijo que, desde la consultoría del año pasado, prestadores que recibían una o dos visitas semanales en temporada las duplicaron o triplicaron, sin precisar datos económicos. El proyecto cierra a fin de año con un informe de logros, los diagnósticos serán documentos públicos, y en noviembre habrá un curso virtual gratuito, dictado por un sumiller español, para todas las bodegas. Como las visitas de expertos son cortas, admitió, el seguimiento “nos toca a nosotros”.
Nuevo no prometió resultados. Reconoció que los gobernantes cambian y que lo avanzado por uno puede frenarlo otro; apostó por “la fuerza de la gente”. “Yo no vengo aquí con una fórmula”, dijo. “Es amar lo que haces.” Su deseo, en cambio, es ver al Valle Central en el stand de Bolivia en FITUR, en Madrid, dentro de uno o dos años. Esa será la medición que importa. No los diagnósticos, sino cuántas de las tarjetas intercambiadas en Los Sarmientos terminan convertidas en paquetes vendidos.








