La luz alrededor del Observatorio de Tarija se multiplicó por 2,5 en 11 años
Mientras la ciudad se expande hacia el campo, la órbita recibe diez satélites nuevos por día. El cielo de Santa Ana enfrenta contaminación lumínica y una nueva presión orbital sobre Tarija que ya preocupa a la astronomía mundial.
Entre 2014 y 2025, la luz nocturna medida por satélite en un radio de cinco kilómetros del Observatorio Astronómico Nacional (OAN), en Santa Ana La Cabaña, creció 147%. La superficie iluminada dentro de ese círculo se multiplicó entre cuatro y cinco veces, según el umbral de luz que se use para contarla.
El análisis, realizado para esta nota con imágenes nocturnas del sensor VIIRS (NOAA/NASA), muestra que el centro de Tarija, a unos 15 kilómetros del OAN, aumentó apenas 29% en radiancia en el mismo período, y su área iluminada casi no cambió. Es la periferia la que se enciende: en un radio de 25 kilómetros alrededor de la ciudad, el área iluminada creció entre 56% y 177%, según el umbral.
El ritmo en torno al OAN, 8,6% anual en radiancia, supera varias veces el aumento mundial de luz en superficie que miden los satélites, cercano al 2% anual. Pero los satélites subestiman el problema, pues una investigación publicada en ScienceDaily en 2023 estimó que el brillo del cielo aumenta 9,6% por año. Según el atlas mundial más citado, cerca del 83% de la población del planeta vive ya bajo cielos contaminados por luz.
Santa Ana todavía conserva un cielo oscuro. Pero la tendencia importa porque ese cielo es un recurso científico. El OAN fue inaugurado el 14 de abril de 1984 como proyecto boliviano-soviético, y atiende al público lunes, martes, jueves y viernes de 19:00 a 22:00.
La presión desde la órbita
Sobre ese mismo cielo, la actividad espacial se acelera. En 2025 hubo 324 intentos de lanzamiento orbital en el mundo, un récord. La Agencia Espacial Europea (ESA) contabilizó más de 4.000 nuevas cargas útiles puestas en órbita, unas diez por día.
La ESA registra hoy unos 47.070 objetos rastreados, cerca de 18.840 satélites en el espacio y unos 15.900 funcionando. El resto es chatarra, y es solo la parte visible. La agencia estima más de 1,2 millones de fragmentos mayores a un centímetro, y los modelos calculan unos 140 millones más pequeños.
El informe 2026 de la ESA advierte que, aun sin nuevos lanzamientos, la población de objetos seguiría creciendo, porque las colisiones generan más fragmentos de los que la atmósfera elimina. El índice con que la agencia mide la salud del entorno orbital pasó de cerca de 4 a 50 en un año.
Hay quienes dicen que esto producirá un anillo como el de Saturno, incluso visible desde la Tierra. Pero los especialistas hablan del síndrome de Kessler, que son nubes de escombros que podrían volver inutilizables ciertas órbitas.
Bolivia tiene su propio satélite, el Túpac Katari, lanzado en diciembre de 2013 con una vida útil de diseño de 15 años. Todavía está pendiente saber la posición de la Agencia Boliviana Espacial sobre qué hará el país al final de esa vida útil, en 2028.
También falta medir el brillo real del cielo en Santa Ana. El cielo no es solamente un paisaje turístico, es también infraestructura científica. Un medidor de calidad del cielo en el observatorio y otro en la ciudad costaría poco y nos diría cuánto del cielo de Tarija se ha perdido ya.

Metodología: radiancia media mensual VIIRS-DNB (mediana anual, 2014-2025), en anillos de 5, 10 y 15 km alrededor del observatorio y de 5 y 25 km alrededor del centro de Tarija. “Área iluminada” = superficie con radiancia mayor a un umbral (0,5, 1 y 2 nW/cm²/sr; píxeles de ~500 m); la tendencia se mantiene con los tres. El sensor mide luz hacia el espacio, no brillo del cielo, y detecta poco la luz LED azul, por lo que puede subestimar el efecto.








