Chapaco Kamikaze estrenó “Alejandra”, reggae fusión con alma de valle
Sergio Alejandro Araoz presenta el séptimo tema de su álbum Made in Tarija, una historia de amor filmada en el Valle de la Concepción, entre yoga, vino y un río cómplice.
“Alejandra” es una canción que se estrenó dos veces. El autor, Sergio Alejandro Araoz, la compuso en 2018 para “una amiga entrañable”. Años después, el tema encontró su sitio en el calendario de las novedades de la escena musical chapaca.
La grabación se retrasó por la batería del tema, hasta cristalizar recién en junio de 2026 como el séptimo corte de Made in Tarija, el disco con el que Araoz —alma solitaria detrás de Chapaco Kamikaze, proyecto que desde 2016 mezcla rock, folclore y crónica social tarijeña— sigue documentando su tierra a punta de voz, guitarra, bajo, y todo lo que sume.
Musicalmente, “Alejandra” es un reggae fusión que carga una pátina de rock, que no llega a imponerse porque manda más el groove que la distorsión, y que respira cuando entra en acción el saxofón del argentino Luca. Es la incursión más urbana de Chapaco Kamikaze, según palabras del propio compositor.
El videoclip, grabado en el hospedaje Valle Divino y en el río Camacho, es un experimento de dos capas: por un lado, la banda tocando en un boliche; por el otro, una recreación libre de un encuentro real —una clase de música-terapia, una salida al valle— con Vanessa Alejandra Martínez y el propio Araoz, disfrazado de bajista rastafari, como protagonistas. La pantalla dividida es un recurso arriesgado, pues obliga a elegir entre mirar la historia o la banda, y por momentos ambas compiten por el mismo aliento visual. No es una producción impecable —el barro de utilería lo delata—, pero sostiene la honestidad de una escena local que graba con lo que tiene y con quienes quiere.
Detrás de la música y el video, Leonardo Campos Miranda en la producción, Luis Martínez en guitarra, Claudia Andrade en coros, y la cámara de Giovanny Espíndola. Delante, la Tarija que rara vez sale en cadena nacional pero que insiste en su cultura alternativa.
“Alejandra” no va a reinventar el reggae latinoamericano. Pretende, con más ternura que ambición, que cualquier Alejandra del mundo se reconozca en sus versos.
Dale, Ale. Vale la pena escucharla.





