Pura Cepa | La Contra
“La Eternidad” surge de las llagas de Lengua Negra
Con siete años de podredumbre filosófica encima, la banda tarijeña entrega su disco más maduro: un ritual de trítonos, delay infinito y cuerpos que aprenden a morir para seguir amando.
Lengua Negra llegó al mundo en 2019 con SARCOMA como si ya hubiera pasado por toda la putrefacción, el desprecio, la jaula del cuerpo humano. Su debut era una declaración de principios críticos carnales —“hazte con brazos fuertes para construirte una jaula”— donde el heavy metal no era un género musical sino una autopsia.
Black Sabbath cruzado con Pink Floyd para dar luz a un cuerpo que carga en las venas una sangre efervescente de fuzz y delay, un bajo que golpea órganos en formol, una batería precisa que marca el pulso de algo que no termina de morir jamás.
Desde ahí, la banda que conforman Antonio Aldana, Juan Martínez y el compositor y alma lírica Damián Guerra no ha hecho más que profundizar la herida.
EN VIVO EN DM dejó registro del arrastre en bruto. TODAS LAS MISERIAS abrió la puerta hacia una dimensión más contemplativa y literaria, incorporando el saxofón y la voz del poeta maldito Leopoldo María Panero —cuyo poema El loco fue vestido de ruido bajo el título Anorexiatarsis—, fundiendo enfermedad y catarsis en una sola palabra. REMISIÓN cerró el ciclo vivo de SARCOMA y dejó dos nuevas canciones que olían a después, a sepulcro abierto, a algo que viene.
Es LA ETERNIDAD.
Grabado en 2025 y publicado en 2026, el nuevo disco de Lengua Negra es su obra más ambiciosa y, al mismo tiempo, la más íntima. Tratas de sanar abre el disco llevando los trítonos a la médula, pero la revelación llega con la canción que da nombre al disco: solo, guitarra acústica, delay, voz que se tuerce en un relato disonante, diabólico en el sentido más honesto, para caer en el silencio del universo que borra todas las muecas. Un trovador errante, perdido en la eternidad. Lengua Negra nunca había estado tan desnuda ni sonado tan enorme.
Me parezco a tu Dios sorprende con un compás de 6/4 que sostiene un blues blasfemo hasta romperse en peso puro con una letra de amor en una cripta de cristal, con cuerpos como ofrendas, cerrando con una verdad que dejamos aquí, en fragmentos, para que todos los predicadores la copien y la aprendan a guiar a sus pueblos: “Ese ser rojo (…) no existe, no hay. Eso se les ha enseñado dentro de la catequesis para difundir miedo… El Diablo son las decisiones que tomamos que no cumplen la voluntad de Dios”.
Bulimiagnosis crea un díptico con Anorexiatarsis, esta vez con Francisco Umbral como interlocutor poético, y con una música que es, según Guerra, una fijación casi masturbatoria con el sufrimiento —traído desde adentro, desde la familia, desde la feminidad y el cuerpo como castigo, como redención posible.
Mausoleo cierra el disco con barro en las llagas, uñas y dientes guardados en una caja de porcelana, y ella afuera, esperando que todo esto haya valido algo. Es que el amor es un viacrucis. A veces somos el crucificado. A veces somos quien mira y espera su resurrección.
Siete años después de su primera autopsia, Lengua Negra sigue planteando preguntas perfectas, amasadas como canciones, afiladas, reverberando en el delay infinito de todo lo que somos y no podemos dejar de ser.
Escucha LA ETERNIDAD, o seguirás pensando que eres feliz.








