Pura Cepa | La Contra
Desde los márgenes: la filosofía tarijeña ante la era digital
Porque lo dice la UNESCO desde 2005, cada tercer jueves de noviembre celebramos el Día Mundial de la Filosofía. A 20 años de la efeméride, vale preguntarse qué puede enseñar el pensamiento tarijeño a una humanidad que ya confunde likes con verdades.
La filosofía tarijeña nunca brotó de cátedras. Emergió de la tierra, del vino que fermenta, de la lengua popular que preserva sabidurías ancestrales. Octavio Campero Echazú anticipaba transformaciones sociales en 1920 desde los valles; Víctor Varas Reyes demostró en 1960 que el lenguaje popular no es corrupción sino filosofía encarnada; Jesús Urzagasti advirtió que las palabras en boca de todos “no son llaves de nada”, mientras las palabras en desuso abren mundos clausurados.
¿No describe esto perfectamente nuestra era viral? La posverdad ha sustituido a la verdad entendida en términos objetivos con el auge de las redes sociales. Términos de moda circulan sin abrir puerta alguna hacia el pensamiento. La respuesta tarijeña no es despreciar la emoción sino anclarla en la experiencia vivida, comunitaria, enraizada.
Óscar Alfaro comprendió que la filosofía debe enseñar crítica social incluso a los niños. Hoy, cuando los adolescentes se forman en TikTok, el antro de la charlatanería no comprobable que ayuda a disimular la ignorancia, recuperar la pedagogía crítica ya es urgencia civilizatoria.
La identidad tarijeña es fronteriza: entre lo indígena y lo colonial, lo rural y lo urbano, la periferia y el centro. Esta condición no es deficiencia sino virtud epistemológica. Quien habita la frontera ve lo que los “puros” no pueden ver.
Las redes sociales han desactivado en gran medida la función mediadora de la prensa, pero la filosofía no es posesión individual sino construcción colectiva. Nuestra cosmovisión late bajo la producción intelectual de este pago, ofreciendo relacionalidad sobre sustancialidad, reciprocidad sobre acumulación, Vivir Bien sobre exhibición viral.
La filosofía transforma a las sociedades que la practican a diario. En Tarija, pensamos con poesía, filosofamos con lengua popular, y mantenemos unido el pensamiento y la vida con un modelo viable para quien viene a esta tierra a buscar autenticidad en tiempos de simulacro.
Pero el desafío para esta era es habitar también la tecnología con pensamiento crítico. Campero Echazú enseñaba que el pensar genuino surge de la resistencia, no de la acomodación. Siguiendo a Urzagasti, las palabras deben abrirnos el mundo, no cerrarlo.
Tarija, desde su marginalidad reflexiva, sabe que no hay atajos al pensamiento. La viralidad seduce, la posverdad consuela, el algoritmo facilita. Pero la filosofía exige lentitud, duda, diálogo, enraizamiento comunitario. Cadencia chapaca.
Antes de compartir tu próximo viral post, pregúntate si abre mundos o los clausura, si hay continuidad entre palabra y acto, si esa verdad brota de tu experiencia o de tu cámara de eco digital. Nuestra filosofía no ofrece trending topics. Apenas es un pensamiento desde la tierra, la comunidad, y la honestidad. Y en estos tiempos, no hay nada más revolucionario.








