Tarija consolida cinco años celebrando el Día Mundial de la Guitarra
Gabriel Torres Gorena, medallista de plata en la Olimpiada de Guitarra en Grecia y organizador del evento en Bolivia, reflexiona sobre cómo Tarija se convirtió en el único lugar del país que mantiene viva esta celebración.
En una Basílica de San Francisco colmada de público, la guitarra tarijeña celebró su quinto aniversario consecutivo del Día Mundial de la Guitarra, convirtiéndose en el único lugar de Bolivia donde esta celebración se mantiene con vida. Lo que comenzó en 2021 como una iniciativa global coordinada por el maestro griego Yorgos Foudoulis, encontró en Tarija, y particularmente en Gabriel Torres Gorena, un terreno fértil para echar raíces profundas.
“Me comuniqué con el director de la organización mundial, envié mi reseña artística y los videos, y fue a partir de eso que surgió este vínculo”, recuerda Torres, quien ese mismo año comenzó a trabajar en el Instituto de Formación Artística “Mario Estenssoro”. La cantidad de estudiantes de guitarra en el instituto permitió dar estructura inmediata a una celebración que, cinco años después, se ha consolidado como un hito en el calendario cultural tarijeño.
Mientras en La Paz y Cochabamba las celebraciones se extinguieron, Tarija mantuvo la llama encendida. “Estamos en la resistencia de tener nuestro instrumento en valor, en vigencia, y manteniendo esa constancia que es bien necesaria”, explica Torres con una mezcla de orgullo y determinación. Hay estudiantes que han tocado en los cinco conciertos, acumulando experiencias en el Teatro de la Cultura, el Auditorio del Patio del Cabildo, el de la Casa de la Cultura, la Capilla de La Loma de San Juan y ahora la Basílica San Francisco.
Este año, se elevó el nivel artístico con la participación de la Orquesta del Instituto de Formación Artística “Orquesta Juvenil Tarija”, bajo la dirección del profesor Ramiro Miranda. “Es algo muy bueno porque ya la guitarra no solo se presenta en formato solista o de música de cámara, sino también con orquestas de cuerdas”, señala Torres, destacando cómo esta colaboración abre un espacio para nuevas obras del repertorio guitarrístico.
El programa musical llevó al público desde lo universal hasta lo local. La primera parte presentó el virtuoso Concierto N°3 de Mozart y obras de compositores ingleses y norteamericanos, preparando el ambiente para la segunda parte, donde brilló el ensamble del “Mario Estenssoro” con el “Adagio” de Marcello, una pieza que aprovechó las bondades acústicas de la Basílica, y el talento de Flavia Luján Salces, ganadora del tercer premio en categoría juvenil del Concurso Nacional de Guitarra (ahora denominado “Fernando Ardúz”), quien participó como solista.
“Ha sido muy grato que chicos que están estudiando con mucho ahínco en otras partes del país vuelvan a Tarija a presentar su trabajo. Eso motiva a los nuestros”, reflexiona Torres sobre la conexión entre el concurso y la celebración.
El cierre con las “Tonadas de Alabanza a Dios” de Fernando Ardúz fue un homenaje al patrimonio musical tarijeño. “Es un concierto de alta dificultad técnica, similar al de Castelnuovo-Tedesco”, explica Torres, quien ve en esta obra maestra la fusión perfecta entre virtuosismo académico y raíz popular. “Lo maravilloso es cómo el profe Fernando llevó a ese nivel de sofisticación algo tan sencillo como una tonada cantada en el campo”.
Gracias al acompañamiento de la Orquesta Juvenil Tarija y su director Ramiro Miranda, tanto Flavia Salces como el mismo Torres se lucieron en interpretaciones orquestales que marcan un nuevo estándar para futuras ediciones.
El secreto de la continuidad en este primer lustro, admite Torres, está en la estructura institucional del IFA, los vínculos con espacios culturales y, sobre todo, en ver cómo los estudiantes desarrollan “la disposición del músico que tiene actividad frecuente”. Mientras otras ciudades perdieron el impulso, Tarija construyó un modelo sostenible basado en la formación constante y la colaboración interinstitucional.
“En un futuro podemos hacer festivales con más días, traer músicos de otros lados, dar charlas, conferencias”, proyecta Torres. Pero por ahora, con las limitaciones existentes, Tarija hace todo para mantener viva una celebración mundial, cultivar nuevos talentos y defender un instrumento que, en manos tarijeñas, se resiste al olvido.





