Aneurisma Cartonera: seis voces contra el letargo literario de Tarija
Isabel Antelo y Gabriela Alfred lideran un equipo que rescata la tradición cartonera boliviana y lanza un concurso que honra a María Virginia Estenssoro, la escritora vanguardista silenciada por el escándalo
La literatura tarijeña acaba de recibir un golpe de adrenalina. Isabel Antelo Romero, ganadora del premio Franz Tamayo 2020, y Gabriela Alfred Arnold son las primeras autoras publicadas por Aneurisma Cartonera, una editorial independiente que nace como respuesta al estancamiento cultural de Tarija y como resistencia a la estandarización que impone la inteligencia artificial en el arte.
El proyecto reúne a cinco personas: Antelo, ingeniera ambiental que ejerce como editora y creadora de textos; Alfred, licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa, responsable de la curaduría; Víctor Manuel Oliva, director de La Sonrisa de Pandora, quien “practica una forma artesanal de insurgencia poética”; Daniela Rodríguez Cuevas, comunicadora y gestora cultural que coordina y acompaña los procesos creativos; y Damián Guerra, artista visual cuyas figuras “surgen en trance, entre lo humano y lo bestial”, encargado de convertir las palabras en imágenes palpitantes.
“Aneurisma quiere decir estallido, reventar algo”, explica Antelo. “Lo hemos imaginado como ser ese aneurisma del cerebro artificial que últimamente está queriendo ocupar todo. Volver a lo humano, al alma humana que nosotros queremos recuperar”.
El colectivo se suma al movimiento de editoriales cartoneras que desde 2003 recorre Latinoamérica. En Bolivia ya existen experiencias como Yerba Mala Cartonera en El Alto y Mandrágora Cartonera en Cochabamba, pero Tarija permanecía al margen de esta corriente de producción artesanal. “Queremos replicar esta hermosa cultura en nuestro sur”, señalan en su manifiesto, “en Tarija, tierra de poetas y bohemios, pero donde las nuevas propuestas literarias apenas subsisten al margen de la tradición, del canon”.
“Cuando hablamos de literatura en Tarija, hablamos de nombres de hace 30 o 40 años”, afirma Alfred. “No se siente un refrescar. Podemos escuchar ahora autores cruceños, paceños, jóvenes que están escribiendo actualmente, y no es el caso con Tarija”. Ambas escritoras señalan un adormecimiento generalizado donde los canales de publicación están cerrados y la dependencia institucional limita la libertad creativa.
La propuesta rechaza explícitamente los apoyos gubernamentales. “Precisamente al ser una editorial independiente no tenemos que rendir cuentas a nadie”, sostiene Alfred. “No queremos depender de ese apoyo, sino ser libres de escoger el tema de nuestro concurso, que sea lo que nosotros queramos”.
Y ese primer concurso lleva el nombre de María Virginia Estenssoro, la sexta voz de Aneurisma Cartonera, la escritora vanguardista boliviana nacida en La Paz en 1902 que vivió su adolescencia en Tarija. Su único libro publicado en vida, “El occiso” (1937), causó tal escándalo por tratar el amor fuera del matrimonio y el aborto voluntario que Estenssoro decidió no volver a publicar. Murió en 1970 en São Paulo, silenciada por la sociedad conservadora de su época. Fueron sus hijos quienes rescataron póstumamente su obra.
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“Me gustaría mucho ver que nos abramos a ese espacio, muchas mujeres publicando desde muchos puntos, explorando nuevas formas de escritura”, expresa Antelo. El concurso no tiene límite de edad ni restricciones temáticas. Las fundadoras esperan ver en Tarija la exploración del gótico andino, la ciencia ficción, el terror basado en leyendas locales y la literatura experimental.
El modelo es circular: vender los libros cartoneros, con tapas de Damián Guerra, para recuperar la inversión y seguir publicando. “Nuestro objetivo no es lucrar, es difundir la cultura”, aclara Antelo. “Nos han escrito muchas personas que no me imaginaba diciendo ‘tengo cuento, tengo poema, tengo una novela, será que lo pueden leer’”.
“En un mundo donde cada vez dominan más los bots, creando cosas muertas para muertos en vida”, afirma el manifiesto de Aneurisma, “venimos a reivindicar la creatividad humana. Somos el aneurisma del cerebro artificial que quiere dominarnos, venimos para crear fallas en el sistema”.
“Cuando una editorial se crea en una ciudad, esta adquiere otra cara incluso ante el resto del país”, reflexiona Alfred, y lanza una convocatoria: “Hagamos de Tarija un epicentro cultural”.
Tarija, históricamente desconectada del eje paceño-cruceño, acaba de ganar un espacio propio de insurgencia literaria, y el concurso-homenaje a María Virginia Estenssoro es una promesa de que las voces silenciadas encontrarán aquí su explosión.





