Tarija, gestión cultural y patrimonio paleontológico, según David Aruquipa
Queremos impulsar la economía con turismo. Pero, ¿qué estamos ofreciendo?



En esta entrevista exclusiva de Pura Cepa, realizada en Casa Creart, el actual jefe de la Unidad Nacional de Gestión Cultural de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FC-BCB), David Aruquipa Pérez, nos muestra el potencial de la buena gestión cultural del patrimonio gracias a su experiencia acumulada.
Pura Cepa (PC). ¿Cómo ha sido la relación de la FC-BCB con Tarija?
David Aruquipa (DA). De un tiempo a esta parte, todo sucedía en el eje central. Pero ahora la presencia del departamento de Tarija está siendo cada vez más fuerte, y más cuando la Fundación se acerca al territorio. Antes, el personal no conocía los centros culturales y las organizaciones como ahora que se llega, se fortalecen proyectos, y se miran las necesidades del departamento para seguir inyectando los recursos necesarios. Por eso apoyamos la misma candidatura de la Fiesta Grande de Tarija con exposiciones y recorridos que se llevaron a La Paz, Cochabamba, Santa Cruz. El aporte de Tarija es muy importante para la FC-BCB y los repositorios nacionales de los que se encarga, donde todo el mundo puede reconocer lo que es Tarija.

PC. ¿Cuándo habrá un centro cultural ligado a la FC-BCB en Tarija?
DA. Es un asunto largo. Se ha ido discutiendo. Aquí hay una consejera de la FC-BCB, Susana Bejarano, quien históricamente ha planteado muchas alternativas para que haya presencia de la Fundación acá. La demanda viene del territorio, pero también con la voluntad política. “Señores, tenemos este terreno para que puedan constituirse en propietarios y construir un centro cultural para beneficio de Tarija”. Esperamos que en un momento se pueda dar. Son negociaciones políticas de los gobiernos municipal y departamental y el Banco Central de Bolivia, quien asume la inversión. Y en los lugares donde no estamos físicamente, estamos con las convocatorias de fondos, y en casi todas Tarija ha estado siempre presente.
Si Tarija se va a ver a sí misma solamente como ciudad capital, estamos fritos.
PC. Desde tu experiencia como gestor y promotor del patrimonio, ¿qué potencial ves en Tarija?
DA. Hay un potencial grandioso en el patrimonio cultural, natural, paleontológico, arqueológico. Hay rutas del Qhapaq Ñan que atraviesan Tarija, tenemos centros arqueológicos importantes a los que no se está prestando atención. Los proyectos que ya se están consolidando como nichos turísticos específicos podrían estar conectados con estos itinerarios culturales que hacen de Tarija un lugar único. La diversidad festiva es impresionante. La conexión con el Chaco, con los pueblos indígenas, con otros territorios. Si Tarija se va a ver a sí misma solamente como ciudad capital, estamos fritos. Tiene que verse en toda su extensión y diversificar los productos culturales que tiene, pero invirtiendo en restauración, conservación y puesta en valor del patrimonio cultural. Si no tenemos un inventario del patrimonio cultural existente, ¿cómo vamos a proteger, conservar, poner en valor, aquello que no conocemos aún? Nos vamos a limitar a atender lo que ya se conoce. La ruta del vino se conecta con el valle, pero hay mucho más. Hay turistas, gestores culturales y académicos que vienen por distintos temas. Este territorio debería ser un nicho de investigación paleontológica fuerte, pero no hay carreras universitarias articuladas con el reconocimiento del territorio para lograr una mirada estratégica y un plan de gestión que corresponda a estas necesidades.
PC. ¿El regionalismo, el clasismo y el racismo impiden la articulación del territorio?
DA. La discriminación no la hemos superado. Pero la facultad del arte y la cultura es romper estas barreras. Cuando hablas de un pueblo indígena, te surge la necesidad de conocer. No puedes querer aquello que no conoces. Nos están faltando espacios de encuentro. Puedes decir, a priori, que hay discriminación. Pero si ni siquiera has tenido la posibilidad de que entre a tu casa, o conocerte, no hay nada. Hay que abrir espacios para conocernos. El año pasado apoyamos un proyecto Weenhayek y la gente fue a encontrarse y conocer las redes con las que pescan el pescado que se come en Tarija, a conocer la conexión ritual que tienen con los ríos. Esos encuentros nos permiten romper barreras, pero también son políticas y voluntad de las instituciones, la municipalidad, la gobernación y los artistas. En Tarija, la Casa Creart es un epicentro, un laboratorio de producción y articulación artística. Hay que empezar a ver esta posibilidad de encuentro y ampliación de la política cultural. Ahora nos estamos deteniendo en Tarija, pero cada departamento debe hacer lo propio. Algunos tienen más éxito, como en La Paz, hay una Ley de Cultura amplia, hay programas de fomento cultural importantes que permiten trabajar en laderas, en municipios rurales, territorios urbanizados. La política se hace desde estos espacios, pero especialmente desde los movimientos culturales, y si no están fortalecidos en Tarija, va a ser difícil remar contra la corriente. Hay que generar un espacio potente de artistas y gestores culturales en sus disciplinas, articulados, planteando un camino para mostrar la importancia de la cultura en el departamento.
Hay que hacer un pacto cultural.
PC. Sin embargo, se necesitan fondos. La FC-BCB los da a nivel nacional, pero ¿cuál sería el escenario ideal de trabajo?
DA. Los fondos de la cooperación internacional están reduciendo sus montos, lamentablemente. Y la verdad es que deberían impulsarse desde los municipios. No es posible que no haya fondos concursables desde los municipios. Para un proyecto normal, deberían ser de 18 mil bolivianos. El Fondo de apoyo a los espacios culturales llega a 60 mil bolivianos para estructurar, poner en valor, adquirir elementos y materiales, esos son los fondos que se requieren y tiene que ser el estado el que los entrega. En La Paz, se ha logrado por la fortaleza de los artistas que defienden sus derechos, y hay un Fondo de Cultura Viva Comunitaria para las movilizaciones activas. Aquí también existe ese movimiento, y debería estar impulsado estos temas. Hay que hacer un pacto cultural. Eso nos va a permitir tener un plan cultural desde la sociedad civil que se pueda negociar en todos los espacios. El estado siempre va a decir, “tráenos proyectos, cuál es el fondo, cómo se democratiza la cultura, qué impacto tiene, cómo se beneficia el estado de este proyecto”. Esas respuestas son las que tenemos que tener con una claridad contundente.