Plácida Saldaña, tejiendo por la vida
Fue la primera vez que la tarijeña participó en un evento contando su experiencia. El nervosismo confesado no evitó que brindara una lección magistral de humanidad.



Ella nació en 1960, en el área rural de Tarija. Su madre y su abuela, tejedoras. A sus 9 años, Plácida Saldaña aprendió a tejer solo mirándolas, “haciendo zapatitos chiquitos con palillitos que hacía de paja de escoba. Sacaba hilitos de mi abuela que era tejedora de fajas”.
La tejedora autodidacta aprendió con el objetivo de tener su dinero. “Como no tenía una guía ni había una señora que me lo compre mis útiles escolares, yo cuando quería un lápiz y borrador tenía que verme la forma. Ella tejía ignorando la voz del abuelo: “Una mujer para qué va a ir al colegio, ¡para atender al marido no se necesita estudio!”.
“Una mujer para qué va a ir al colegio, ¡para atender al marido no se necesita estudio!”
Así era. “Ahora es lindo, ahora hay cómo estudiar. Los papás apoyan. Antes no. La mujer no era para el estudio. Y yo aprendí así”, relata una Plácida siete veces mayor que la de su recuerdo. Ella fue seleccionada para contar su historia y sus saberes en la Décima Olimpiada del Saber del Adulto Mayor, donde presentó sus tejidos y artesanías.
Sus tejidos son finos, de colores bien compuestos, todo hecho a mano y con gran empeño. Llegó a la Olimpiada con varias piezas: unas fajas que aprendió a tejer con su madre y su abuela, mirando; chalecos tejidos en crochet que aprendió “igual sacando de cartilla”; un almohadón en bolsa de yute, que “es payadito, haciendo las labores”. Cuando vino la pandemia, Plácida se dedicó a tejer unas vinchas que se vendieron muy bien. “Como no había para salir a vender, tenía pedidos, entregaba esto”, recuerda.
“Se hace cualquiera labor que uno quiera hacer”, dice una mujer para la cual el tejido ha representado su sostén de vida y su creatividad. Pero, sobre todo, el medio con el cual pudo sacar adelante a su familia, migrando a la ciudad para que sus hijos puedan estudiar. “También hago chambritas para bebés, de todo tamaño y todo modelo. También para muñecas de Santa Anita”, dice sonriendo.
Su técnica es pura artesanía. “Esto lo ponemos en un palo, nos amarramos la cintura y vamos tejiendo, vamos payando. Cuesta mucho hacer, y el precio es según el tamaño. Lo hago de labor. Puedo hacer para chapacas, con toda la vestimenta que visten”, enseña con una faja en la mano. Una pieza como esa le toma 3 a 4 días de trabajo por su minuciosidad que la distingue de las fajas baratas que se terminan en un día.
Doña Plácida Saldaña teje sin parar. También ha hecho jergones y pellones para caballos, bolsas y hasta ponchos bien tupidos. “Se puede hacer todo diseño, de todo precio”, asegura. Su teléfono es 71869374. Sirve para comprarle alguna pieza, encargarle otra, o visitarla en su casa, donde no tiene ningún problema en recibir a quien quiera aprender a tejer sin compromiso. “La persona que quiere, va a mi casa y yo les enseño cómo hacer y qué se necesita”. No olviden llevar algo para compartir a la hora del té.