Tarija, sostén económico y paladín de la autonomía
Tarija llega al Bicentenario con la nostalgia de haber sido el gran sostén económico del país en los últimos cien años
En el Bicentenario de Bolivia, Tarija llega con un balance complejo, un departamento que fue pilar económico del país gracias al gas, que protagonizó la lucha autonómica y que hoy enfrenta la urgencia de reinventarse en medio de una crisis de ingresos y crecientes demandas sociales. Su aporte político y económico al país ha sido indiscutible, pero también tiene el reto de fijar el rumbo que tomará en los próximos años.
El aporte económico de Tarija
Durante más de dos décadas, Tarija fue el corazón energético de Bolivia. Desde sus megacampos, como Margarita-Huacaya y San Alberto, se extrajo el gas que sostuvo la economía nacional, garantizando millonarios ingresos por exportaciones a Brasil y Argentina.
En el auge de la bonanza hidrocarburífera, las regalías e Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) convirtieron a Tarija en el departamento con mayores ingresos per cápita del país. Solo en algunos años, llegó a percibir más de 300 millones de dólares anuales. Sin embargo, estos recursos por concepto de la renta del gas no solo beneficiaron a la región, sino que permitieron financiar infraestructura, salud, educación y proyectos de desarrollo en todo el territorio nacional.
Pero el escenario cambió. Con la caída en la producción y exportación desde 2015, el país había alcanzado un record en exportación en 2014 con 6.624 millones de dólares y un año después empezó a bajar, fue 6.595 millones de dólares, a partir de ello no encontró freno en esta caída.
Tarija vio mermar su flujo económico y se enfrenta al desafío de no quedar atrapada en la dependencia de un recurso que da señales de agotamiento.
Esperanza en el agro y el turismo
Más allá del gas, Tarija sostiene al país con su producción agropecuaria y vitivinícola. Es referente nacional en la producción de vinos y singanis, que incluso han alcanzado mercados internacionales, solamente en la gestión 2024, el Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que las exportaciones alcanzaron los 400.000 dólares.
Sin embargo, sus valles también aportan frutas, hortalizas y maíz, mientras que el Gran Chaco mantiene una fuerte tradición ganadera y la producción de grano. Pues solamente en soya, la exportación en 2024 alcanzó los 2,2 millones de dólares.
El turismo es otro sector con potencial. El valle de la Concepción, la Reserva de Sama, la ruta del vino y singani y las tradiciones chapacas son parte de un patrimonio cultural y natural que se proyecta como alternativa para diversificar la economía. Sin embargo, aún se aguarda una política sostenida que permita convertirlo en motor de ingresos.
El aporte político de Tarija
En lo político, Tarija ha sido visiblemente notorio en la historia reciente de Bolivia. Fue protagonista del proceso autonómico, con movilizaciones y referendos que marcaron la agenda nacional a partir de 2006. La exigencia de una redistribución justa de los recursos del gas colocó a Tarija en el centro del debate sobre el Pacto Fiscal, un tema que aún sigue pendiente.
Además, líderes cívicos y autoridades departamentales se han caracterizado por un permanente cuestionamiento al centralismo, ese que ha concentrado el poder en la sede de Gobierno en La Paz. Desde Tarija se levantaron voces que exigieron mayor autonomía, transparencia en la gestión de los recursos naturales y equidad en la distribución de las regalías.
Aunque no es el departamento con mayor caudal electoral, su voto ha sido considerado bisagra en varias elecciones nacionales, influyendo en la conformación de los escenarios de poder. Aunque el MAS ha sentado presencia en todos sus municipios, no ha podido conquistar la Gobernación en una elección, pues solamente la pudo tomar por asalto y acomodar a Lino Condori como gobernador interino tras la salida de Mario Cossío.
En pie de lucha
De cara al Bicentenario, Tarija encara varios retos. El primero es diversificar su economía para reducir la dependencia del gas y apostar por sectores como el turismo, la agroindustria y las energías renovables.
Otro desafío es encontrar un sistema de financiación sostenible a través del pacto fiscal. Autoridades y sectores cívicos insisten en que el actual esquema de distribución de recursos no responde a la nueva realidad económica del país y que Tarija merece una compensación por haber sostenido durante años la economía nacional.
En el plano social y ambiental, la agenda también es exigente. La contaminación minera del río Pilcomayo, la defensa de Tariquía de las empresas petroleras, la amenaza de proyectos hidroeléctricos como El Carrizal y la falta de políticas sostenibles para preservar sus ecosistemas plantean riesgos que no solo afectan a Tarija, sino al país entero.





