Vida en Familia
Cómo “enlazar” una nueva familia sin fracasar en el intento
Definir el rol de cada adulto, normalizar los cambios y ser paciente son claves para que el proceso de integración de una nueva familia sea lo más exitoso posible. El principal desafío al que se enfrentan las familias enlazadas es la creación de un nuevo vínculo con la entrada en escena de nuevos ac
Uno más uno no siempre da dos. En el caso de una nueva pareja con hijos nacidos en sus relaciones anteriores, la suma es, como mínimo, tres. Y las maneras de vivir la experiencia, también. Las nuevas estructuras de los hogares piden códigos de convivencia alternativos y asumen retos ineludibles; algunos clásicos y otros recientes. Son lo que se conoce como familias reconstruidas. “Es mejor el término familia enlazada. Ya que el hogar no se reconstruye, se transforma. No están rotas, y esta denominación le quita toda la riqueza que tiene”, explica Berta Capdevila, terapeuta especializada en familias enlazadas y responsable junto Ainoha Buforn de la plataforma Ser Madrastra —comunidad cuyo fin es empoderar a las madrastras, ayudarlas a afrontar las complejidades de su rol y crear las condiciones necesarias para que puedan construir su lugar en casa—, el mismo objetivo que persigue su libro, Manual para la madrastra moderna (Alfaguara, 2025).
“En esta convivencia suele haber dos hogares y las relaciones sin consanguineidad se amplían”, apunta María Cano, trabajadora social y mediadora familiar de la Unión Nacional de Asociaciones Familiares (UNAF). Cano explica que debido a su configuración hay mayor nivel de estrés y menor cohesión que en la familia nuclear: “Por ello hay que definir nuevos roles y normas, saber gestionar la lealtad de hijos e hijas hacia el progenitor biológico y ser conscientes de que la integración satisfactoria suele necesitar varios años”.
El Instituto Nacional de Estadística no tiene una estadística muy concreta al respecto de la cantidad de familias reconstituidas que se generan en Bolivia, pero en 2023 había unas 550.000 familias monoparentales, el 82% de ellas encabezadas por mujeres. Además, un 20% de los matrimonios que se constituyen cada año (aproximadamente 8.000 de 40.000) está conformado por al menos un divorciado.
Por otra parte, el INE solo recoge datos de las personas que viven permanentemente en el hogar. “Es posible que muchos de los niños censados en hogares monoparentales o adultos que son clasificados como parejas sin hijos formen también parte de familias reconstituidas, en mi opinión, hay una subrepresentación de este tipo de familias por la histórica falta de reconocimiento institucional, centrado en las familias tradicionales”, sostiene Cano.
El principal desafío al que se enfrentan estos hogares es la creación de un nuevo vínculo familiar con la entrada en escena de nuevos actores (padrastros, madrastras o hermanastros, entre otros), lo que implica la aparición de más interlocutores y la pérdida de ciertos privilegios. ¿Es esto un escenario forzosamente negativo para los hijos? “Esto depende de muchos factores. Fundamentalmente, del acompañamiento que haya recibido ese niño durante la separación”, indica Buforn, “si los padres le han explicado bien las cosas, va a ser más fácil que acojan a las parejas que pueden venir luego”. “Pero hay que entender que forjar una relación lleva tiempo”, incide.
Gestionar la incertidumbre de los hijos es una de las preocupaciones recurrentes de los progenitores enlazados. Para Cano, hay que asumir cuatro retos para afrontarla:
· Ambigüedad de roles. Es importante definir claramente con la pareja el tipo de tareas que se van a asumir con respecto a los hijos y llegar a un acuerdo con el otro hogar para establecer las responsabilidades.
· Conflicto de lealtades. La madrastra y el padrastro no deben pretender sustituir a los progenitores.
· Normalizar los cambios. Lo deseable es buscar la cooperación entre los dos hogares en relación con normas y rutinas comunes.
· Falta de equidad. Hay que procurar que exista igualdad de trato en el hogar para evitar generar conflictos porque los menores son muy sensibles a las diferencias de trato y a las desigualdades arbitrarias en lo relativo a las normas.
“Cualquier cambio produce vértigo, pero los menores lo acusan más. Cuando los hijos ven que la familia que han conocido va a cambiar es absolutamente normal que sientan inseguridad, rechazo y frustración”, admite Cano. Otro sentimiento frecuente, según esta experta, es el miedo a la pérdida, lo que propicia el deseo de que sus padres se reconcilien: “Los niños necesitan saber que sus padres están ahí, que les van a proteger y que puede contar con ellos. Necesitan sentir su afecto”. Para la experta es recomendable que los adultos elogien al menor y le muestren reconocimiento cuando hace las cosas bien y “sobre todo que no sienta que está al margen, que se le hable y que se le escuche. Y sobre todo saber que para que el proceso sea lo más exitoso posible, hay que ser pacientes. No forzar que todo vaya bien en poco tiempo”.
Los conflictos que pueden darse en una familia enlazada pueden deteriorar la nueva relación. Las diferentes costumbres de cada miembro del clan y una convivencia muy demandante pueden culminar en un sentimiento de rechazo hacia los hijos de la pareja. “No tiene ningún sentido que ambos vínculos, el de pareja y el paterno-filial, entren a competir entre ellos, ya que son, en esencia, diferentes”, agrega Cano. Y añade: “Las nuevas parejas deberán tener claro que si ponen a competir ambos vínculos el ganador suele ser el vínculo paterno-filial y que esto puede llevar a una nueva separación o divorcio”.
Mantener saludable la relación de pareja es esencial porque de ello depende el éxito de la familia enlazada. “Para que funcione, lo primero que tiene que funcionar es el nuevo vínculo sentimental. Es importante poner el foco en salvaguardarlo porque es el más nuevo y vulnerable de este ecosistema y el que tiene demasiados enemigos externos, introduciendo estrés relacional y saboteando la relación”, advierte Cano. Uno de estos saboteadores es, precisamente, la sombra de la familia nuclear. “Es bastante frecuente que quienes llevan a cabo una reconstitución familiar lo hagan desde su propio referente y pretendan reproducir nuevamente sus reglas de funcionamiento”, continúa Cano, “sin embargo, no es una mera sustitución de un hogar por otro, sino que se produce una importante transformación que da lugar a nuevas constelaciones familiares”.
Claves para ensamblar una nueva familia
Roles
Las nuevas parejas que aportan hijos a la relación deben definir claramente las funciones que asumirá cada uno de ellos y sostenerla en el tiempo, pues no se deben dar ajustes por celos del otro progenitor, o viceversa, u otros motivos no justificados. Llevar a los niños al colegio, a las extraescolares, o los tiempos de ocio deben ser temas naturales que no generen roces.
Lealtades
En la misma línea, es importante que los progenitores y las nuevas parejas no provoquen conflictos de lealtades con los hijos, ni entre ellos. Las madrastras o padrastros no deben pretender sustituir al otro progenitor y ni siquiera complementarlo, peor si además no hay un nuevo vínculo formal.
Equidad
Otro aspecto fundamental es que ambos miembros de la nueva pareja traten a todos los niños y adolescentes parte de la nueva unidad de convivencia con las mismas normas y reglas, garantizar la equidad es una de las grandes claves para garantizar la cohesión y que la nueva unidad funcione.
¿Familias reconstituidas, ensambladas o enlazadas? Complejidades en Bolivia
Anael Torres/Psicóloga
Las dinámicas familiares son complejas y en Bolivia toman carices y particularidades propias. Tomamos en cuenta inicialmente que la edad promedio del primer embarazo para las mujeres en Bolivia es aproximadamente 23 años para el área urbana y rural. Paralelamente el índice de embarazo adolescente en nuestro país es de los más altos de la región; solo en 2023 se registraron 32.660 embarazos en adolescentes de 10 a 19 años. Ambos datos nos muestran que la maternidad en nuestro país se inicia pronto, en promedio. Tomamos en cuenta también el índice de divorcios en Bolivia que se encuentra aproximadamente en un 30 %, lo cual indica que 3 de cada 10 matrimonios fracasan. Muchos de ellos se reconstituyen en nuevas relaciones sentimentales con la particularidad de que se ha tenido hijos e hijas previamente y que estos vienen a reconfigurar los nuevos vínculos.
Estos datos muestran de manera general el tipo de particularidades de las familias en nuestro país y su complejidad, la cual aumenta cuando se forman nuevas parejas con hijos e hijas de anteriores relaciones. Los conflictos devenidos pueden tener que ver por una parte con la situación económica que incide directamente en el nuevo núcleo familiar, es decir si se tienen las condiciones para atender las necesidades de todos sus miembros; en casos de separación previa también puede incidir la existencia o no de la asignación de asistencia familiar (de mutuo acuerdo o asignada por un Juez de Familia) de los padres o madres biológicos, asuntos de guardas legales de los hijos, etc. También puede afectar a todo este entramado el tipo de relación entre sus miembros, es decir si las separaciones han sido convulsas o poco amigables pues el margen de flexibilidad y coordinación necesarias entre ambos progenitores disminuye y por ende la probabilidad de conflicto con las nuevas parejas también aumenta.
Donde más preocupación existe es cómo las familias enlazadas pueden incidir en el crecimiento y desarrollo emocional de los hijos e hijas y como transitan los cambios familiares. Este camino depende mucho de la coordinación y flexibilidad de los progenitores biológicos, del relacionamiento y comunicación de las nuevas parejas en relación a los hijos e hijas de sus cónyuges y con sus padres biológicos, también del acompañamiento que tuvieron los hijos ante la separación previa de sus padres; asimismo importa el respeto a la figura de los progenitores biológicos aunque estos ya no convivan con sus hijos y otros.
La dinámica social y familiar con tantos factores hacen difícil esta tarea, pero no imposible. Asumir nuestras decisiones y poder no entorpecer más el desarrollo de los hijos e hijas es responsabilidad de los padres, biológicos y no, y todos quienes les rodeamos








