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Análisis de Joseph Chamie

Lucha contra el Cambio climático: la hora de tomar las medidas audaces

Reportajes
  • IPS y Redacción Central
  • 19/08/2022 00:00
Lucha contra el Cambio climático: la hora de tomar las medidas audaces
evolución

Con el cambio climático provocando un número cada vez mayor de muertes humanas y un sufrimiento incalculable, y aumentando las consecuencias económicas, sociales y ambientales en todo el mundo, es hora de que los gobiernos tomen medidas audaces para abordar la emergencia del cambio climático.

Los científicos del clima han advertido que solo hay una docena de años para que el calentamiento global se mantenga en un máximo de 1,5 grados centígrados. Más allá de ese nivel, incluso medio grado, empeorarán significativamente los riesgos de sequía, inundaciones, calor extremo y pobreza para cientos de millones de personas.

En noviembre está prevista la celebración de la 27 Conferencia de las Partes (COP27) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Sharm El-Sheikh, Egipto. Los representantes gubernamentales de unos 200 países y otras partes se centrarán en asegurar el objetivo de 1,5 °C y adaptarse a los impactos negativos del cambio climático mediante la implementación de las disposiciones del Acuerdo de París.

Justo durante la celebración de la COP27, se espera que la población mundial alcance los 8000 millones. Esa cifra es un aumento de más de 2.000 millones de humanos en el planeta desde la primera conferencia COP celebrada en Berlín, Alemania, en 1995.

El récord de 8.000 millones es el doble del tamaño de la población mundial en 1974 y el cuádruple de su tamaño en 1927. Con el crecimiento de la población mundial, las emisiones anuales de CO2 de los combustibles fósiles y la industria han crecido enormemente durante el siglo pasado, aumentando más de nueve veces desde 1927 y duplicándose desde 1974 (Gráfico 1).

El crecimiento de la población mundial se ha desacelerado desde sus niveles máximos en la segunda mitad del siglo XX. Continúa aumentando, actualmente en alrededor de 70 millones anuales y se proyecta que llegue a 9 mil millones para 2037 y 10.000 millones para 2058.

Si las emisiones anuales de CO2 de los combustibles fósiles y la industria continúan aumentando como lo han hecho durante las últimas décadas, su nivel anual de emisiones en 2058, cuando se espera que la población mundial alcance los 10.000 millones, sería más de 50 % mayor que en la actualidad, o aproximadamente 60 mil millones de toneladas.

Hasta hace relativamente poco tiempo, la mayoría de los gobiernos han minimizado las advertencias de una emergencia por el cambio climático por parte de miles de científicos. Frustrados por las respuestas del gobierno, muchos científicos se sienten cada vez más como las “Casandras” del cambio climático.

Las advertencias de que las crecientes emisiones de carbono están calentando peligrosamente la Tierra se han transmitido claramente a los gobiernos. En particular, los científicos han enfatizado que la quema de combustibles fósiles ya está calentando el planeta más rápido que cualquier cosa que el mundo haya visto en 2000 años.

En 2020, cinco países produjeron aproximadamente 60 % de las emisiones anuales de CO2 del mundo. En primer lugar, quedó China con casi un tercio de las emisiones anuales de CO2. China también tiene la mayor cantidad de centrales eléctricas de carbón de cualquier país en 2022, o aproximadamente 1.110 estaciones operativas (Gráfico 2).

Estados Unidos ocupa el segundo lugar con 14% de las emisiones anuales de CO2 en 2020. Los porcentajes de los otros tres países, India, Rusia y Japón, fueron del 7, 5 y 3%, respectivamente.

Además de las advertencias de una emergencia por el cambio climático, los científicos han detallado algunas de las posibles consecuencias para la vida en el planeta si el aumento del calentamiento global supera los 1,5 grados centígrados (Tabla 1).

Esas posibles consecuencias incluyen temperaturas más cálidas con mayor frecuencia, intensidad y duración, que afectan los océanos, los niveles de los mares, los arrecifes de coral, los niveles de peces, los glaciares y la capa de hielo y nieve. Además, se espera que los cambios en los patrones y la cantidad de lluvia den lugar a un aumento de las sequías y la desertificación, así como a las inundaciones.

Se espera que el empeoramiento de la calidad del aire y el agua debido al cambio climático contribuya a la propagación de ciertas enfermedades y dolencias humanas acompañadas de un aumento de la desnutrición, el hambre y la mortalidad, así como el deterioro de los ecosistemas que afecta a numerosas especies de plantas y animales.

Es probable que el cambio climático también contribuya al aumento del desplazamiento de personas, así como a la migración ilegal, ya que millones de hombres, mujeres y niños buscan escapar de las consecuencias del calentamiento global y la degradación ambiental.

Debido a las consecuencias cada vez más visibles del cambio climático, a los gobiernos les resulta difícil restar importancia a las advertencias de los científicos. Entre las consecuencias meteorológicas de la emergencia del cambio climático se encuentran temperaturas récord en todo el mundo, así como sequías, inundaciones, incendios forestales, tormentas y huracanes.

Las encuestas globales también informan que la mayoría de la población mundial está preocupada por el cambio climático.

En enero de 2021, por ejemplo, la encuesta climática global realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en 50 países halló que casi dos tercios de los encuestados consideran el cambio climático como una emergencia y representa un claro llamado para que los gobiernos tomen las medidas necesarias para abordarlo.

Se han recomendado diversas medidas para hacer frente a la emergencia del cambio climático. Entre esas medidas se encuentran la estabilización o reducción del tamaño de las poblaciones humanas, la eliminación del uso de combustibles fósiles, el cambio a energías renovables, la reducción de los contaminantes del aire, la restauración de los ecosistemas, el cambio de la carne a dietas principalmente basadas en plantas y la transición hacia un crecimiento sostenible del PIB (Tabla 2).

Se espera que la próxima conferencia COP27 de noviembre en Egipto siga el patrón habitual de sesiones anteriores con la adopción de un informe final negociado. Sin embargo, es poco probable que ese resultado sea suficiente para lograr el objetivo establecido internacionalmente de limitar el aumento del calentamiento global a un máximo de 1,5 grados C.

A pesar de más de dos docenas de sesiones COP anuales, varios acuerdos internacionales y objetivos enumerados, falta un acuerdo internacional vinculante para abordar la emergencia del cambio climático. Además, es poco probable que se establezca una autoridad que imponga políticas de cambio climático, particularmente dada la supremacía de la soberanía nacional.

Sin embargo, se han logrado avances para abordar el cambio climático en las últimas décadas. La comunidad internacional de naciones adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992, el Protocolo de Kioto en 2005 y el Acuerdo de París en 2015.

Además, los gobiernos aceptaron los datos científicos que sustentan el cambio climático, reconocieron las posibles consecuencias de la inacción y establecieron compromisos de reducción de emisiones para reducir las emisiones de CO2. Las políticas adoptadas recientemente mejoraron la eficiencia energética, redujeron las tasas de deforestación y aceleraron el uso de energía renovable.

Asimismo, decenas de gobiernos están adoptando compromisos adicionales para hacer frente el cambio climático. Estados Unidos, por ejemplo, aprobó recientemente una legislación histórica destinada a abordar el cambio climático y la energía limpia que incluye un presupuesto de 369 000 millones de dólares.

Como se indicó anteriormente, los científicos del clima han advertido que solo hay una docena de años para que el calentamiento global se mantenga en un máximo de 1,5 grados Celsius. Dada la ventana de 12 años para abordar el objetivo del calentamiento global, hay poco tiempo que perder.

Es hora de que los gobiernos, especialmente los principales contribuyentes al calentamiento global, implementen acciones audaces para hacer frente la emergencia del cambio climático.

Joseph Chamie es demógrafo consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente, “Nacimientos, fallecimientos, migraciones y otros asuntos importantes sobre población”.

Bolivia, cuestión de tomárselo en serio

El último informe de Ayuda en Acción sobre Bolivia recuerda que “El cambio climático ya está aquí”. Una de sus principales consecuencias es la sequía, un problema que se está dando en regiones como América Latina con una frecuencia e intensidad sin precedentes.

Desde 1970, la sequía ha afectado a más personas en el mundo que cualquier otro fenómeno natural. Lo saben muy bien en países como Bolivia, donde durante los últimos años se han producido sequías extremas que incluso han afectado gravemente la disponibilidad de agua para el consumo humano. Y todo esto en el seno de un país que consiguió que Naciones Unidas reconociera como universal el derecho al agua en el año 2010.

Los recursos hídricos de Bolivia han ido mermando a causa del cambio climático. Un ejemplo son los glaciares andinos, fuentes naturales de provisión de agua que, según estimaciones de la UNESCO, desaparecerán en un 90% de aquí a finales de siglo. Todo ello, unido a la deficiente situación de los sistemas de distribución y gestión del agua, tiene como resultado que las limitaciones para acceder al agua en la zona rural y urbana sean cada vez mayores.

Pero hay otras causas muy arraigadas en el contexto boliviano que también afectan a esta situación y que son: el desarrollo de la minería al pie de los glaciares; el sobreuso para el pastoreo de los bofedales –humedales de altura permanentes– que estabilizan los flujos de agua; el aumento del consumo de agua por el crecimiento urbano, a pesar de desarrollarse una conciencia de ahorro y buen uso doméstico; y finalmente, la falta de identificación de nuevas fuentes de agua.

La falta de agua no sólo es grave por las pérdidas equivalentes a más de 125 millones de dólares sino por el riesgo que supone para la seguridad alimentaria de casi un millón de personas, la mayor parte de ellas de las zonas rurales. Además de esto, la sequía afecta también a la salud de la población por la calidad del agua a la que accede; según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de agua insalubre es uno de los factores principales en la transmisión de enfermedades gastrointestinales, provocando altas tasas de desnutrición y mortalidad, sobre todo en los niños y niña

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