La plastilina como alma del arte de Diego Solís
Diego, el escultor tarijeño con manos de exportación
Diego, de 18 años de edad, calcula que a la fecha realizó unos 200 muñecos de plastilina, parte de ellos fueron enviados a Brasil y Argentina. No moldea solo el material, sino también sus sueños como un artista reconocido en el ámbito nacional e internacional



Hay quienes son escultores del hierro, otros de la arcilla, pero Diego SolÍz, a sus 18 años de edad moldea la plastilina a la perfección, pues, sus trabajos ya cruzaron las fronteras de Bolivia, hacia Brasil y Argentina. Se trata de un joven tarijeño con manos de exportación.
La plastilina llegó a sus manos por primera vez cuando tenía cuatro años de edad, allá por el 2007, cuando encontró una caja de plastilina en la habitación de su hermana, quien cursaba el nivel primario de educación. Para ese entonces, no sabía que su destino era sumergirse en el mundo de la escultura, ahora ni se le cruza por la mente dejarlo. Tampoco sabía que la plastilina fue inventada casi dos siglos antes que él naciera, exactamente en 1880 por el farmacéutico alemán Franz Colb.
En aquella ocasión, en ese pedazo de mundo que habitaba Diego, sus diminutas manos moldearon autos y animales de plastilina. Con el tiempo, su trabajo evolucionó hasta crear réplicas de personas, como la del afamado artista del género pop Michel Jackson, también del surcoreano PSY que saltó a la fama con su tema “Gangnam Style”. Pero no fue hasta el año 2017 cuando hizo la primera exposición de sus trabajos en Casa Creart, momento que marcó su carrera.
En esa ocasión realizó la escultura del célebre futbolista argentino Lionel Messi, su trabajo tenía una altura de 15 centímetros y contaba con detalles milimétricos como el escudo de su equipo en el uniforme deportivo.
Empero, ésa no fue la primera vez que moldeó la figura de futbolistas, pues a sus cinco años había elaborado al talentoso Ronaldinho, cuando era el jugador de moda en el Club Barcelona de España. Luego, hizo una escultura de Diego Maradona, y para el Mundial de Fútbol hizo réplicas de jugadores de dos centímetros.
Hernán Solís recuerda que su hijo desde niño había marcado su futuro, tenía la visión clara de a donde se dirigía. Para ese entonces ya el pequeño había vaticinado que sus trabajos se mostrarían en los periódicos y en la televisión, algo que como papá lo veía imposible. Ahora, parado en una esquina del salón de exposiciones de la Casa de la Cultura, emocionado y con los ojos llorosos, dice que Diego le dio una lección.
Así Hernán fue testigo y cómplice del talento que desarrolló su hijo, pues su esposa le tenía prohibido que le comprase más plastilina, pero como papá se las ingeniaba para comprar y meter a escondidas el material a su casa, al menos una caja por día. La molestia de la madre radicaba en que la plastilina quedaba por todos lados de su vivienda y, al momento de limpiar, si alguien tocaba las esculturas, llegaba el problema, porque para Diego era cosa seria.
Ahora, sentado en una banca ubicada en un rincón de la Casa de la Cultura, Diego rememora que aprendió este apasionante oficio de manera intuitiva, motivado por el simple gusto de elaborar sus propios juguetes y aunque su familia y amigos pensaban que sería algo pasajero las manos de Diego nunca dejaron de acariciar la plastilina, hasta que en el año 2017 conoció a un maestro que llegó desde Argentina para dar clases en Casa Creart, con éste aprendió a hacer estructuras.
A partir de ese momento sus trabajos poseen estructuras de alambre de cobre, para luego ser envueltas con papel periódico y cinta masking que permite formar los músculos de los personajes. Luego coloca la plastilina y hace el trabajo a detalle, con todos los rasgos de una persona.
Las herramientas que usa para la elaboración de sus trabajos son caseras, como mondadientes y puntas de lapiceras, mientras que en las librerías compra las estecas que usan los escultores, tanto de metal como de madera.
A la fecha, calcula que realizó cerca 200 muñecos, de los cuales algunos fueron destruidos accidentalmente por sus familiares y otros perfeccionó como los que expuso en la Casa de la Cultura, bajo el denominativo “Despertando Sentidos”.
Hasta ese lugar llevó tres obras de arte, una se trata del artista Luis Miguel, vestido de terno negro, camisa blanca y corbata, incluye un micrófono con su pedestal, la obra busca inmortalizar un momento de uno de sus conciertos musicales. Cuenta que le ha tomado casi un mes terminarlo, porque cuando lo elaboró todavía estaba en el colegio y debía compartir su tiempo con el estudio.
Otros de sus trabajos son dos soldados de combate, que visten uniformes camuflados con la bandera de Bolivia en el brazo derecho, botas, chalecos y guantes. Uno de ellos tiene levantada una especie de hacha en su mano derecha. Diego los elaboró a pedido de un teniente del Ejército que trabaja en Santa Cruz.
Hasta ese salón también llevó una escultura de Marcelo Martins, una de las figuras del fútbol boliviano, llamado también el flecheiro.
En la actualidad, Diego comparte su tiempo entre su pasión por el arte en plastilina y sus estudios en la carrera de Comunicación Social. Pero toda su experiencia sobre la escultura no quiere guardársela solo para él, por ello empezó a dar clases gratuitas para niños de entre 6 y 14 años de edad.
Está convencido que los niños son valiosos pues serán los futuros artistas, y quienes mantengan al arte de la escultura o de cualquier otra área.
Hernán está orgulloso del hijo que tiene a su lado, es testigo de los pedidos que Diego recibe para entregar. Está entusiasmado porque a Bolivia empezaron a llegar materiales más resistentes que antes no había para escultura, pero también hizo algunos pedidos del exterior.
“Como papás generalmente se quiere que los hijos estudien algo que les genere dinero, se enfocan solo en lo material sin darle importancia al talento. Pero no es así, lo demás llega después – reflexiona Hernán –. Ahora los papás nos dedicamos al trabajo y no compartimos con nuestros hijos, sobre lo que desean o quieren hacer”.
Diego es un joven que no solo moldea la plastilina, sino también sus sueños, a futuro se ve como un maestro de artes plásticas y como un reconocido artistas nacional e internacional.
Las obras de arte en
plastilina de Diego
Luis Miguel
Diego inmortalizó un momento de uno de sus conciertos musicales de Luis Miguel. Le ha tomado casi un mes terminarlo, porque cuando lo elaboró todavía estaba en el colegio y debía compartir su tiempo, entre el estudio y la escultura; ambas actividades eran igual de importantes para él.
Soldados
Para darle color a los solados Diego tuvo que experimentar el juntar plastilinas de diferentes colores, de manera que pueda quedar el color camuflado, típico en el uniforme de los militares. La vestimenta es lo que más le cuesta hacer, porque implica un trabajo a detalle.
Marcelo Martins
Hasta el salón de exposiciones de la Casa de la Cultura Diego llevó una escultura de Marcelo Martins, una de las figuras del fútbol boliviano, llamado también el flecheiro, que se constituye por ahora en el goleador de las eliminatorias para el Mundial de Fútbol Qatar 2022.