¿Tienes una historia para contar?
Hay una agonía silenciosa que no duele en el cuerpo. Duele en el alma. Es la agonía de quien lleva dentro una historia que nunca ha contado.
Hermano, hermana: el pájaro no espera que el bosque le pida su canción. No canta porque tenga todas las respuestas. No canta porque el mundo esté listo para escuchar. Canta porque lleva una canción dentro, y guardarla sería traicionarse a sí mismo.
Así eres tú. Llevas en el pecho una historia tejida con tus dolores, tus resurrecciones, tus noches sin luna y tus amaneceres inesperados. Esa historia no es tuya para enterrarla. Es tuya para liberarla.
Cada ser viene a este mundo con una medicina única. No una medicina de hierbas ni de raíces, sino una medicina de palabras no dichas, de verdades aún calladas, de canciones que todavía no han encontrado el viento que las lleve lejos.
Cuando guardas tu historia por miedo al juicio, por miedo a no ser suficiente, algo dentro de ti se va apagando lentamente, como el fuego sin aire. Y el Gran Espíritu no puso ese fuego en ti para que lo sofocaras con el silencio.
Tu historia es tu medicina. Tu voz es tu ofrenda. Tu verdad es el canto que este mundo necesita escuchar, aunque tiemble al pronunciarlo, aunque tu voz se quiebre al salir.
Canta. No porque tengas todo resuelto. Canta porque tienes una canción. Y ese es el único permiso que necesitas.
El Gran Espíritu no tejió tu historia para que la enterraras.
La tejió para que la vivieras, la soltaras, y con ella, sanaras.
Tu voz es medicina. Tu verdad es ofrenda.


