Aprende quién eres
Te pasaron toda la vida enseñándote a ser alguien más. Hoy es tiempo de recordar quién eres tú.
El primero lo conoces bien: el que te enseñaron desde pequeño. Te dijeron cómo caminar, qué palabras usar, qué sueños eran permitidos y cuáles debías enterrar antes de que alguien los viera. Te pusieron un nombre encima del nombre que ya traías. Te vistieron con máscaras que no eran tuyas. Y tú, como todo niño que quiere pertenecer, aprendiste a llevarlas sin quejarte.
Ese fue el primer viaje. El viaje hacia afuera.
Pero existe un segundo viaje. Más silencioso. Más valiente. Es el camino de regreso.
El río no olvida su nacimiento aunque haya recorrido mil valles. El águila no pregunta si tiene permiso para volar solo porque alguna vez vivió en el nido. El lobo no deja de aullar a la noche porque otros animales prefieran el silencio.
Tú tampoco deberías olvidar lo que eres.
Desaprender no es destruir. Es como quitar la ceniza que cubre las brasas. El fuego siempre estuvo ahí. Solo esperaba que tú dejaras de soplar en la dirección equivocada.
Los ancestros enseñaban que antes de nacer, el Gran Espíritu ya había puesto en ti una semilla única. Nadie más tiene esa semilla. Nadie más puede florecer con esa flor. Pero muchos vivieron su vida entera preguntándose por qué no lograban crecer... sin saber que estaban intentando ser el árbol de alguien más.
Hay un momento sagrado en la vida de cada ser: el momento en que el río decide volver a su manantial. En que la semilla recuerda que siempre supo cómo florecer. Desaprender no es borrarte. Es quitarte las capas que nunca fueron tuyas para encontrar lo que siempre estuvo debajo.
Cierra los ojos. Y pregúntate, sin miedo, sin voces ajenas, sin el peso de las expectativas: ¿Qué queda de mí cuando me quito todo lo que me enseñaron a ser?
Lo que quede ahí... eso eres tú.
Aprende eso. Cuídalo. Hónralo.


