El pájaro que hoy caza, mañana puede ser el alimento
Hay quienes caminan por esta tierra creyendo que su fuerza de hoy es eterna. Que porque el halcón vuela alto, las ramas del árbol no podrán alcanzarlo jamás. Pero yo he visto caer a los más poderosos guerreros. He visto secarse los ríos más caudalosos. He visto cómo el viento que hoy dobla los pinos, mañana apenas mueve una hoja seca.
El pájaro que hoy caza, mañana puede ser alimento. El árbol que hoy da sombra a mil viajeros, puede convertirse en la chispa que todo lo consume. Así es la rueda de la vida. Nadie escapa de ella. Ni el jefe más sabio, ni el guerrero más temido, ni el río más profundo.
Por eso los ancianos de nuestros pueblos originarios no enseñaban arrogancia. Enseñaban humildad. Porque la humildad no es debilidad, hermano y hermana, es la sabiduría de quien comprende que el tiempo es el único jefe verdadero sobre esta tierra.
No lastimes al que hoy camina más lento que tú. No menosprecies al que hoy tiene menos que tú. Porque las circunstancias son como el viento del norte: cambian sin pedir permiso. Y el que hoy recibe tu desprecio, mañana puede ser quien te tienda la mano cuando caigas.
Trata a cada ser como si fuera sagrado. Porque lo es. Cada persona que cruza tu sendero carga una llama que el Gran Espíritu encendió con sus propias manos.
El tiempo es más poderoso que cualquiera de nosotros. Úsalo para sembrar respeto, no heridas.
Los que caminan con humildad no lo hacen por debilidad. Lo hacen porque han aprendido a leer el tiempo como se lee el río: con respeto, con paciencia, sabiendo que ninguna corriente dura para siempre.


