El barco siempre está seguro en la orilla, pero no fue construido para eso
¿Cuántas veces has elegido quedarte quieto por miedo a lo que podría pasar si te mueves?
Hay algo muy humano en buscar la orilla. En quedarnos donde ya conocemos el suelo, donde el viento no nos despeina y nadie nos exige nada. Pero en lo más profundo de ti, hay una voz que sabe que naciste para algo más que eso.
Existe en la filosofía del yoga un principio llamado Tapas, que no es otra cosa que el fuego interior que te impulsa a crecer. No te obliga. No te empuja con fuerza. Solo arde, suavemente, recordándote que tienes algo por descubrir. Ese fuego no se activa cuando todo es cómodo. Se activa cuando decides soltar lo conocido y confiar en el viaje.
Quedarte en la orilla no te hace cobarde. Te hace humano. Pero si hay algo en tu vida que llevas tiempo posponiendo, un sueño que guardaste "para después", una conversación que nunca tuviste, una versión de ti que todavía no te has atrevido a ser… tal vez hoy sea el momento de levantar el ancla.
No tienes que saber adónde vas. Solo tienes que confiar en que fuiste construido para navegar.
La orilla siempre va a estar ahí. Segura, conocida, tranquila.
Pero tú fuiste hecho para el mar abierto.
Suelta. Respira. Navega


