Bendice todo con tu mirada

Se dice que los monjes iluminados bendicen todo lo que ven. Tú puedes hacer este ejercicio: durante todo el día, bendice lo que veas, sean seres vivientes o cosas.

Cuando se logra transformar la mirada en bendición constante se llega a la mirada mágica.

Esta mirada dice: “Cuando te miro no te poseo, no te crítico, no te juzgo, no voy a pedirte nada ni a darte nada, sólo me comunico contigo”.

“¿Tienes necesidad de mí? ¡Aquí yo no estoy, pero sí está el Ser esencial!” No hay nada personal en esta mirada. El que mira y el mirado se comunican de alma a alma.

Si de esta manera miras a la gente que conoces o aquellas con las que te debes relacionar, tu vida cambiará.

Ve a tu hogar y mira a todos los objetos con los cuales convives, mira todos los recuerdos que encierran, mira a todos tus familiares, y por, sobre todo, mira la mirada que tienen, y constata hasta qué punto sus ojos ven y cuáles son sus límites.

Ponte en su lugar, trata de comprenderlos y aceptar que algunos sufren.

Cualquier tipo de mirada que no sea mágica, nos sumerge en el sufrimiento.

No te preocupes si descubres en sus miradas sentimientos agresivos. Si te has liberado del ego artificial, sabrás transformar las agresiones en manifestaciones de amor.

Hay miradas que son muros que encierran a las mentes en calabozos. Cuando tu mirada se abre, otorga a los prisioneros una luz de libertad.

Entonces, mira con gratitud, con alegría, con gozo, con empatía y comprensión, míralo todo con paz y otorga el maravilloso regalo de tu bendición.


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