Los cinco tipos de políticos que produce Bolivia
Entre los políticos que la gente llega a conocer personalmente y, sobre todo, a través de las noticias, las entrevistas mediáticas y las redes, es posible que se haya encontrado con alguno que sea buena persona y esté comprometido con la sociedad, la naturaleza y/o la institucionalidad democrática
En el actual contexto del curioso comportamiento del gobierno central (Legislativo y Ejecutivo) puede ser útil reflexionar sobre los tipos de políticos que nuestra democracia ha estado procreando.
Entre los políticos que la gente llega a conocer personalmente y, sobre todo, a través de las noticias, las entrevistas mediáticas y las redes sociales, es posible que se haya encontrado con alguno que sea buena persona y esté comprometido con la sociedad, la naturaleza y/o la institucionalidad democrática. Pero, en su mayoría, seguramente la ciudadanía coincidirá en que ha conocido a quienes no son lo que la sociedad desea de un político.
Al evaluar la clase de políticos que tiene Bolivia se puede identificar algunas tendencias. Para caracterizarlas, se las categoriza en los siguientes cinco perfiles arquetípicos de políticos:
1. El político astuto (el estratega maquiavélico). Su motivación es el poder puro y duro. Inspirado en las teorías del realismo político, entiende el cargo como una posición en un tablero de ajedrez permanente. Su misión principal es permanecer en el poder y expandirlo. Para este perfil, el dinero o el patrimonio no son debilidades morales, sino herramientas instrumentales. Los recursos sirven para comprar lealtades, financiar estructuras y consolidar alianzas. Es calculador, pragmático y mide cada movimiento en función del costo-beneficio político.
2. El político estúpido (el depredador patrimonial). Carece de visión a largo plazo y de doctrina. Consciente de que llegó a la cúspide por un golpe de azar, una eventualidad electoral o el favor efímero de un padrino, asume su periodo como una oportunidad única y caduca. Su paso por la administración se traduce en una corrupción burda y acelerada; busca saquear el erario y, si es un legislador, ponerle un precio a su voto o su lealtad con el gobierno en funciones e incrementar su patrimonio de forma compulsiva. Al no importarle el legado ni su imagen pública futura, actúa con una impunidad cínica, devorando recursos bajo la premisa de que "hay que aprovechar el momento antes de que termine el periodo de funciones".
3. El político estelar (el narcisista de la fama). Lo que lo mueve es el ego, la preeminencia social y el destello de los reflectores. Más que transformar la realidad o acumular riquezas, busca la adulación y el estatus. Disfruta de la pompa del cargo y de la mitificación de su figura. Con el tiempo, la soberbia lo lleva a confundir la investidura con un privilegio personal, cayendo en el abuso de poder cotidiano, desde exigir tratos preferenciales y privilegios absurdos –como pedir que retrasen un vuelo de BoA para su comodidad– hasta rodearse de séquitos que alimenten su fantasía de ser indispensable.
4. El político representante (el soldado orgánico). Es el delegado fiel de las estructuras partidarias o de las organizaciones sociales o sindicales. Su legitimidad no emana de un carisma personal, sino de su lealtad inquebrantable a las bases que propiciaron su candidatura y aseguraron su elección.Su agenda es la de su organización. Asiste disciplinadamente a cada reunión, ampliado o asamblea, y defiende con tenacidad los mandatos orgánicos. Aunque este perfil garantiza estabilidad y pertenencia corporativa, a veces puede sacrificar el interés general o el sentido común en aras de cumplir ciegamente con las demandas de su organización o sector.
5. El político altruista (el estadista ideal). Encarna el horizonte ético al que aspira la democracia. Para él, el poder es estrictamente un medio para transformar la sociedad, administrar responsablemente el territorio y proteger el medio ambiente. Su gestión busca el equilibrio entre el desarrollo humano y la preservación de la naturaleza, además del fortalecimiento de la institucionalidad democrática. Su profundo compromiso con el bienestar común le provoca avidez por el conocimiento y el aprendizaje continuo sobre los asuntos públicos, lo que le permite dominar rápidamente agendas complejas. No solo resiste cualquier tentación, sino que diseña sistemas transparentes, participativos y eficaces para combatir activamente la corrupción y lograr un mayor efecto sobre la solución de los problemas y devolverle la dignidad y el bienestar a la vida de la gente, de los animales y/o de los ecosistemas naturales.
No se trata de que alguno sea uno u otro de los tipos de políticos retratados, sino de tendencias. Un político podría tener algunas de las características de los otros tipos de políticos, pero con predominancia de una tendencia, aunque las cualidades del político estúpido y del político altruista muy difícilmente podrían concurrir en una misma personalidad, al ser opuestas y repudiarse mutuamente.
*Carlos Bellott es especialista en temas de diseño y funcionamiento del Estado.





