Audios de Cerimedo y la ultraderecha
En las últimas semanas, las redes sociales se inundaron de audios filtrados donde se escucha la voz de Fernando Cerimedo --ex asesor presidencial y hoy preso en Chonchocoro por el delito de intento de feminicidio a su ex pareja-- conversando con autoridades y allegados al actual mandatario boliviano. Los audios, dicho sea al paso, por los análisis cibernéticos, son fidedignos. Esos audios al convertirse en conversaciones personales y naturales tienen una dimensión cognoscente. O sea: sirven para retratar, despojados de cualquier ropaje discursivo, la naturaleza humana, en este caso específico, de los involucrados en la conversación de los audios filtrados.
Estos audios, además, sirven para conocer a los involucrados, y, a la vez, su valor radica que uno de los involucrados en los audios, Cerimedo, es apuntado como uno de los personajes vinculado a la ultraderecha latinoamericana y en tal situación encarna los valores de esa corriente ideológica a tal punto que asesoró en asuntos electorales a distintos partidos ultraderechistas. Aquí estriba el valor de estos audios para conocer o para confirmar los valores de la ultraderecha.
Así, por ejemplo, en el audio del ex asesor argentino con el diputado, Alejandro Reyes a propósito del bloqueo de caminos de los 53 días protagonizado por sectores populares en protesta contra el actual gobierno, Cerimedo decía: “A mí no me interesa nada. Yo le dije a Rodrigo: “Presidente o no caemos por inútiles o nos caemos porque hay muertos”. Y añade, el ex asesor presidencial: “Y si usted me pregunta, yo prefiero correr el riesgo de que haya muertos, yo le dije, Rodrigo [Paz], es así, o nos caemos por las buenas o por las malas, si nos caemos, que sea por las malas”.
Esta frase de Cerimedo en el audio expresa aquellos valores que representa a la ultraderecha, por ejemplo, el poco apego a la vida. Ellos, los ultraderechistas, prefieren zanjar cualquier conflicto por “las malas”, o sea, matando. No es casual, el ex asesor presidencial hoy está acusado por intentar acallar a su ex pareja a través de contratar sicarios para asesinarla. No debemos olvidar, en el núcleo de valores compartidos de la ultraderecha, sobre todo, de aquellos inclinados a ala fascista o nacionalistas extremas, la muerte no es percibida como un simple final biológico, sino como una estrategia política para escarmentar a los que piensan distintos a ellos.
En efecto, la historia política boliviana está inundada de hechos execrables devenidos en masacres a sectores populares perpetrados, en muchos casos, por sectores adheridos a ideas fascistas, por ejemplo, en el curso de las dictaturas militares. Las últimas masacres ocurridas, el año 2019, en el gobierno autoritario de la presidenta inconstitucional, Janine Añez, ideológicamente inclinada a la ultraderecha. Ella asumió la presidencia portando una Biblia enorme en el balcón del Palacio Quemado. Días posteriores, ordenó la masacre de campesinos y gente pobre, tanto en el municipio cochabambino de Sacaba como en la ciudad de El Alto.
La penetración de la ultraderecha en los gobiernos es muy preocupante no solamente para la democracia, sino para propia vida de la población. Los sectores de la ultraderecha, al igual que Cerimedo, no pestañean cuando se debe tomar la decisión del uso de la violencia sea a nivel estatal con el afán de disciplinar aquellos sectores, sobre todo, populares que no están en consonancia con las ideas que profesan aquellos sectores afines a la ultraderecha. El fascismo del siglo XX fue un ejemplo ilustrativo de este proceder autoritario.
Por eso, la penetración de los Cerimedos en las esferas gubernamentales representa un peligro para la vida de los ciudadanos, sino pregunten a Nadia Beller, ex pareja del asesor argentino. Por eso debemos sentirnos aliviados que, en Brasil, José Ignacio Lula, frenó al bolsonarismo, icono irrefutable de la ultraderecha de estos tiempos.
(*) Sociólogo y periodista.





