Desigualdad en la contaminación del aire en el hogar
Muchas de las personas que leen este artículo seguramente cocinan con electricidad o gas, y la mayoría también tiene un sistema de extracción de aire. Por eso, la contaminación que genera cocinar no les causa muchos problemas. Quizás solo cuando hacen una parrillada en el jardín y el humo les llega de lleno, pero eso ocurre pocas veces. La situación es completamente diferente para las personas con un nivel sociodemográfico más bajo. Muchas de ellas cocinan con leña, carbón u otro tipo de biomasa, lo que produce mucho humo y daña la salud.
Por ejemplo, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) causa cada año más de 3,4 millones de muertes, y la contaminación del aire en el hogar es uno de los factores que contribuyen a ellas. Sin embargo, su peso varía mucho. En los países con un nivel sociodemográfico alto, solo el 0,63 % de las muertes por EPOC se atribuye a la contaminación en el hogar, mientras que en los países con un nivel sociodemográfico bajo esa cifra llega al 46,1 %. Vemos diferencias igual de extremas en otras enfermedades, como la diabetes, el accidente cerebrovascular, los trastornos neonatales y las infecciones de las vías respiratorias inferiores (IVRI).
Estas son diferencias entre países, pero no es un supuesto descabellado pensar que también existen dentro de cada país. Todos los países tienen regiones con distintos niveles económicos y de desarrollo. Por lo tanto, es muy probable que incluso los países clasificados con un nivel sociodemográfico alto tengan regiones donde las muertes atribuibles a la contaminación del aire en los hogares son mucho más altas de lo que indica el promedio nacional. En Bolivia, el 7,2 % de las muertes por EPOC se debe a esta contaminación, pero es fácil imaginar que la exposición varía mucho de un hogar a otro.
Queda claro, entonces, que muchas medidas contra la contaminación tienen un mayor impacto en la salud de las personas con un nivel sociodemográfico bajo. Ellas son las más vulnerables, pero no todas tienen el poder político o económico para impulsar estos cambios. Cambiar la forma de cocinar es difícil, y esa tarea corresponde a quienes que sí tienen la capacidad de hacerlo. Con intervenciones como subsidios, campañas de sensibilización y asistencia técnica, se puede reducir la carga para la salud y, al mismo tiempo, mejorar la economía y reducir la desigualdad.





