El valor de los intentos fallidos

Todo el tiempo tenemos preguntas en la cabeza. Algunas son simples, otras más difíciles. En muchos casos, ver las noticias o buscar en internet nos ayuda a encontrar la respuesta, pero en otros hace falta un experimento o una investigación sofisticada. Por ejemplo, hace un mes la NASA canceló el rescate del telescopio Swift tras fallar la nave Link de Katalyst por problemas de control. Después de más de 20 años observando explosiones cósmicas, el telescopio caerá y se desintegrará hacia octubre. Un intento que costó más de 30 millones de dólares. "Este no es el resultado que buscábamos, pero no cambia por qué valió la pena intentar esta misión", dijo Jared Isaacman, administrador de la NASA.

Muchas veces no sabemos el resultado hasta que realmente lo hemos intentado. Cuando lo logramos, somos héroes; cuando fallamos, perdedores. Y peor aún: los pesimistas dirán, en ese último caso, que era obvio que no lo iban a conseguir.

Pero, como dijo Isaacman, "valió la pena". Y detrás de eso hay mucho más: un riesgo calculado. En el caso de este telescopio, su destino era desintegrarse al descender de su órbita. Entonces, gastar 30 millones para intentar rescatarlo tenía sentido, con tal de no perder el Swift, que costó más de 250 millones. Sabían que era un riesgo; quizás la probabilidad de éxito era solo del 25%, pero, aun así, el 25% de 250 millones es más que el costo del intento, de 30 millones. Un riesgo calculado.

Muchos avances tecnológicos son riesgos calculados. Pero esto no significa que, cuando un intento falla, solo hayamos perdido. La experiencia de cada intento ayuda a mejorar los futuros. Seguramente la NASA ya está analizando qué salió mal. Claro, han perdido el telescopio, pero con ese nuevo conocimiento es más probable que un futuro rescate tenga éxito. Y, además del conocimiento, es posible que encuentren nuevas tecnologías que no solo sirvan para la exploración espacial, sino también para la gente. El wifi surgió por accidente cuando el astrónomo australiano John O'Sullivan intentaba detectar mini agujeros negros; nunca los encontró, pero su método para limpiar señales de radio débiles hizo posible la conexión inalámbrica actual.

Muchas veces las investigaciones o los intentos no dan el resultado que esperamos, y eso no significa que hayan sido en vano: siempre hay valor. Así que acuérdate de esto cuando algo no salga como esperabas: no te deprimas y disfruta de los resultados ocultos.


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