No todo lo que brilla es bueno

Estos días Europa sufre una ola de calor. Y no es solo el calor lo que amenaza nuestra salud: la radiación solar puede dañar la piel hasta provocar cáncer y, en los casos más graves, la muerte. Solo en Estados Unidos se estima que cada año mueren unas 8.510 personas por cáncer de piel, y cerca de 60.000 en todo el mundo.

¿Pero qué ocurre exactamente cuando el sol incide sobre nuestra piel para que resulte tan peligroso? Cuando la luz ultravioleta llega a la piel durante mucho tiempo, daña el ADN de las células y va debilitando el sistema inmune, que es precisamente el encargado de reparar ese daño. Con los años, ese deterioro puede derivar en un tumor. No sucede en un día: es un efecto acumulativo a lo largo de la vida.

Un detalle interesante es que el riesgo depende del tipo de piel. Las personas de piel clara y cabello rojo son las más vulnerables. No hay cifras exactas, pero las estimaciones que comparan la piel oscura con la clara apuntan a un riesgo hasta un 70% mayor en esta última. Eso sí, que nadie se confíe: tener la piel oscura no elimina el riesgo. Exponerse muchas horas al sol es igual de peligroso.

¿Entonces qué podemos hacer? Lo más eficaz es evitar el sol en las horas de mayor intensidad, normalmente entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, e ir buscando la sombra siempre que se pueda. Lo segundo es la ropa. Es más cómodo ir en pantalón corto, manga corta o top, pero así se expone más piel; conviene cubrirse todo lo que resulte llevadero y usar sombrero. Lo tercero es la crema solar: elige una buena, de amplio espectro, y aplícala en cantidad suficiente. Mucha gente se pone tan poca que apenas protege. Repite la aplicación cada dos horas, o más a menudo si te bañas.

Quizá estas medidas no resulten muy atractivas, pero son eficaces. Haz todo lo que puedas para evitar, como mínimo, las quemaduras solares y, a largo plazo, el cáncer de piel.

 


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