Lo conflictivo y la conflictividad en la sociedad boliviana
No toda sociedad que tiene conflicto es conflictiva; una sociedad se vuelve conflictiva cuando el conflicto ya no es una excepción y se convierte en una forma habitual de convivencia política
En la obra Conflictología: Entender y actuar en la complejidad de la conflictividad social y política, de los conflictólogos César Rojas Ríos y Alejandro Nató, se desarrolla una multiplicidad de conceptos respecto a la dinámica de manifestación del conflicto entre actores conflictivos. Sin embargo, un concepto resonante empleado por estos expertos es la diferenciación entre "sociedad con conflictos" y "sociedad conflictiva". Ambos conceptos, aunque similares, describen dos tipos de sociedades con prácticas sociales completamente distintas.
La sociedad con conflictos describe una sociedad en la cual el surgimiento de conflictos se remite a un hecho poco común, llegando este a ser un fenómeno que se presenta raramente y cuya solución es efectiva y eficiente, incluso en caso de tratarse de un conflicto a gran escala. Por otro lado, la sociedad conflictiva describe un tipo de sociedad en la cual el surgimiento de conflictos se remite a un hecho constante y común. Los conflictos se convierten en algo común e incluso son asumidos como parte de la normalidad. En este escenario, su resolución es compleja, pudiendo ser efectiva, pero no siempre eficiente en el tiempo.
Sin embargo, esta clasificación conciliada por Rojas y Nató deja abierta una cuestión más profunda: ¿Todos los conflictos transforman positivamente una sociedad o existen conflictos cuya dinámica reproduce indefinidamente las mismas contradicciones?
Para responder, se debe entender que el concepto de lo conflictivo contiene una arista abstracta interesante para su análisis. El conflicto, dentro de las sociedades, puede ser un elemento constante o no y conlleva necesariamente a una superación o empeoramiento de las condiciones por las cuales se origina. Es, en esencia, dialéctico; sin embargo, ha de hacerse una importante distinción: no todo conflicto produce dialéctica progresiva. Entiéndase por dialéctica progresiva la capacidad del conflicto para producir transformaciones institucionales capaces de superar las condiciones que le dieron origen. Resuélvase, por ende, que todo conflicto es dialéctico, pero la dirección de esta dialéctica puede ser progresiva o regresiva. Dentro de la tradición dialéctica hegeliana, la confrontación de las contradicciones tiende a entenderse como un movimiento constante de superación (Aufhebung). Pero la experiencia política muestra que muchos conflictos no producen síntesis superiores, sino que reproducen las mismas contradicciones una y otra vez, manifestándose así una dialéctica regresiva. Una instancia en la cual, frente al fallo de la síntesis integradora progresiva, el movimiento dialéctico se limita a repetir lo viejo conocido y reproducirlo nuevamente hasta lograr superarlo, dando lugar a la dialéctica regresiva.
En este sentido, resulta útil describir dos manifestaciones de la dialéctica: por un lado, la dialéctica progresiva y, por otro, la dialéctica regresiva. La primera describe conflictos cuya resolución produce una organización superior del orden político y social. La segunda refiere a aquellos conflictos que, lejos de superar sus contradicciones, las reproducen constantemente, cambiando únicamente sus protagonistas o sus formas de manifestación.
Bajo esta perspectiva surge una pregunta inevitable en el contexto boliviano: ¿Nos encontramos frente a una sociedad cuyos conflictos producen transformaciones duraderas o frente a una conflictividad que reproduce indefinidamente las mismas tensiones bajo nuevos escenarios políticos?
Pues, según el reporte oficial de conflictividad realizado en el primer trimestre de 2026 por la Defensoría del Pueblo, el Sistema Inteligente de Monitoreo, Análisis y Alerta Temprana (SIMAT) registró un total de 176 eventos de conflictividad, de los cuales 157 corresponden a conflictos activos y 19 a anuncios de conflicto. Frente a los 841 conflictos registrados durante 2025 por la misma institución, ello significa que, en promedio, Bolivia registró más de dos hechos de conflictividad cada día durante esa gestión. Tales datos permiten sostener que la conflictividad en Bolivia no constituye un fenómeno excepcional, sino una manifestación recurrente de la dinámica política y social del país.
Los datos empíricos de la Defensoría del Pueblo resultan consistentes con la caracterización teórica de Bolivia como una sociedad conflictiva desarrollada por César Rojas y Alejandro Nató. No obstante, la respuesta definitiva queda en el ciudadano de a pie que vive el día a día en nuestra nación.
Mientras el conflicto continúe reproduciendo las mismas contradicciones sin traducirse en transformaciones institucionales duraderas, Bolivia difícilmente dejará de ser una sociedad conflictiva para convertirse en una sociedad capaz de resolver políticamente sus diferencias.





