¿Por qué en Bolivia no existe un solo pensamiento internacionalista?

Un mapa interpretativo de las corrientes del pensamiento internacionalista boliviano

Las recientes discusiones en la Mesa de Geopolítica y Relaciones Internacionales del II Encuentro del CIDES, al cual asistí como ponente, me permitieron afinar una sospecha que venía madurando: existe un malentendido persistente, esto es, la tendencia a hablar de la política exterior boliviana como si respondiera a un interés nacional unívoco y monolítico. Frente a esa ilusión de homogeneidad, yo propongo la tesis de partida de que el pensamiento internacionalista boliviano no es uniforme, sino que se articula en corrientes claramente diferenciables.

Cada una de estas corrientes posee su propio entramado de mitos, utopías, objetivos estratégicos, sujetos históricos que las instauran y epígonos que las reproducen y que por el momento no describiré porque mi intención no es taxonómica, sino proponer una cartografía de modelos ideales que permita orientarse en un terreno difuso. Entre ellas no existe un aislamiento absoluto; más bien, conviven en un dinámico espacio de préstamos conceptuales, tensiones, rechazos mutuos e intentos recurrentes por posicionarse como la única narrativa legítima de la política exterior boliviana. Asimismo, ninguna de estas tradiciones es estática; mutan en sus formas y se adaptan a las circunstancias históricas conservando, no obstante, el núcleo originario de sus planteamientos.

A partir de este marco, es posible identificar, de forma indicativa, al menos cinco corrientes dentro del pensamiento internacionalista boliviano: 

1.       El irredentismo marítimo

Es la tradición volcada hacia la cuestión del enclaustramiento y la restitución del acceso soberano al Océano Pacífico. Se ha estructurado sobre una matriz predominantemente juridicista e historiográfica, enfocada en el análisis de tratados, derechos de soberanía y antecedentes diplomáticos, aunque sus alcances teóricos trascienden lo estrictamente legal para convertirse en un pilar identitario y práctico de la diplomacia boliviana. 

2.       La centralidad geográfica

Una corriente surgida a partir del pensamiento de figuras como Julio Mendez, Jaime Mendoza y Alberto Ostria en su etapa clásica, y posteriormente durante el ciclo neoliberal gracias a la Unidad de Análisis de la Política Exterior UDAPEX, retorna hoy a la Cancillería. Esta postura parte de la premisa de una supuesta«centralidad geográfica» de Bolivia en el continente, sugiriendo que de dicha condición se deriva de forma natural una política exterior neutral y orientada a la articulación logística y bioceánica con la región. 

3.       El nacionalismo de los recursos naturales

Surgida al calor de los debates posteriores a la Guerra del Chaco, esta corriente emerge en gran medida como una respuesta crítica a la visión mecanicista de la centralidad geográfica. A diferencia de esta última, esta vertiente sitúa en el centro la lucha de los sujetos históricos y populares, con referentes teóricos y políticos como Carlos Montenegro, Sergio Almaraz y Marcelo Quiroga Santa Cruz, entre otros. Postula que la industrialización y el control soberano sobre los recursos estratégicos son condiciones indispensables para alcanzar una verdadera autonomía frente al imperialismo estadounidense o cualquier otra hegemonía externa. 

4.       La reconstitución del espacio-tiempo andino

Se trata de una corriente subterránea pero de honda continuidad en la región, enfocada en la integración y el reordenamiento de los espacios andinos compartidos (particularmente en el eje BoliviaPerú). Hunde sus raíces en el periodo colonial con la Nueva corónica y buen gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala, y encuentra manifestaciones de praxis política en las revoluciones indígenas de Túpac Amaru, Túpac Katari, Bartolina Sisa y Micaela Bastidas. Posteriormente, adquiere forma estatal bajo el proyecto de la Confederación Perú-Boliviana impulsado por el Mariscal Andrés de Santa Cruz Calahumana, y mantiene vigencia intelectual a través de pensadores como Julio Alberto DAvis, enfocados en la integración andina. En el horizonte contemporáneo, esta tradición reapareció y se reconfiguró adaptándose a los nuevos tiempos bajo la formulación de la «Diplomacia de los Pueblos». 

5.       La vertiente militar

Es una tradición surgida principalmente de las experiencias provocadas por las pérdidas territoriales y los conflictos bélicos. Esta corriente busca definir las doctrinas de inserción internacional y relacionamiento estratégico de Bolivia a partir de la soberanía física del territorio y la defensa nacional. A lo largo del siglo XX ha experimentado transformaciones complejas. Mutó desde el nacionalismo militar post Guerra del Chaco hacia marcos influenciados por la Doctrina de la Seguridad Nacional estadounidense, manteniéndose como un cuerpo de pensamiento latente, aunque con menor grado de sistematización teórica que las vertientes civiles. Y aquí, y dicho sea de paso, valga un llamado contra la indiferencia que encubre el legado del pensamiento de Vicente Rojo, militar español jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República durante la guerra civil española, exiliado durante casi una década en Bolivia donde impartió cátedra de Historia Militar y Arte de la Guerra en la Escuela de Estado Mayor del Ejército de Bolivia en Cochabamba. Su pensamiento es una gran contribución todavía desconocida en Bolivia.

Es fundamental recalcar que estas corrientes se encuentran plenamente vigentes y son conceptualmente distinguibles entre sí. Sin embargo, su distinción teórica no implica que existan como compartimentos estancos; por el contrario, a lo largo de la historia boliviana han sostenido un ejercicio constante de préstamos conceptuales, solapamientos y convivencias en el seno de un mismo gobierno o periodo coyuntural. Muchas veces, estas convivencias se producen de manera inconsciente. Por ejemplo, durante los gobiernos del MAS, convivieron el Nacionalismo de los Recursos Naturales con la Reconstitución del Espacio-Tiempo Andino y, durante un tiempo, todas las anteriores con el Irredentismo Marítimo. Y ello resulta, pienso yo, de que el pensamiento internacionalista boliviano ha sido predominantemente pragmático, cuando no reactivo y orientado a la coyuntura, manifestando una incapacidad crónica de autorreflexión crítica respecto a su propio estatus epistemológico. En todo caso, el pasado nos demuestra que la política exterior boliviana es, por definición, un terreno en disputa entre múltiples corrientes.

Esta constatación sobre la pluralidad de enfoques y la necesidad de un examen epistemológico en Bolivia no es un caso aislado. Responde a una dinámica análoga a la que atraviesa al pensamiento internacionalista latinoamericano, el cual, lejos de ser un bloque monolítico, está compuesto por diversas corrientes en constante tensión. Por ello, la existencia de diferentes corrientes del pensamiento internacionalista en un país no es un síntoma inequívoco de confusión ni debilidad estratégica; es, ante todo, la prueba de que la política exterior no es un fenómeno puramente técnico ni neutro, sino la extensión natural de las disputas internas por el poder, la economía y la identidad.


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