Legión extranjera
Algunos reportes dicen que el primer grupo de mercenarios del que se tiene registro, actuó en el 2050 antes de cristo en Ur, reino situado en el actual territorio de Irak. De ahí en adelante (y seguro un poco atrás) las actuaciones de soldados extranjeros a sueldo, en las guerras que libró la humanidad, han sido frecuentes. Griegos, persas y romanos utilizaron soldados extranjeros pagados y en la Italia del medioevo, fracturada en diversas guerras intestinas, se constituyeron pequeños ejércitos independientes que peleaban para el mejor pagador.
Sin embargo, es necesario diferenciar entre el “mercenario” puro y simple, y el soldado u oficial que va a pelear a un conflicto ajeno a su nacionalidad, por determinadas ideas políticas. ¿Los numerosos oficiales europeos que se unieron a los ejércitos americanos en nuestras guerras de la independencia eran mercenarios o patriotas? Seguramente había miembros de ambas categorías, aunque sospecho que los primeros constituían una amplia mayoría. Y lo que seguramente ocurrió en muchos casos, es que de ser “soldados alquilados”, varios pasaron a ser ciudadanos leales a su nuevo país. En todo caso la base para que tantos oficiales se vinieran a las Américas estuvo en que, al finalizar las guerras napoleónicas a principios del siglo XIX, quedo una enorme cantidad de “mano de obra desocupada” en oferta.
En Bolivia, y en Tarija en particular, tuvimos una importante contribución de estos “patriotas importados”: el irlandés Francisco Burdett O connor además de tener un rol destacado en una batalla como la de Junín, fue un actor clave en el proceso de incorporación de Tarija a Bolivia, donde finalmente se afincó, dejando profusa y en algunos casos muy destacada descendencia. El Mariscal Otto Felipe Braun, de origen alemán también sirvió en las guerras de la independencia, aunque su hazaña más importante fue la de conducir los ejércitos bolivianos que derrotaron al ejercito de Rosas, en la guerra Boliviano Argentina en 1838, en la batalla de Montenegro que se libro en la cuesta de Cuyambuyo (a unos 100 kilómetros de distancia de Tarija), donde también pelearon O Connor y el célebre Moto Méndez. La guerra termino de definir la pertenencia de Tarija a Bolivia, y lamentablemente es muy poco recordada por los historiadores y la parafernalia oficial. Si no fuera por un popular club de futbol, los bolivianos rara vez escucharíamos el apelativo de “Mariscal Braun”.
Años más tarde, ya en las primeras décadas del siglo XX, el también alemán Hans Kundt, se encargó de modernizar al ejercito boliviano, y de dirigirlo en la primera etapa de la guerra del chaco, aunque en este caso, lamentablemente, con resultados desfavorables.
Pero si hay un ejército que creo una verdadera “mística” alrededor del reclutamiento de soldados extranjeros, es el francés, a través de la glamorosa “legión extrajera”. Este cuerpo militar fue creado en 1831 para “aprovechar” la enorme cantidad de refugiados extranjeros que llegaban a Francia, muchos de los cuales eran perseguidos por la justicia. La intención en este sentido era tan clara, que la “legión” daba a los postulantes la posibilidad de tener un “nuevo comienzo” La recompensa por el servicio, además del sueldo y el “refugio”, sigue siendo la nacionalidad francesa, después de determinado número de años de servicio. Libros, revistas y películas han construido durante años una imagen idílica de la “Legión”.
Sin duda la realidad distó mucho de la versión romantizada que los relatos brindan de esta práctica, y sobre todo en el caso de los soldados rasos, estuvo impregnada de engaño, manipulación y aprovechamiento de las condiciones de miseria y desesperación en que vivían los “reclutados”.
En estos días en Bolivia, estamos descubriendo una de las peores versiones de un sistema de captación de “voluntarios” para un ejercito extranjero, en este caso el ruso. Los testimonios que van emergiendo, hablan de engaño, falta de transparencia, incomunicación con los familiares, etc., etc. Pero dolorosamente, el telón de fondo es el de un Estado nacional, incapaz de proveer una perspectiva cierta de bienestar a la mayor parte de sus jóvenes, llegando al punto, de que algunos de estos, voluntariamente, se arriesguen encontrar la muerte en un territorio desconocido de idioma y cultura distintos, rodeados de gente de extraña, de idioma distinto.
Lo poco que se conoce de quienes fueron reclutados, no nos habla de criminales, ni delincuentes que necesiten un "nuevo comienzo”, sino más bien de padres que no llegan a la treintena y que desesperadamente buscan opciones para construir un futuro viable para sus hijos.
Veremos si las autoridades cumplen, más allá del titular de prensa de esta semana, con la intención anunciada de desarticular seriamente estas redes de trata. Pero más allá de ello, este “caso” es uno más de los que brindan testimonio de la precariedad con la que se valora la vida en nuestro territorio.
La Bolivia “capital” de la venta de órganos en el continente (recordemos la frase del periodis argentino Jtaorge Lanata, cuando dijo que, frente a su insuficiencia renal, le quedaba la alternativa de hacer una larga cola esperando un trasplante, o trasladarse a Santa Cruz – Bolivia, para comprar uno “rápido”). La Bolivia de los chicos abandonados en las calles, de las cárceles convertidas en auténticos infiernos. Un país donde el radar de la política, más allá de las distintas denominaciones, solo parece ser capaz de detectar “obras” y “licitaciones”.
La mediocridad política y la precariedad estatal dan como resultado, una permanente devaluación del valor de la vida en nuestro país, y el fenómeno del “reclutamiento ruso”, resulta siendo un nuevo tipo de manifestación de ese fenómeno continuo.


