El partido que nadie quiere jugar - la otra cara

El Mundial, con toda la ilusión que despierta, suele sentirse como una fiesta compartida. Es reunirse con la familia, encontrarse con amigos, organizar un asado, llenar los grupos de WhatsApp de mensajes, discutir cada jugada, hacer apuestas y alentar con pasión al equipo favorito. Para quienes crecimos en Latinoamérica, el fútbol va mucho más allá del deporte. Es identidad, memoria y una excusa para abrazarnos, sufrir, celebrar y sentir que, por noventa minutos, todos jugamos el mismo partido.

No todas las casas viven el Mundial de la misma manera. En algunas, el volumen de la televisión no alcanza para esconder la tensión. El alcohol no trae festejo, trae miedo. Un gol no siempre termina en un abrazo. Y una derrota no siempre acaba cuando el árbitro pita el final. Mientras algunos discuten si hubo fuera de juego, otras esconden las llaves del auto para evitar que su pareja conduzca bajo los efectos del alcohol. Mientras unos celebran un gol, otras piensan cuidadosamente el tono con el que responderán una pregunta para evitar una discusión que pueda convertirse en algo mucho peor. Y esa también es una realidad del Mundial. No porque el fútbol genere violencia, ni porque todos los aficionados sean violentos. Sino porque, en hogares donde la violencia ya existe, el consumo excesivo de alcohol, la frustración, las apuestas y la intensidad emocional del torneo pueden convertirse en detonantes.

La preocupación no pertenece solo al pasado ni se limita a los estudios académicos. Durante este Mundial 2026, distintas instituciones y organizaciones han vuelto a encender las alertas. En Inglaterra y Gales, la Fiscalía advirtió que esperaba un aumento de los casos de violencia doméstica durante el torneo e hizo un llamado a las víctimas a buscar apoyo. El mensaje fue claro: el fútbol no causa la violencia, pero el alcohol y la intensidad emocional de estos eventos pueden agravar situaciones de abuso que ya existen. En Norteamérica, organizaciones que administran refugios para víctimas de violencia en Canadá, México y Estados Unidos lanzaron una campaña conjunta para advertir sobre el incremento del riesgo de violencia contra las mujeres durante la Copa Mundial.

En México, además, UNICEF, ONU Mujeres y UNFPA impulsaron la campaña “En equipo contra la violencia familiar”, con el objetivo de visibilizar una realidad que suele quedar fuera de la conversación mientras millones de personas celebran el torneo. Estos llamados actuales respaldan lo que la evidencia científica viene mostrando desde hace años. Un estudio de la Universidad de Lancaster, publicado en 2013 en el Journal of Research in Crime and Delinquency, analizó reportes policiales de violencia doméstica durante los Mundiales de 2002, 2006 y 2010 y encontró que los casos aumentaban un 26 % cuando la selección inglesa ganaba o empataba y un 38 % cuando perdía. Otro estudio, basado en datos de la policía de West Midlands entre 2010 y 2019, encontró que los incidentes relacionados con el consumo de alcohol aumentaban hasta un 47 % el día de una victoria.

No es el fútbol el problema

Hablar de esta realidad no significa afirmar que todos los aficionados sean violentos, ni que el deporte sea la causa. Significa reconocer que existen miles de familias para las que estos días representan un riesgo mayor y que ignorarlo no hará que desaparezca. Los grandes eventos deportivos no generan la violencia, pero sí pueden intensificar riesgos que ya existen cuando se combinan con el consumo excesivo de alcohol, la frustración o relaciones marcadas por el abuso. Tal vez este Mundial también sea una oportunidad para mirar un poco más allá del marcador. Para disfrutar del deporte con responsabilidad, intervenir si presenciamos una situación de riesgo y acompañar a quien pueda necesitar ayuda.

No se necesita tener certeza absoluta para actuar. A veces, una sospecha razonable, una conversación o una llamada pueden ser suficientes para activar una red de protección. Escribí este artículo porque, al igual que millones de personas, también disfruto el Mundial. Me emocionan los partidos, las historias que deja el fútbol y la forma en que logra reunirnos. Pero precisamente porque el Mundial nos une, también puede ser un buen momento para mirar alrededor y preguntarnos si alguien cerca de nosotros no la está pasando tan bien. El verdadero triunfo no siempre aparece en el marcador. Hay personas que recordarán exactamente dónde estaban cuando su selección hizo un gol histórico. Otras recordarán exactamente dónde estaban cuando comenzó la peor noche de sus vidas. Si tú o alguien cercano está viviendo una situación de violencia o riesgo, busca ayuda en los servicios de emergencia o en las líneas de atención disponibles en tu país. A veces, estar presentes en la vida de una mujer, un niño o cualquier persona que atraviesa una situación de violencia puede hacer una diferencia enorme. No dejemos que el festejo ponga en riesgo a quienes más queremos.


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