Los accidentes de trafico – prioridad de la salud pública: métodos para repensar la planificación urbana

Las lesiones por accidentes de tránsito suelen reportarse como sucesos aislados: otro choque, otra víctima mortal, otra noticia. Sin embargo, desde la salud pública, revelan un problema más profundo. Entre 2019 y 2024, Bolivia registró 104.000 accidentes de tránsito, que resultaron en 50.000 heridos y 6.700 muertes. Más del 80% de los heridos y el 70% de muertes ocurrieron en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. Estas 3 ciudades albergan a casi 6 millones de personas, o más del 70% de la población boliviana, y continuo crecimiento urbano. Este crecimiento también significa un aumento de los motorizados, congestión, contaminación, y accidentes. El problema de transporte es ahora uno de los desafíos de salud pública más acuciantes de Bolivia.

Los accidentes de tránsito no son sólo el resultado de errores individuales. Surgen de la interacción entre la planificación urbana, el diseño vial, los patrones de movilidad, la  aplicación de la ley, la calidad ambiental y el comportamiento humano. Las calles están diseñadas principalmente para vehículos en lugar de personas. Los espacios verdes públicos se han limitado, y la infraestructura peatonal es inadecuada. Las velocidades excesivas ayudan a los accidentes. Un método de pensamiento sistémico ayudaría a mejorar las cosas "¿Por qué el sistema urbano produce repetidamente accidentes?" ¿”cómo la salud publica, el municipio, la planificación urbana y tránsito pueden a mejorar la calidad vida de las personas? Y ¿cómo esta colaboración puede llevar a reducir los accidentes?”. El cambio de perspectiva abre la puerta a soluciones más sostenibles y efectivas.

Responsabilidad gubernamental: Diseño de ciudades más saludables y seguras. Menos accidentes ocurren cuando las calles se reducen en tamaño y se reconoce que los autos pueden ir a velocidad si no se los frena. ¿qué se puede diseñar para frenar la velocidad? Arboles, macetas gigantes son un paisaje natural que ayudan a reducir los espacios de calle y automáticamente la velocidad. Las personas, las bicicletas, las motos, los buses, los autos son todos parte de un trafico ¿cómo se puede priorizar a cada uno? ¿cómo se puede utilizar la IA para controlar el tráfico y enviar multas automáticas a falta de personal en las calles?.

Los gobiernos pueden transformar el entorno urbano mediante intervenciones basadas en la evidencia. Las calles pueden rediseñarse evitando largas avenidas rectas, separando con calles pequeñas para las zonas urbanas, reduciendo permisos de negocios y ampliando las aceras con calles arboladas, y zonas verdes de amortiguación, que no solo embellece la ciudad, reduce las temperaturas y mejora el aire, sino que también reduce la velocidad. Al mismo tiempo, esto da acceso al peatón a volver a utilizar las calles lo que los mantiene en movimiento. En zonas escolares o de hospitales, se pueden agregar macetas gigantes a las calles que generan espacios de parqueo fijos entre arboles y reducen sustancialmente los riesgos de accidentes mientras que mejoran la calidad de vida. En lugar de tratar la seguridad vial asilada, pueden integrarse esfuerzos y conocimientos que ayuden a generar intervenciones integrales que contribuyan al desarrollo urbano, medioambiental y a la calidad de vida.

Responsabilidad de la población: Los gobiernos por sí solos no pueden crear ciudades seguras. El comportamiento seguro va más allá del cumplimiento de las leyes de tráfico; refleja un compromiso colectivo de protegernos mutuamente. Respetar los límites de velocidad, evitar el consumo de alcohol y el uso del teléfono móvil al volante, usar el cinturón de seguridad, ceder el paso a los peatones y practicar la conducción defensiva son decisiones cotidianas que pueden prevenir tragedias.

Si el exceso de velocidad, la conducción agresiva o el incumplimiento de las normas de tránsito se vuelven socialmente aceptados, el comportamiento inseguro se retroalimenta. Por el contrario, cuando las escuelas promueven la seguridad vial, los empleadores fomentan la conducción responsable, las comunidades abogan por calles más seguras y los ciudadanos participan activamente en los procesos de planificación local, se crean ciclos de retroalimentación positiva que fortalecen una cultura de prevención. Por lo tanto, la seguridad vial debe entenderse no solo como una responsabilidad individual, sino como un valor social compartido que refleja el respeto mutuo a la vida y al cuidado del bienestar de los demás. ¿cómo intervenimos cuando alguien que queremos está conduciendo mal?

Más allá de los accidentes, veamos una ciudad más saludable. Las lesiones por accidentes de tránsito no son consecuencias inevitables; son resultados predecibles de cómo se planifican, gobiernan y viven en las ciudades. El pensamiento sistémico ofrece un marco poderoso para comprender estas interacciones complejas al reunir a profesionales de la salud pública, municipios, planificadores urbanos, especialistas del transporte, medioambientales, arquitectos, y otros bajo un objetivo común, mejorar la calidad de vida. Los métodos sistémicos ayudan a identificar las causas, los puntos de influencia donde las intervenciones coordinadas pueden tener el mayor efecto.

Al integrar un diseño de calles más seguro, movilidad sostenible, zonas verdes urbanas, políticas basadas en evidencia y participación comunitaria activa, las ciudades de Bolivia pueden reducir simultáneamente los accidentes de tránsito, mejorar la calidad ambiental, promover la actividad física y potenciar el bienestar mental. En este sentido, la seguridad vial es mucho más que un objetivo de transporte: es una inversión en ciudades más saludables, habitables y equitativas.


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