Bolivia eligió presidente a Rodrigo Paz en un balotaje sin izquierda

Rodrigo Paz y Edman Lara han ganado la elección presidencial boliviana con casi el mismo porcentaje de votos que obtuvo el actual presidente, Luis Arce, en 2020 (53% y 55%, respectivamente). Han ganando en los mismo territorios que en el pasado ganó el partido de Arce y de Evo Morales antes de la guerra fratricida entre ambos, el Movimiento al Socialismo (MAS), incluidos lugares que eran cerradamente evistas, como la zona cocalera del Chapare. El balotaje boliviano estuvo marcado por la exclusión de la izquierda. La victoria de Paz marca el inicio de una nueva etapa política, sin el MAS y sin la ideología nacionalista y estatista de este. Sin embargo, no han dejado de importar las identidades, que se consolidan como el eje de disputa por el poder… como siempre termina pasado en Bolivia. Varios analistas han presentado el enfrentamiento entre Paz y Quiroga como la repetición de una vieja polaridad nacional: “cholos” versus “caballeros”, sectores populares que solían votar por el MAS y ahora apoyaron a Paz y sobre todo a Lara, contra las élites y sus apoyos de clase media. Por primera vez en dos décadas el país celebró una elección presidencial sin la participación directa o indirecta de Evo Morales.

Su ausencia marcó un punto de inflexión no solo simbólico, sino estructural. Ese quiebre interno dejó a la izquierda fuera del balotaje, así que el eje identitario de la contienda tuvo que encontrar representantes fuera del MAS, ahora dividido en varias facciones. Se está produciendo una recomposición compleja, en la que por primera vez las mayorías se alinean detrás del poder sin la mediación del MAS. 

Las razones por las que la izquierda perdió el poder son múltiples. Por un lado, hay un desgaste natural después de tantos años de gobierno; también influye el giro del péndulo hacia la derecha que afecta a muchos países. Pero esto no hubiera llevado a la actual catástrofe sin el fracaso de los liderazgos. Tanto Evo Morales como Luis Arce han priorizado sus ambiciones individuales por encima del interés colectivo. La falta de una transición generacional ordenada, la obstinación por continuar siendo las cabezas visibles del espacio político y la escasa autocrítica interna han sido factores decisivos para el debilitamiento del proyecto popular y la fractura de las lealtades de los movimientos sociales. El desplazamiento del bloque popular no ha significado, claro, su desaparición. La  masa buscó nuevas opciones electorales el 17 de agosto, fecha de la primera vuelta electoral, y entonces emergió un binomio inesperado: Paz-Lara.Edman Lara logró ser el representante de la Bolivia emergente tras la modernización de las últimas décadas: una Bolivia urbana, chola, preocupada por el trabajo y conectada todo el tiempo a las redes sociales. Los nuevos bolivianos que produjo el “proceso de cambio” liderado por Evo. 

Las encuestas y el voto oculto

Las encuestas previas realizadas por separado por la Red UNITEL y la Red UNO anticipaban la victoria de Tuto Quiroga y proyectaban un escenario polarizado. Ambas mostraban un dato llamativo: la existencia de un voto de indecisos y escépticos que alcanzaba hasta el 18%. Esta franja, la menos destacada mediáticamente, fue la que definió el balotaje. Este fenómeno no es nuevo. En Bolivia, la gente del bloque popular tiende a esconder su voto. La razón es que, al polarizarse las campañas y terminar cargándose de tintes racistas, no revelar lo que se hará sirve para evitar ser discriminado. 

Por otro lado, fue clave el descubrimiento de unos tuits racistas que salieron de la cuenta de X de Juan Pablo Velasco, candidato a vicepresidente de Quiroga, que actividaron clivajes que no estaban presentes en la campaña: la cuestion indígena, el histórico antagonismo entre el oriente (Santa Cruz) y el occidente del país (La Paz). Los tuits se estrellaban contra los “collas”, es decir, los habitantes del occidente del territorio que la final le dieron la victoria a Paz. Esta elección no se explicó por el clásico clivaje izquierda/derecha. Lo que se manifestó fue de nuevo la oposición entre élite/pueblo, pero no en su versión masista (campo versus ciudad, Estado versus mercado), sino en términos de la siguiente disyuntiva: la vuelta al orden conservador con Quiroga o el mantenimiento del pluralismo popular. Quiroga representaba el regreso al neoliberalismo. Paz-Lara, en el fondo, no desafían radicalmente al modelo económico masista; por lo menos hasta ahora solo han planteado ajustarlo para enfrentar la actual crisis económica.

Un mapa político reconfigurado

Tras las elecciones, no hay una hegemonía clara, el bloque popular ha demostrado que puede moverse, reconfigurarse y castigar a quienes lo representan mal, pero su apoyo a Lara es instrumental antes que orgánico. La izquierda, fragmentada, deberá repensarse, ser autocrítica, ser capaz de devolverle la confianza a la gente. Si la debacle del MAS no fue porque a este partido le faltara un proyecto país y ni siquiera por la crisis económica, sino por las faltas morales dentro del proyecto, las cuales no habían recibido el suficiente rechazo interno. Que el MAS tuviera acusados por violencia contra las mujeres terminó siendo inaceptable para la sociedad.Culpar a poderes externos del fracaso es de una deshonestidad intelectual notable. La crítica interna no favorece  a la derecha; este es un mito. 

Edman Lara tuvo un gesto intrigante luego de que se conocieran los resultados que le daban el cargo de vicepresidente. No se presentó a lado de Rodrigo Paz que estaba en La Paz mientras él se encontraba en Santa Cruz, alegando que no había encontrado una conexión aérea adecuada; en cambio, dio una conferencia solo y llamó a la unidad. El gesto fue interpretado como una señal de que Lara, una vez más, quiso mostrarse como el dueño de la victoria y el voto. La previsible competencia entre los dos primero mandatarios será un elemento a considerar del nuevo gobierno. 

Rodrigo Paz salió solo horas más tarde, agradeció a Dios, a la familia, a la patria, al votante y a su compañero de fórmula. Notablemente emocionado, agradeció también el reconocimiento de su victoria (a regañadientes) por parte de Jorge Quiroga. Llamó a la unidad del país, prometió parar la persecusión política, respetar la Constitución Política y dijo que sus asambleístas no responderán a su partido sino al país. Invitó a todos los que se sintieran convocados a ser parte de su gobierno. Buscando contrastar con los liderazgos anteriores señalados por ser “autoritarios”, “poco amplios” y que “no respetan el estado de derecho”.

Evo Morales dio una conferencia de prensa en la que reconoció la victoria de Paz-Lara, igual que lo hizo Quiroga,  con la diferencia de que el primero no estaba en el balotaje. Denunció un supuesto apoyo del presidente Arce a Quiroga y señaló que todos los candidatos a los que apoyó su ex ministro de economía perdieron (mencionó a Eduardo del Castillo, Andrónico Rodríguez y Manfred Reyes Villa, que quedaron en la primera vuelta). Otra vez se negó a ver las responsabilidades propias. Tuto Quiroga, por su lado, admitió los resultados a regañadientes y dejó ver cierta esperanza en una caída prematura del gobierno de Paz por su gestión económica, lo mismo que cree el evismo: “En dos años Evo vuelve en andas”, dijeron.  

La división de la derecha no debe hacer perder de vista que, tras las fuentes electorales, esta corriente tendrá más de 2/3 del Parlamento, un resultado de la división del MAS en la primera vuelta. El tercero en la elección, Samuel Doria Medina, apoyó publicamente a Paz; seguramente su bancada acturá en consecuencia. Su excandidato a vicepresidente, José Luis Lupo, fue anunciado hace pocos días como parte del equipo económico del nuevo gobierno. Estamos, entonces, ante una derecha dividida en un ala más de centro y otra más reaccionaria que se han hecho de todo el campo de poder, con apoyo popular. Un giro a la derecha en todas las letras. La victoria de Paz- Lara generó una reacción parecida a las que hubo contra Morales. Como ciertos sectores sociales altos no pueden imaginar que sus propuestas tecnocráticas de “mejor gobierno” sean rechazadas, otra vez,  entonces hablan muy rápido de fraude. Ha habido protestas en los barrios altos, pero se estima que no irán mucho más allá. 

Gobernar en un escenario económico adverso

Rodrigo Paz deberá enfrentar un contexto económico extremadamente complejo. No hay ninguna fórmula que pueda evitar, en el corto plazo, un impacto del ajuste sobre los sectores más pobres. La bonanza de otros tiempos ha quedado atrás y la sostenibilidad fiscal se ha vuelto un desafío urgente.Paz confía en que podrá administrar de manera eficiente los créditos externos ya comprometidos y así sostener la provisión básica de combustibles, que falla seriamente en este momento, y devolver los dólares a la economía. Bolivia tiene una crisis de su balanza externa, tras la debacle de su industria del gas. Para lograr sus planes, Bolivia necesita una burocracia proba que el nuevo gobierno no tiene. Si este no encuentra una fuente de financiación, la situación económica se complejizará. 

La Bolivia que emerge de estas elecciones es otra: más fragmentada, más compleja y más plural. El ciclo que se cierra no da paso a una nueva hegemonía clara, sino a un tiempo de disputas abiertas, donde la legitimidad no estará garantizada por el pasado, sino por la capacidad de construir una representación inclusiva y eficaz en medio de la incertidumbre


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