Gaza devastada: 84% en ruinas
El 84% de la Franja de Gaza ha sido devastado, por lo que se necesitarán 70.000 millones de dólares para su reconstrucción —según Naciones Unidas—. En este territorio, la última ofensiva israelí ha cobrado la vida de más de 67.000 palestinos, según cifras del Ministerio de Gaza, sin contar con que varias organizaciones internacionales han mencionado que estos números podrían ser aún mayores, ya que aún no se han contabilizado todas las víctimas que permanecen bajo los escombros.
Las masacres perpetradas por las fuerzas israelíes, en un escenario de hipocresía mundial, deberían haberse frenado hace mucho tiempo; dos años de genocidio fue demasiado. Las presiones ejercidas por los países árabes e islámicos han sido tardías y débiles.
Hoy se firmó una paz, entre comillas, mientras se sigue negociando la libertad de algunos mártires, tanto vivos como muertos, y de algunos presos políticos. En el fondo, Tel Aviv sabe que la resistencia sigue latente; por ello se niega a liberar a Ibrahim Hamed, Marwan al-Barghouti de Fatah y Ahmad Saadat, grandes líderes similares a la figura de Yahya Sinwar. ¿Por qué no los libera? Simple: Netanyahu teme que ellos logren unificar a Palestina y consolidar finalmente su soberanía.
Todo indica que la resistencia palestina está dispuesta a negociar en esta primera etapa, pero no en una segunda o tercera, porque el plan de Trump y sus socios occidentales es una trampa: lo que pretenden es imponer un gobierno obsecuente que entregue en bandeja de plata la libertad y la autodeterminación del pueblo palestino.
No se puede confiar en Israel, no por odio hacia este Estado, sino porque las pruebas en su contra son contundentes, por ejemplo, desde hace más de 77 años incumple sistemáticamente una serie de normas, poniendo diversos pretextos para violar los mandatos tanto de la Corte Internacional de Justicia como de la Corte Penal Internacional, por lo tanto, cualquier movimiento jurídico y político que realice el Knéset y Benjamin Netanyahu son simplemente estrategias para dilatar el verdadero proceso de paz.
La resistencia palestina no puede celebrar aún, porque lo que se ha buscado durante más de siete décadas es la independencia del Estado palestino, y esta aún no se ha discutido ni tocado en las negociaciones en Sharm el-Sheij, Egipto.
Solo cuando se reconozca el Estado de Palestina quizás entonces se pueda lograr una verdadera paz, mientras tanto, todo esto son espejismos que intentan mostrar a Estados Unidos, Israel y Europa como los paladines de una paz.
Israel y Estados Unidos hasta ahora no han podido derrotar a Hamás, y nunca lo lograrán, porque cada semilla que ha dejado la resistencia en Palestina y en todos los territorios ocupados es perenne, no como un concepto de terrorismo, sino como un signo de resistencia, en otros términos, eliminar a Hamás equivaldría a borrar a todo el pueblo gazatí. ¿Estarán dispuestos Netanyahu y Trump a “eliminar” a 2,3 millones de palestinos en Gaza?
La resistencia no se ha dado solo en los combatientes, sino también en niños, mujeres, medios de comunicación y muchos activistas que, a nivel internacional –como las flotillas de la libertad–, han apoyado esta causa. A ellos también se les debe esta primera fase, que, pese a los resultados anunciados a bombo y platillo, ha supuesto un fracaso vergonzoso para Netanyahu, ya que cuando inició su ofensiva militar lo hizo con el lema de eliminar a Hamás y al "terrorismo"; hoy, esos "terroristas" han impuesto sus condiciones para el alto al fuego y se sientan en la mesa de diálogo con Tel Aviv para pactarlo. ¿Acaso no es eso un fracaso para Washington y Tel Aviv?
Una de las lecciones que ha dado Hamás es que su movimiento —social, político, espiritual y armado— ha logrado cohesionar a varios sectores en sus objetivos, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina, la Yihad Islámica, entre otros; fuerzas que, más allá de sus diferencias ideológicas y políticas, han logrado sostener un muro infranqueable frente a sus enemigos.
Sin duda, estamos en un momento muy frágil, que solo se superará cuando la comunidad internacional —en su totalidad, en especial Estados Unidos e Israel— reconozca plenamente al Estado de Palestina. Lo demás son solo cortinas de humo.


