Las causas y efectos devastadores del feminicidio

Al referimos a este tema tan frecuente y tan polémico como el epílogo de una vida por el hecho de ser mujer, no podemos separar el feminicidio – de las de las más de veces, de una tortuosa vida; o de algún momento, y quizás hasta el último –  el haber convido o tener algún tipo una relación, con el finalmente será su verdugo; al ser el feminicidio la forma más extrema de la violencia, basada en la inequidad de género, ejercida por los hombres contra las mujeres en su deseo de obtener poder, dominación o control

Se considera a la violencia por motivos de género, como un proceso de transgresión hacia la integridad de otro, que se manifiesta a partir de distintas actitudes conductuales, como la indiferencia, el abandono, el maltrato verbal, el maltrato físico, la sumisión, agresiones físicas y la muerte, si se quiere punto final para la víctima, pero el calvario aún mayor queda para la familia, principalmente para los hijos, ahondándose si son menores, mucho peor si presenciaron la fatalidad, noches de terror y horror que perduran mucho tiempo, a veces de por vida con su inmensa cola de secuelas, de preguntas sin respuestas, de interminable caminar, muchas veces a deambular por otros sórdidos hogares sustitutos de tías y tíos, que verán en ellos una oportunidad de utilizarlos y beneficiarse en sus mezquinos intereses, siempre haciéndoles sentir que son ajenos; otros con mayor suerte irán con la abuela materna, pero ésta, también sujeta a sus propias contingencias, situación económica, su edad y sus secuelas propias de cada quien. La abuela paterna puede ser también una opción, empero el nexo de madre del feminicida, puede enturbiarla y no ser aconsejable.

De acuerdo con la Convención de Puerto Rico de 1966, la violencia de género se define como el ejercicio de la violencia que refleja la asimetría entre las relaciones de poder entre varones y mujeres, y que es perpetuada por la subordinación y desvalorización del concepto femenino frente al masculino, lo que implica el sometimiento del otro u otros individuos o grupos con relación a su género, entendiendo este como una construcción social con relación en sus condiciones anatómicas.

El feminicidio toma tintes sociales al ser un reflejo de la violencia estructural que, aunada a otros factores como la subordinación; permite visibilizar una realidad que nos sacude como sociedad y sin embargo al margen de estremecernos por unos momentos, parecería que empezásemos a acostumbrarnos a su frecuencia, al margen de sus funestas consecuencias. La abstracción del contenido del Art. 252 Bis del CP, además de tutelar el derecho a la vida, contempla una variedad mayor de bienes jurídicos afectados, determina las circunstancias específicas de su comisión, siendo éste, el elemento típico normativo esencial a fines de la determinación de la conducta típica antijurídica. Es así que, la presencia de esas circunstancias en el texto de la norma, permite afirmar que el Feminicidio es un delito pluriofensivo, que violenta una serie de bienes jurídicos y derechos no sólo de la víctima, sino también de su entorno familiar, laboral y social, afrentando también, aspectos inherentes al ejercicio de derechos civiles pues dentro el contexto en el que el delito es cometido es de indudable la afectación a la tranquilidad y estabilidad de la familia.

En ese contexto, coincidimos en que el feminicidio considerado como asesinato de mujeres motivado por razones de género, tiene raíces profundas en la desigualdad y la violencia sistémica contra las mujeres. Las causas principales radican en ideologías patriarcales promovidas por la discriminación y el control sobre ellas. El acceso a la justicia y la protección. Los efectos son devastadores, tanto para las víctimas directas como para sus familias y la sociedad en general, generando traumas psicológicos, desintegración familiar y pérdida del capital humano. 

Los niños que pierden a su madre, también pierden al padre que ira preso o estará fugitivo, Algunas de las respuestas que se obtuvieron, así lo confirman: me quitaron todo lo que tenía, hemos tenido que salir y nos llevan a donde ni conocemos, con miedo y preocupación “no sé por qué Dios nos castiga así, siempre fui muy devota, no era de estar siempre ahí, pero sí me encomendaba a Él”ya no podemos estar tranquilos, es algo muy pesado, despiertas y no reconoces ni dónde estás, ni que lo que estás haciendo, es una desconexión Y esta otra con rasgos de profundo sentimiento de culpabilidad “¿cómo pude permitir que esto pasara?, era mi obligación protegerla” o esta otra, con el mismo sentimiento de impotencia y cargada de culpabilidad “debí de haber estado ahí”.

Otro    de los impactos, se patentiza en la autoestima y autovaloración, al observarse sentimientos de culpa, relacionados a la incapacidad para aceptar la pérdida, lo que produce cuestionamientos sobre sí, denotando enojo, remordimiento y conductas de autoagresión. Se presentan igualmente sensaciones de desamparo y falta de comprensión ligada al acto traumático y el proceso de revictimización por parte de las autoridades, medios de comunicación e incluso familia, respuestas como las sigue: “me quiero morir, ella no se merecía eso, preferiría haber sido yo” “a veces sigo esperando que aparezca, pensar que esto no sucedió, pero los recuerdos son muy fuertes”. Otro aspecto gravitante es el relativo al  Proyecto de vida, que implica una desestructuración en cuanto a la perspectiva a futuro, derivada de la percepción catastrófica de su futuro a causa del desplazamiento y el cambio en sus actividades cotidianas, demostrando ambivalencia causada por la incapacidad de estabilizarse geográficamente. Por otra parte, se mostró una tendencia a la búsqueda de la justicia, percibiendo esta como una frustración, que se profundiza por la desconfianza y la suspicacia, las ideas de persecución y la falta de comprensión.

Ante esa catastrófica realidad, es hora que tomemos en serio los roles que corresponde a cada quien, partiendo de quienes tienen la obligación de resguardar lo más elemental y fundamental que tenemos como sociedad: nuestros niños y jóvenes como capital humano de inigualable valor. YA NO ES TIEMPO DE DISCURSOS NI DE OFERTAS, ES MOMENTO DE ACTUAR, ESTEN DONDE ESTEN, ASUMAN SU RESPONSABILIDAD, TODOS TENEMOS LA OBLIGACION DE HACERLO.

 

*es abogado y periodista


Más del autor