Irán, Bolivia y la nueva ecuación geopolítica mundial

La guerra de 12 días, impulsada por Estados Unidos mediante su aliado Israel, cobró la vida de más de 1.000 iraníes y menos de 50 israelíes, un conflicto que demostró al hegemón mundial —dominado por EE.UU. y sus socios occidentales— que Irán se consolida como una nueva potencia en Asia Occidental (mal denominado "Oriente Medio") y que, pese al bloqueo y las sanciones impuestas por todos los flancos, el país persa ha logrado desafiar a Washington y Tel Aviv. 

En legítima defensa, amparado en el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Irán quebró la "Cúpula de Hierro" de Netanyahu y atacó la base estadounidense Al-Udeid en Catar con drones y misiles hipersónicos de fabricación propia, esta operación, bautizada como "Verdadera Promesa III", evidenció el poder defensivo y disuasorio de Irán, obligando a Occidente a aceptar un alto al fuego. Las autoridades iraníes fueron claras: "Ellos iniciaron esta guerra, pero nosotros la terminaremos", refiriéndose al envío de misiles balísticos contra intereses estadounidenses en la región. 

La guerra, iniciada sin justificación por Netanyahu bajo el discurso de “armas nucleares” (iranofobia), confirman que el régimen israelí actuó con impunidad bajo el amparo de EE.UU. y la OTAN. 

¿Ahora, que implicaciones tendrá esta guerra para América Latina?, aunque para muchos en la región, este conflicto pueda parecer distante, la beligerancia desmedida de Israel podría replicarse en Latinoamérica, especialmente en territorios ricos en recursos energéticos o estratégicos, un ejemplo de ello es la masacre en Gaza, donde más del 90% de la infraestructura fue destruida y más de 58.000 palestinos murieron por bombardeos israelíes. 

En foros académicos y políticos latinoamericanos se ha debatido el Plan Andinia, una teoría que señala supuestos intereses israelíes en la Patagonia (Argentina y Chile). Periodistas como Sebastián Salgado (de HispanTV) han documentado la presencia de militares israelíes camuflados como turistas, realizando estudios topográficos en la zona en donde la compra masiva de tierras por parte de entidades vinculadas a Israel alimenta las sospechas sobre este plan, que buscaría expandir el "Gran Israel". 

Esta situación se agrava con la sumisión del gobierno argentino de Javier Milei hacia Netanyahu, actitud considerada por muchos como una traición a los intereses nacionales y latinoamericanos. 

En esa línea, ¿Cuál sería el rol de Bolivia y el nuevo gobierno que se elija el 17 de agosto? 

Es sabido que el Estado Plurinacional ha mantenido una postura firme contra Israel desde el Proceso de Cambio iniciado por Evo Morales, así por ejemplo el año 2009 rompió relaciones diplomáticas con Israel en protesta por los crímenes contra Palestina, el 2014: bajo el gobierno de Morales, se eliminó el acuerdo de exención de visas para ciudadanos israelíes y se calificó a Israel como "Estado terrorista" por sus acciones en Gaza. 

El 2023 el gobierno de Luis Arce siguiendo el ejemplo del primer presidente indígena del Estado Plurinacional de Bolivia, reafirmó esta postura al cortar nuevamente relaciones con Israel, luego de que la presidenta autoproclamada Jeanine Áñez las reestableciera en 2019. 

Este posicionamiento en contra de las acciones beligerantes del régimen israelí se fortaleció con el acercamiento a Irán, iniciado en 2007 desde la visita del presidente Mahmoud Ahmadinejad a Bolivia. 

Bajo estos parámetros, ¿Cuál sería el futuro de Bolivia en la geopolítica internacional bajo un gobierno de derecha o ultraderecha? 

En un escenario global en reconfiguración y con elecciones presidenciales en curso, Bolivia enfrenta una disyuntiva; si gana la derecha (representada por figuras como Tuto Quiroga o Doria Medina), es probable que el país se alinee con los dictados del FMI, el Banco Mundial y la embajada estadounidense, convirtiéndose en un satélite más de Washington y Tel Aviv. 

El “gobierno” de Áñez fue solo un ensayo; ahora, la derecha podría consolidar su agenda proisraelí y antinacional; en ese contexto: ¿Bolivia mantendrá su soberanía o cederá ante los intereses hegemónicos? 


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