Atención a la salud mental materna, una tarea pendiente en la práctica

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud entre el 20 y 40% de las mujeres de los países en desarrollo sufren de depresión durante el embarazo o postparto. En Bolivia de acuerdo a un estudio realizado por Romero L. en la ciudad de Sucre el año 2018 se encontró que el 25% del total de las pacientes estudiadas cumplían con los criterios de depresión post parto. La depresión no es el único trastorno encontrado entre las madres, incluso se han llegado a dar trastornos mentales graves en madres que han provocado la muerte de los neonatos.

Además de la vulnerabilidad emocional propia del embarazo y posparto, la realidad del entorno boliviano puede generar diferentes factores de riesgo a sufrir estos trastornos tales como pobreza, alto embarazo adolescente, consumo de sustancias, falta de redes de apoyo, instituciones y profesionales que atiendan esta problemática.

En 2021, los 194 Estados Miembros de la OMS, entre ellos Bolivia, han suscrito el plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, con un enfoque que abarque toda la vida, garantizar la cobertura universal y prevenir los problemas de salud mental entre las personas de riesgo, donde se destaca la salud de la mujer y el niño.

En Bolivia no existía ninguna política nacional en Salud Mental específica, en la actualidad se está trabajando el Proyecto de Ley Boliviana de Salud Mental  así como la construcción y revisión del Plan Plurinacional de Salud Mental 2024–2025 de Bolivia, que busca transformar el modelo de atención en salud mental hacia un enfoque comunitario, integral e intercultural. También en Tarija se promulgó en octubre de 2024 la primera Ley de Salud Mental a nivel departamental.

Aunque las políticas nacionales y departamentales han comenzado a integrar la salud mental perinatal, aún existen desafíos significativos, inicialmente asegurar su financiamiento, sus respectivas reglamentaciones y especialmente llevar a la práctica lo que establecen.

Según los pocos datos que se tienen en los departamentos que han impulsado algo más este tema, se indica que existen entre 0.81 y 1.9 psiquiatras por cada 100 000 habitantes, ambos promedios por debajo de las medias regionales y recomendaciones mundiales: 5 psiquiatras por cada 100 000 personas.

No es de extrañar, pues Bolivia invierte solo el 0.2 % del gasto global en Salud para atender las dolencias mentales. Eso contra el incremento de las mismas especialmente tras la pandemia: en 2021, nuestro país registró 69.303 casos relacionados con la salud mental, un aumento significativo respecto a los 43.615 casos reportados en 2020. Este incremento refleja una creciente demanda de atención en salud mental y altas deficiencias en la cobertura especialmente en áreas rurales y comunidades indígenas.

El marco normativo importa pero también es fundamental tener los recursos físicos y humanos con qué aplicarlos, tener fortalecida la red de salud mental general y de ahí hacer hincapié en los grupos de riesgo: madres y niñez.

Las carencias y urgencias son múltiples en nuestro país, sin embargo invertir en salud mental materna es invertir también en salud mental infantil pues un bebé amado y bien cuidado puede crear factores de protección mental y salud en su crecimiento.


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