¿De qué conciliación hablamos?
Si quisiésemos hablar de una mínima conciliación debemos antes hablar sobre paternidades responsables, de condiciones laborales mínimas con sueldo digno, jornadas razonables, beneficios sociales, seguro médico, bajas maternales, vacación y de un Estado que proteja a las familias
Hace unos días tomamos conocimiento de un trágico suceso ocurrido en el Departamento de La Paz, donde una madre tomó la fatal decisión de envenenar a sus dos hijos y posteriormente suicidarse. Mas allá del lamentable hecho, el asunto llama a una reflexión sobre el posible origen de los sucesos. Las informaciones hablan de una madre soltera, enferma terminal, asediada por las deudas y con dos hijos pequeños a su cargo, que decide acabar con su vida y la de sus hijos.
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La realidad extrema de este caso nos muestra similitudes, salvando las distancias claras con el trágico desenlace, de la de muchas mujeres bolivianas. Una realidad donde aproximadamente el 34 por ciento de madres bolivianas son jefas de hogar, lo que significa que tres de cada diez madres trabajan para mantener solas a su familia. A la vez somos país líder de la región en embarazo adolescente, solo en 2023 se registraron casi 33.000 embarazos antes de los 18 años, lo cual conlleva en la mayoría de los casos una interrupción del ciclo vital perpetuando la pobreza, falta de educación, riesgo de violencia de género y otros especialmente en las jóvenes madres y sus hijos. A su vez el índice de trabajo informal y la precariedad laboral en nuestro país provocan la ausencia de las madres dentro de los hogares y en el acompañamiento integral de sus hijos; se considera que en Bolivia el 75% de los trabajadores y las trabajadoras están en el sector informal con relaciones carentes de casi todos los derechos laborales. Paralelamente algunos estudios indican que entre el 61 y 78 por ciento de las mujeres en Bolivia fueron víctimas de violencia en algún momento de su vida, mostrando la vulnerabilidad que presentan las madres y por consiguiente también los hijos e hijas; y en un entorno donde está prácticamente naturalizado que la crianza y el cuidado del hogar son actividades especialmente destinadas para las mujeres.
¿Entonces de qué hablamos cuando hablamos de conciliación en un país donde solo cabe esta posibilidad y conflicto para un mínimo porcentaje de mujeres nivel socioeconómico medio a alto? Evidentemente es un conflicto que no toca a la mayoría.
Si quisiésemos hablar de una mínima conciliación debemos antes hablar sobre paternidades responsables que compartan el cuidado físico, material y económico de los hijos e hijas. Debemos hablar de condiciones laborales mínimas con sueldo digno, jornadas razonables, beneficios sociales, seguro médico, bajas maternales, vacación y otros. Debemos hablar de un Estado que proteja a las familias, especialmente monoparentales, priorizando el acceso básico a salud, empleo y educación para todos sus miembros.
Aun nos queda mucho para lograr maternidades que se permitan siquiera el conflicto sobre conciliar vida personal, laboral y el rol de ser madres. De momento, casi todo es sobrevivencia.


