Bendiciones (Pitangus sulphuratus)

Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; conmuévanse, porque nece-sitaremos de todo nuestro entusiasmo; organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”, Gramsci

El pequeño avión sobrevuela la ciudad: un pastor traslada una imagen sagrada a los cielos y ora pro nobis, bendice a este pueblo castigado por la pandemia. Como todo lugar de cada rincón del planeta, esta ciudad tiene su propia historia de la fe contra la peste. Forma parte de los programas tradicionales y folclóricos de luchas contra virus, crisis y/o pandemias.

Por otro lado, espíritus emprendedores medianamente irresponsables se dedican a repartir medicamentos milagrosos, como quien imparte bendiciones: también recurren a su fe, o a la buena fe de los vecinos.

En un plano más terreno, personal de salud protesta porque no le llegan los insumos indispensables, esos nuevo cuasi-fetiches contra la angustia; reclaman ayuda, reciben un memorándum, cosechan aplausos y persecuciones. ¿Pero no deberíamos cuidarlos más antes que calificarlos como “heroicos luchadores en primera fila de combate”? ¿Pagarles y protegerlos mejor antes que incentivarlos con palabras?

Cada pueblo tiene toda una mitología del triunfo de la fe sobre la peste. Así que, cuando la angustia nos divide entre la razón y el pensamiento mágico, entre la mística y la ciencia, puede que levantemos una mirada esperanzada hacia un profeta, un líder, un santo, un adivino. Los hay carismáticos, que atraen a mucha gente que empatiza con ellos, si se equivocan se desdicen, y si la realidad no se acomoda a su pronóstico tienen nuevos pronósticos, ajustados al momento. Unos interpretan La Verdad revelada. O se dicen representantes de esa Verdad, pero no muestran ningún certificado. Y hay quienes interpretan figuras en el humo o en hojas de coca. Hay quienes interpretan el movimiento del dólar. Y hay quienes interpretan curvas, datos y estadísticas. Cada quien pregona así su fe.

 Mientras tanto, muchos, muchas, desde casa, aislados, tratamos de pensar, hasta darnos cuenta de que no sabemos muy bien en qué pensar. O nos aislamos en redes sociales para odiar al otro, a otra. Pero ese “otro” puede ser un perfil creado por el algoritmo de la red social de turno. Hasta puede que ese “otro” sea uno mismo, ya como clon de un perfil falso. Necesitamos abrazo, el odio es hoy el peor negocio.

 Más allá de las ordenanzas, estamos paralizados de incerteza. Casi que agota un poco tanto mensaje inspiracional, las canciones, las bendiciones curativas, voluntarismo al fin, una capa de yeso sobre las grietas de nuestra casa. Nuestros países están mucho más abajo de lo que quisiéramos admitir, o naturalizamos ya la enorme magnitud de la pobreza en nuestra gente, la fragilidad de las instituciones, la carencia de protección de la inmensa mayoría. El resentimiento es mal consejero a la hora de partir el pan, y el olvido solo garantiza repetir errores. Pero es el peor momento para encontrar salvadores ocasionales, santos, o “demócratas” inspirados, de mano dura y lengua áspera.

 Hoy frente a este teclado me siento menos esencial que nadie. ¿Pero quién define lo esencial y lo no-esencial, la nueva normalidad o la bioseguridad semántica de tu mensaje? ¿No es peligroso acostumbrarnos a estas terminologías? Personas sin techo, personas en situación de calle, es la histórica persona abandonada, olvidada, nuestro viejo y conocido “mendigo”, como el que sobrevive aquí mismo, abajo, en la vereda, y cumple su rutina de gritos, cantos y delirio. Todos esenciales. Todas esenciales. Hasta los perros que corren babeando el silencio con la lengua afuera, dueños únicos por fin de las calles. Y hoy, sobre todo... un bientefué (Pitangus sulphuratus) un bienteveo, ven-te-veo, benteveo, bichofeo, bichofué gritón, cristofué, pecho amarillo, pistoqué, pitogüé o quetupí que silba en el árbol de enfrente, puntual y profundamente esencial. A él no le importa el nombre común, regional o taxonómico que le impongas: Nos hace llegar su bendición más sincera sobre los techos polvorientos de esta ciudad. Desafiando el aislamiento, canta igual, y vuela.

 *Hugoamicone.wordpress.com, de: “Comentarios Reales con Personajes de Ficción”


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