Cocinando al pie de los andes
Papa, papita, bendita eres entre todos los tubérculos, tú que salvaste al llamado “viejo continente” de morir por hambruna, tú que fuiste secuestrada en el momento preciso para ser llevada al otro lado del charco, rebautizándote, en ese tu nuevo hogar, con el nombre de “patata o...
Papa, papita, bendita eres entre todos los tubérculos, tú que salvaste al llamado “viejo continente” de morir por hambruna, tú que fuiste secuestrada en el momento preciso para ser llevada al otro lado del charco, rebautizándote, en ese tu nuevo hogar, con el nombre de “patata o potatoe”, tú hiciste que, de esa manera, comenzara la simbiosis, el sincretismo y la mixtura gastronómica y culinaria de todo el globo terráqueo.
Los Andes es la cadena montañosa más extensa de nuestro planeta. Nace y termina en Venezuela o en la Argentina. Los geólogos nos dirán dónde empieza y dónde termina. Los Andes se extienden a lo largo de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, y Chile. Los países en los que tan hermosa cordillera forma un amplio altiplano son, como todos los sabemos, Bolivia y Perú.
Desde tiempos ancestrales el aroma de una buena comida, sencilla pero exquisita, ha cabalgado el viento que se levanta temprano al pie de Los Andes. En efecto, ha sido siempre costumbre de los habitantes de numerosas comarcas, de aquellas esparcidas a lo largo y ancho del Imperio Incaico, de los Chibchas, los Moches, los Chavinos, los Parakas, los Aymaras, los Chipayas, los Mapuches y de muchos otros pueblos y culturas, tener por primera comida del día un buen plato de charque, acompañado de mote, papa y ají molido con hierbas de sabores y colores diversos.
Un auquénido noble, la llama, brinda hasta hoy su carne libre de colesterol, para darnos la alegría de degustarla con algunos productos surgidos del aporte europeo: huevos de gallina y queso. Así la mezcla de las culturas asentadas en las faldas de la cordillera más larga del planeta ha dejado su huella culinaria en la vida de los latinoamericanos.
Pero veamos… ¿Qué aportó el continente Abya Yala a la mesa del mundo? ¿Qué sabores nos han permitido transformar la gastronomía del mundo? Pues de la extensa y exquisita variedad de productos; resaltemos el maíz, la papa, el chocolate y las semillas superalimentarías, entre las cuales la Quinua o quinoa se destaca, grano de oro que hoy en día es consumida en Europa, Asia y África
Los valles que descienden de Los Andes, columna vertebral de la américa morena, tierra de múltiples matices, se ven cubiertos de hortalizas, frutos y ganado provenientes de todos los continentes, retribuyendo el aporte europeo con el maracuyá, el pacay, la chirimoya, la guayaba, el maní, el cacao, la palta, el zapallo, las diferentes clases, colores y sabores de los ajíes, morrones, tomates, los frutos exóticos provenientes de la cuenca del amazonas y un sinfín de dones recibidos de la Pacha Mama, algunos de los cuales se han extendido por el mundo entero, además obviamente de la papa (más de 200 variedades), el maíz, el chocolate y la quinoa que ya mencionamos. No debemos olvidar un ave exquisita: el pavo, símbolo de estatus festivo en la mesa.
Hoy, en este siglo XXI no sólo están presentes los aportes europeos, venidos a nuestras tierras a parir de 1492, o los africanos, emigrados a la fuerza durante los siglos XVII y XVIII, sino los japoneses y chinos llegados a comienzos del siglo XX.
Así pues, en el presente, los habitantes de la américa morena podemos disfrutar de un delicioso picante de pollo criollo cuyo ingrediente principal es la gallina de ascendencia europea, tal como también me imagino a los belgas preparando una buena porción de pommes frites cuyo único ingrediente es la papa de origen andino, o a los españoles preparando un gazpacho andaluz hecho a base de tomates (¡viva Méjico!), o a los Italianos degustando de unos tortellini a la panna cuyo ingrediente central son las pastas originarias de la China.
No nos privemos entonces de hacer florecer nuevos matices culinarios al pie de los Andes. Con el grano de oro, podemos preparar deliciosos platillos, como una mezcla de quinoa, queso chaqueño y hongos a la manera de un risotto italiano, unas sopas de crema y maíz, unas humintas con toques de tocino y una variedad de exquisitos platillos que aprovechen las papas, desde el puré con vegetales, pasando por una ensalada rusa caprichosa, hasta un gratinado de pommes de terre al estilo francés, con ingredientes criollos.
Osemos cocinar con imaginación. Podemos hacerlo porque estamos al pie de los Andes.
Los Andes es la cadena montañosa más extensa de nuestro planeta. Nace y termina en Venezuela o en la Argentina. Los geólogos nos dirán dónde empieza y dónde termina. Los Andes se extienden a lo largo de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, y Chile. Los países en los que tan hermosa cordillera forma un amplio altiplano son, como todos los sabemos, Bolivia y Perú.
Desde tiempos ancestrales el aroma de una buena comida, sencilla pero exquisita, ha cabalgado el viento que se levanta temprano al pie de Los Andes. En efecto, ha sido siempre costumbre de los habitantes de numerosas comarcas, de aquellas esparcidas a lo largo y ancho del Imperio Incaico, de los Chibchas, los Moches, los Chavinos, los Parakas, los Aymaras, los Chipayas, los Mapuches y de muchos otros pueblos y culturas, tener por primera comida del día un buen plato de charque, acompañado de mote, papa y ají molido con hierbas de sabores y colores diversos.
Un auquénido noble, la llama, brinda hasta hoy su carne libre de colesterol, para darnos la alegría de degustarla con algunos productos surgidos del aporte europeo: huevos de gallina y queso. Así la mezcla de las culturas asentadas en las faldas de la cordillera más larga del planeta ha dejado su huella culinaria en la vida de los latinoamericanos.
Pero veamos… ¿Qué aportó el continente Abya Yala a la mesa del mundo? ¿Qué sabores nos han permitido transformar la gastronomía del mundo? Pues de la extensa y exquisita variedad de productos; resaltemos el maíz, la papa, el chocolate y las semillas superalimentarías, entre las cuales la Quinua o quinoa se destaca, grano de oro que hoy en día es consumida en Europa, Asia y África
Los valles que descienden de Los Andes, columna vertebral de la américa morena, tierra de múltiples matices, se ven cubiertos de hortalizas, frutos y ganado provenientes de todos los continentes, retribuyendo el aporte europeo con el maracuyá, el pacay, la chirimoya, la guayaba, el maní, el cacao, la palta, el zapallo, las diferentes clases, colores y sabores de los ajíes, morrones, tomates, los frutos exóticos provenientes de la cuenca del amazonas y un sinfín de dones recibidos de la Pacha Mama, algunos de los cuales se han extendido por el mundo entero, además obviamente de la papa (más de 200 variedades), el maíz, el chocolate y la quinoa que ya mencionamos. No debemos olvidar un ave exquisita: el pavo, símbolo de estatus festivo en la mesa.
Hoy, en este siglo XXI no sólo están presentes los aportes europeos, venidos a nuestras tierras a parir de 1492, o los africanos, emigrados a la fuerza durante los siglos XVII y XVIII, sino los japoneses y chinos llegados a comienzos del siglo XX.
Así pues, en el presente, los habitantes de la américa morena podemos disfrutar de un delicioso picante de pollo criollo cuyo ingrediente principal es la gallina de ascendencia europea, tal como también me imagino a los belgas preparando una buena porción de pommes frites cuyo único ingrediente es la papa de origen andino, o a los españoles preparando un gazpacho andaluz hecho a base de tomates (¡viva Méjico!), o a los Italianos degustando de unos tortellini a la panna cuyo ingrediente central son las pastas originarias de la China.
No nos privemos entonces de hacer florecer nuevos matices culinarios al pie de los Andes. Con el grano de oro, podemos preparar deliciosos platillos, como una mezcla de quinoa, queso chaqueño y hongos a la manera de un risotto italiano, unas sopas de crema y maíz, unas humintas con toques de tocino y una variedad de exquisitos platillos que aprovechen las papas, desde el puré con vegetales, pasando por una ensalada rusa caprichosa, hasta un gratinado de pommes de terre al estilo francés, con ingredientes criollos.
Osemos cocinar con imaginación. Podemos hacerlo porque estamos al pie de los Andes.


