La planta de tratamiento de aguas residuales de Tarija: vida (y dignidad)

¿cómo se entiende, que además de no haber gastado nuestro dinero en este tema prioritario,  hayamos hecho revertir una donación holandesa de aproximadamente doce millones de euros, simple y llanamente porque no tuvimos la capacidad de implementar el proyecto?. Los historiadores del...

¿cómo se entiende, que además de no haber gastado nuestro dinero en este tema prioritario,  hayamos hecho revertir una donación holandesa de aproximadamente doce millones de euros, simple y llanamente porque no tuvimos la capacidad de implementar el proyecto?. Los historiadores del futuro se las verán en figurillas para entender este fenómeno, que nos acerca a un abismo que fácilmente podría denominarse como “fracaso generacional”.   En esta última decena de años, los tarijeños hemos gastado dinero en innumerables obras chicas, algunas útiles, otras sin mucho sentido y otras que directamente no funcionan o no han podido acabarse adecuadamente por temas técnicos o legales. Sin embargo nuestra falencia principal es la de las obras estratégicas, esas que son fundamentales para el desarrollo departamental: el tan mentado camino al chaco, inconcluso hasta ahora, es un ejemplo de ello, y en general las obras relacionadas con la salud, el agua y el tratamiento de la basura. Si es que se pregunta las razones de este fracaso a quienes dirigieron nuestros destinos en este periodo, seguramente las respuestas estarán relacionadas con la inviabilidad “social” del tema, es decir con la oposición de los vecinos a que la planta se construyera en sus respectivos “territorios”. Es verdad, ahí está una de las causas (relacionada directamente con una incapacidad política e institucional de nuestras “élites”, las antiguas y las nuevas, por hacer prevalecer la política como una práctica de bien común, más allá de los intereses particulares y de grupo), la otra sin embargo es la de una limitación técnica crónica,  originada en la dedicación casi exclusiva de estos dirigentes a la disputa política cotidiana(que en la mayor parte de los casos no ha sido más que una pelea por el manejo de espacios de poder, automáticamente traducidos en pegas y presupuestos). También es difícil de entender porque los dirigentes vecinales, una de cuyas funciones elementales es la de defender la salud de sus bases, han inviabilizado un proyecto, cuyo primer beneficio será la de impedir la proliferación de determinadas enfermedades. La respuesta en esencia es la misma; los dirigentes también se han movido en muchos casos motorizados por intereses políticos o la búsqueda de determinados beneficios (arrancar algún tipo de favor a la gobernación o el municipio). Queda claro que en esta gigantesca ensalada, la ignorancia (los mitos acerca de los supuestos “males” de la planta de tratamiento) han jugado un rol central aunque también es cierto que es parte de la responsabilidad de la “elite” (políticos, funcionarios, dirigentes cívicos y vecinales), el no haber podido erradicarla. Pero hemos llegado a un momento en que parafraseando un conocido libro, ya “no hay tiempo para las palabras”, para las justificaciones, para las planificaciones eternas que nunca llegan a nada. Es prioritario evitar que el río Guadalquivir llegue a la contaminación total, con toda la secuela de perjuicios económicos que implicaría esa situación, y en general, debemos tomar conciencia de que la falta de tratamiento de las aguas residuales nos conduce hacia el colapso.Las autoridades deben proponernos un sistema de tratamiento de aguas moderno y efectivo (planta grande, mediana, microplantas, las que sean necesarias), y los lugares de emplazamiento deben estar definidos por un informe eminentemente técnico. Está claro que las autoridades deben garantizar una tecnología moderna y efectiva (el político que falle en este terreno, puede dar por acabada su carrera casi con total seguridad) y los dirigentes vecinales no pueden obstaculizar la construcción con pretextos inacabables; si intentan hacerlo, quedará claro que lo único que buscan es tener un instrumento de chantaje para conseguir beneficios personales. ¿Podrán ponerse de acuerdo los niveles nacional, departamental y municipal de gobierno para solucionar el tema de manera conjunta?, ¿será posible que lo encaren sin competencias por protagonismo, sin pretender utilizar el tema solo para sacar provecho momentáneo, atribuyéndose éxitos o echando la culpa a su adversario de un posible fracaso?. Dados los costos del emprendimiento lo ideal sería que se diera una suerte de “triple alianza”, la que si tiene resultados sin duda beneficiará a todos.Y los ciudadanos no podemos quedarnos de brazos cruzados. Es necesario que desde los medios de comunicación y las instituciones encaremos una movilización permanente hasta que el proceso esté concluido. No conozco demasiado del tema, pero sé que por lo menos en los mamíferos el instinto elemental es el de proteger a las crías, por eso es que nuestra indolencia ante las amenazas a la salud de nuestros hijos ya no es aceptable. En Tarija ha llegado el momento de que demostremos que podemos salir de la anomia social, dejar atrás este proceso de degradación que amenaza inclusive rebajar nuestro lugar en la escala animal.


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