Tumpa Pire: ¿El litio, es un recurso estratégico?
Se trata de un aporte muy oportuno de jóvenes investigadores argentinos que arroja un balde de agua fría a las expectativas desmesuradas que la cuestión del litio despierta en nuestro país.Desde el punto de vista económico, las dimensiones del mercado mundial de este metal, el más liviano...
Se trata de un aporte muy oportuno de jóvenes investigadores argentinos que arroja un balde de agua fría a las expectativas desmesuradas que la cuestión del litio despierta en nuestro país.Desde el punto de vista económico, las dimensiones del mercado mundial de este metal, el más liviano de la tabla periódica, son todavía pequeñas, al punto que Argentina, con un sólo salar en explotación, se convirtió en el segundo exportador mundial de carbonato de litio, después de Chile! Las exportaciones mundiales de litio no superaron los 400 MM $us anuales hasta el 2015, pero se predice que la expansión de su uso en los próximos años será considerable. Las estimaciones más optimistas, del desarrollo del mercado de los vehículos eléctricos, proyectan que se venderán unas 16 millones de unidades (20% del total de la industria automotriz) para el 2025, año en el que la demanda mundial de litio para sus baterías llegaría apenas a 180 mil toneladas. Sumando la producción de baterías para los teléfonos inteligentes y para los normales, para las tabletas y las computadoras portables, para la creciente industria de las energías alternativas que requieren de gigantescas baterías, etc. al 2025 se predice una demanda total que oscila entre 400 y 600 mil toneladas. Si tomamos en cuenta que este año se proyecta una demanda global de 200 mil toneladas, está claro que el crecimiento de la demanda global de litio será considerable aunque no esté a la altura de las expectativas mencionadas.Según datos presentados por estos investigadores, una tonelada de carbonato de litio, que se vende en unos 9.000 dólares, sirve para producir casi medio millón de baterías de litio para smartphones, las que, colocadas en el mercado producen ventas por 9 millones de dólares!En otras palabras, el “valor agregado” que el dominio de la tecnología permite, multiplica por 1.000 los ingresos brutos de los productores de baterías en relación a los ingresos de los productores de materia prima. Por otro lado, los conflictos emergentes de la explotación del litio en los salares argentinos se agudizan año tras año. Comunidades como los collas y los atacamas que viven desde hace miles de años en las planicies de las provincias de Salta, Jujuy y Catamarca, son afectadas con impactos ambientales crecientes (se evaporan 2 millones de litros de agua para producir una tonelada de carbonato de litio) y exigen niveles de decisión en estos emprendimientos mineros que las concesionarias no están dispuestas a aceptar. No olvidemos que el litio es un recurso abundante, que entre las concesionarias están las propias productoras de automóviles, como la Toyota, y que la estructura estatal argentina no ha visibilizado todavía y menos empoderado a sus indígenas y campesinos como es el caso boliviano. Al margen de ello, debemos mirar de cerca y aprender de estas experiencias y de la lucha de nuestros hermanos en este país.El libro también describe los esfuerzos infructuosos del Estado y de la industria argentina por participar en el mercado de las baterías de litio con tecnología propia. A pesar de contar con institutos de investigación prestigiosos como el INTI; con Universidades de larga tradición; y a pesar de que el Gobierno les ofrecía el mercado cautivo de las miles de computadoras personales que se entregan a los alumnos de colegio, podemos decir que no llegaron todavía a ninguna parte. Lo que ocurre es que la producción de una batería de litio, barata, liviana, con alta capacidad de almacenamiento de energía, exige la presencia de otras tecnologías, como las de las membranas, que son objeto de celosas patentes que los americanos, japoneses, chinos o coreanos no están dispuestos a liberar. Como ejemplo basta señalar que Elon Musk, de Tesla, embarcado y comprometido en el mercado de los vehículos eléctricos hasta la médula, tuvo que asociarse a la empresa japonesa Panasonic para construir su gigantesca planta de producción de baterías en el desierto de Nevada (13 Km2 de extensión y 5 mil millones de dólares de inversión!!).En este contexto se entiende el fracaso de los argentinos y la necesidad, como señala el libro, de esfuerzos continentales que incluyan no sólo al “triangulo de litio” (Argentina-Chile-Bolivia), sino también al Brasil como productor del grafito y aportante de capital y tecnologías propias, para poder tener un lugar menor en ese futuro.Pero las amenazas de por lo menos frenar, la industria del litio, no sólo vienen de las limitaciones tecnológicas. También vienen de la política: en el gabinete Trump se encuentran los más abiertos defensores de la industria de los combustibles fósiles (Tillerson) así como también hablan hoy fuerte aquellos enemigos tradicionales de las acciones relativas al cambio climático. Es altamente probable que los esquemas de subsidio y promoción de las industrias limpias, heredados por la administración Obama se desmantelen y se busque un retorno a las altas ganancias financieras del carbón y el petróleo libres de restricciones regulatorias.Finalmente, queda claro que, en estas condiciones, el litio no es un recurso estratégico. No es un sustituto del gas y del petróleo pues, a partir de su consumo, no se produce energía, simplemente se la almacena para usos en transporte, telecomunicaciones, etc.¿En qué condiciones, sin embargo, se puede convertir el litio en un recurso estratégico? Sólo en la medida en que sea utilizado masivamente en la industria de la energía nuclear. No olvidemos que debajo de las salmueras de Coipasa, por ejemplo, la milenaria evaporación-condensación generada en los ciclos de exposición a la más alta radiación solar del planeta durante el día y a temperaturas extremas durante las noches, parecen haber desplazado al hidrogeno por el deuterio en esas salmueras de “agua pesada”. Algunas publicaciones recientes muestran la viabilidad de la fusión en frío, proceso en el cual se liberan enormes cantidades de energía, y que tiene en el deuterio y en el litio a protagonistas centrales.


