Extrañas frutas!!

Seguir esta punta del ovillo que nos entrega Juan nos puede llevar por extraños caminos. Uno de ellos es el que conduce a la historia del profesor del Bronx, Abel Meeropol, un judío comunista que publicaba sus trabajos bajo el pseudónimo “Lewis Allan” y que en los finales de los años 30...

Seguir esta punta del ovillo que nos entrega Juan nos puede llevar por extraños caminos. Uno de ellos es el que conduce a la historia del profesor del Bronx, Abel Meeropol, un judío comunista que publicaba sus trabajos bajo el pseudónimo “Lewis Allan” y que en los finales de los años 30 ya era conocido como un activista social enemigo del racismo rampante en los EEUU. En 1939, la fotografía de un hombre negro, linchado, carbonizado y luego colgado de un árbol en Mississippi, publicada en los diarios como una noticia menor, le quitó el sueño varios días. Esas noches de insomnio produjeron, cual una secreción, primero la letra y luego la música de esa canción:

Southern trees bear a strange fruit,Blood on the leaves and blood at the root,Black body swinging in the Southern breeze,Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant South,The bulging eyes and the twisted mouth,Scent of magnolia sweet and fresh,And the sudden smell of burning flesh!

Here is a fruit for the crows to pluck,For the rain to gather, for the wind to suck,For the sun to rot, for a tree to drop,Here is a strange and bitter crop.

Los árboles en el Sur cargan una extraña fruta,Sangre sobre las hojas y sangre en las raíces,Un cuerpo negro se balancea en la brisa sureña,Extraña fruta colgando de los álamos.

Escena pastoral en el galante Sur,Los ojos saltones y la boca torcida,Esencia de magnolia dulce y fresca,Y el repentino olor de la carne quemada!

Aquí está una fruta para que la picoteen los cuervos,Para que la lluvia la recoja, para que el viento la consuma,Para que el sol la pudra, para que el árbol la deje caer,Aquí está esta extraña y amarga cosecha.El coraje que tuvo Abel para escribirla sólo se compara al coraje que tuvo Billie Holiday para cantarla por primera vez en el “Café Society”, el único lugar fuera de Harlem donde los negros podían entrar por la puerta principal. A partir de esa primera actuación esta canción fue escuchada por millones de personas y, en consecuencia, se activaron las antenas de los “Trumpistas” de la época que se retorcían de furia al presenciar el éxito de audiencia que tenía una canción escrita por un judío blanco y comunista, en defensa de los derechos civiles de los afro americanos e interpretada con tanta fuerza por la ¡cantante negra del momento!Los legisladores de New York, bajo la instrucción del lobby racista que había financiado sus campañas, convocaron a Meeropol en 1940 a testificar ante un Comité que supuestamente estaba investigando la penetración comunista en las escuelas públicas. Ellos le preguntaron si el Partido Comunista le había pagado y cuánto para que escribiera esa “odiosa canción”. La presión continuó hasta que, en 1945, Abel tuvo que abandonar su trabajo en la escuela “Dewitt Clinton”.Pero aquí  no termina su historia, en todo caso, podríamos decir que se abre la segunda parte de ella, también cargada de riesgos y cargada de sentido. Pocos saben que el vínculo con esta segunda parte no es otro que el pseudónimo “Lewis Allan” con el que publicó su obra maestra en la primera. En el pseudónimo están los nombres de los hijos que esperaron siempre y que nunca nacieron pero que fueron encarnados en los dos niños que adoptaron cuando quedaron huérfanos en 1953, al ser sus padres ejecutados por una falsa acusación de espionaje a favor de los soviéticos. Julius y Ethel Rosemberg, los primeros esposos en morir juntos en la silla eléctrica, también eran comunistas y fueron declarados culpables por un tribunal amañado acusados de conspirar para entregar secretos atómicos a los rusos. Robert y Michael Rosenberg tenían entonces 6 y 10 años respectivamente y nadie, pero nadie, quería hacerse cargo de ellos y ponerse así bajo la lupa del McCarthysmo rabiosamente anticomunista que detentaba el poder político y económico. Claro, nadie, excepto Abel y Anne Meerepol que los acogieron y construyeron con ellos un hogar lleno de amor y de consciencia social irreductible. Abel murió en 1986 y sus hijos hoy son profesores universitarios siempre involucrados en las luchas sociales de los americanos más vulnerables.Para aquellos lectores pacientes, que llegaron al fin de esta columna, les presento a Billie Holiday interpretando la “marsellesa” de las victimas del racismo y  la discriminación.


Más del autor