Zygmunt Bauman: la desigualdad como ¡metástasis!

Entre sus más de 50 libros se destaca “Modernidad y Holocausto” en el cual se puso al frente de las teorías que presentaban esta barbarie como una ruptura de la modernidad. En su criterio, los campos de concentración nazis y el asesinato sistematizado a escala industrial de los judíos...

Entre sus más de 50 libros se destaca “Modernidad y Holocausto” en el cual se puso al frente de las teorías que presentaban esta barbarie como una ruptura de la modernidad. En su criterio, los campos de concentración nazis y el asesinato sistematizado a escala industrial de los judíos europeos fue un resultado predecible de pilares de la modernidad tan reconocidos como son la industrialización y la burocracia racionalizada: “…fue el mundo racional, de la civilización moderna, que hizo concebible el holocausto” escribió Bauman, cuyos padres, y él mismo, se salvaron de una muerte cierta escapando a tiempo de Polonia a la Unión Soviética.Ya en los años 90, Bauman se concentró en observar y entender un fenómeno moderno que deja a los individuos con una sensación de desarraigo sin precedentes, sin marcos de referencia sólidos y estables, de creciente inseguridad ante cambios acelerados. Una era de “discontinuidad” como la calificaría Peter Drucker.Pero su perspectiva nunca dejó de ser aquella de los oprimidos por el sistema, de los más vulnerables y marginalizados. Como afirma Keith Tester: “…cuando Zygmunt hablaba en realidad estaba escuchando, cuando estaba enseñando, estaba al mismo tiempo aprendiendo. Sus libros y seminarios eran lugares en los cuales nos reuníamos a explorar juntos cómo ser humanos”.Bauman se hizo comunista cuando entendió  que el antisemitismo y la pobreza que golpeaba inmisericordemente a su familia eran un subproducto de la lucha de clases y la desigualdad inherente al capitalismo. Lo amargaba, en particular, el recuerdo de “… las humillaciones que mi padre, un hombre de honestidad impecable, tenía que sufrir de parte de sus jefes para poder alimentar a su familia”.Pero fue también el antisemitismo que cundió en la Polonia comunista de 1968 el que lo obligó a salir del país y radicarse en Leeds donde fue acogido y designado Jefe del Departamento de Sociología en esa prestigiosa universidad.Entre sus numerosos libros, uno de gran impacto y que llegó a mis manos por sugerencia de un amigo personal y también profesor en Leeds, David Preston, quien junto a sus estudiantes investigaba en Tarija los niveles de pobreza y las complejas estrategias de sobrevivencia de los campesinos chapacos, se llama “Daño colateral. Desigualdad social en la era de la globalización”. En este libro, Bauman cuestiona el supuesto “triunfo definitivo” de la sociedad liberal y del capitalismo. Critica las políticas públicas dictadas exclusivamente por el mercado y la ilusión de libertad e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos con que intenta domesticar a los hambrientos.La ideología del “mundo libre y democrático” en realidad no es otra cosa que un tipo especial de consumismo  bajo el cual el mercado se separa de toda restricción, excepto del poder económico, hasta que la “libertad” no sea otra cosa que “poder de compra”.Bauman demuestra que las promesas del mercado se incumplen una y otra vez, que las incertidumbres se hacen crecientes y que esto obliga a que las técnicas de manejo y control de las masas se hagan cada vez más sofisticadas. Las primeras víctimas de esta “licuefacción” de las instituciones en el vértigo de los cambios, son los individuos, en particular las clases medias que son arrastradas al “precariado” o estado de precariedad marcado por la incertidumbre, la ausencia de marcos de referencia estables, el empobrecimiento económico y el vaciamiento moral e intelectual.En estas condiciones, es cada vez más difícil organizar nuestras vidas y nuestras actividades. Nos vemos forzados a vivir fragmentariamente, sólo pendientes de decisiones de corto plazo y adaptándonos a cambiantes condiciones que sólo parecen arrastrarnos más hacia el fondo del precariado. Las grandes narrativas que antes daban sentido a nuestras vidas, entre ellas las tradiciones y las utopías que tanta disponibilidad y energía generaban hace solo unas décadas, hoy parecen haberse vuelto liquidas y adaptables a cualquier envase por retorcido que parezca. Esta “modernidad líquida” tiene también su expresión en las “redes sociales” a las que Zygmunt considera verdaderas trampas, en las cuales construimos comunidades ficticias sólo para disimular el aislamiento y la soledad de los individuos.Es por ello que tan sólo el consumo parece devolvernos esa sensación de pertenencia y estabilidad. Pero el consumo está también fragmentado y contribuye a la fragmentación. El 1% más rico del planeta tiene mayor capacidad de consumo que el 99% más pobre de la humanidad. Ya hemos señalado en otro artículo, como ejemplo, que la suma de las fortunas personales del gabinete Trump ¡equivalen al valor de 43 millones de hogares estadounidenses!La desigualdad social es una consecuencia de las relaciones de producción prevalecientes en el capitalismo de la posmodernidad que, en una suerte de retorno dialectico sobre la espiral teórica, hoy se parecen tanto a las que relataban escritores como Charles Dickens o Upton Sinclair, pero con los toques tecnológicos y surrealistas de un Ray Bradbury.Los daños colaterales, causados por una desigualdad social creciente, que actúa como una suerte de “metástasis” planetaria, enfermándonos con el cáncer del consumismo generalizado a las redes sociales, generan a su vez las condiciones para la reemergencia de las opciones políticas que ofrecen devolver las certezas a punta de pistola,  construyendo muros, pateando inmigrantes o bombardeando países.


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