Modorra borrascosa

Ningún signo trascendente mostraron los candidatos a la presidencia de un imperio en ruinas -por su pérdida de sentido humano-, todo nos indica  que en el mundo los que gobiernan en realidad están muy lejos de las palestras políticas y muy bien articulados en los lobbies internacionales...

Ningún signo trascendente mostraron los candidatos a la presidencia de un imperio en ruinas -por su pérdida de sentido humano-, todo nos indica  que en el mundo los que gobiernan en realidad están muy lejos de las palestras políticas y muy bien articulados en los lobbies internacionales invisibles de los capitales financieros. 


Clinton y Trump expresan que ya no tiene importancia quién toma el mando del país con la economía más importante del planeta, pues lo que hagan sólo será un detalle baladí en la dinámica de un mundo donde nada importa más que el dinero.


Cada vez los candidatos son más inverosímiles y sus discursos no terminan de girar en torno a lo obvio, como hacer más eficiente el sistema que no precisa de ellos para seguir acumulando, porque todo parece igual para sus fines: tiempos de bonaza son motivo de negocio, la guerra lo mismo, y más negocio aún, las crisis y el hambre. Lo demás son formas: uno atrae y espanta por cínico y truhan;  la otra, agrada y acobarda por su forma académica y su innata retórica de “correct policy”.


Aparentemente, el sistema económico y político no está en discusión, la democracia y sus sistemas ficticios siguen funcionando en la forma, pero son negros, latinos, mujeres y mulsumanes los que históricamente sufren discriminación, siendo que éstos son quienes soportan los peores trabajos, acceden a la peor comida, educación y salud.


La opulencia creciente rodeada de marginalidad y guetos, cada día necesita de más armas y guardias de seguridad apoyados en la “Segunda Enmienda”, debido al empobrecimiento de la clase media, la depauperación del trabajo para las nuevas generaciones, deudas impagables contraídas por los estudiantes para realizar sus estudios superiores.


Deudas infinitas de las viviendas, mediocridad de las escuelas públicas secuestradas por profesores agremiados e inamovibles en sus cargos que coloca al sistema educativo de los Estados Unidos entre los de más baja calidad y caros del mundo, no son más que datos que se usan para enmascarar el derrumbe de un sistema que no soporta la forma de reproducirse, basada en la especulación del capital.


Todo gira en torno al tabú de la migración, como si ésta fuera un peso económico en un país hecho históricamente por inmigrantes sobre el exterminio de los aborígenes, también llegados de tierras remotas. No podemos ignorar que la migración económica es la más rentable, porque la gente llega dispuesta a hacer lo que sea para vivir, situación de la que siempre se ha aprovechado el capital para vivir del trabajo de los más pobres.


Lo que varía es el tiempo -una dimensión bastante humana y artificiosa-. Como no podía ser de otro modo, ambos candidatos tienen sus referentes de origen en otros paisajes: una de origen galés e inglés y otro escocés, provenientes de familias inmigrantes que hicieron fortuna gracias a la existencia de otros pobres, que como ellos, llegaron más tarde, dispuestos a todo. 


En Estados Unidos surte efecto el principio mercantil y militar de quien llega de último paga la factura de los primeros, como en el perverso sistema comercial piramidal y jerárquico militar, esa es la magia del capital que convierte a cualquier sapo en príncipe.


La única gran diferencia con nuestros candidatos y contexto político es que Donald Trump no tiene ninguna experiencia en política, su pasado está en el mundo de la empresa, lo que le da un aire de hombre hecho a sí mismo, un candidato que sabe gestionar una empresa y que, por lo tanto, sabría gestionar un país. Como si la gente fuera un producto y el bienestar sólo un balance financiero. 


Clinton, por otra parte, trata de mostrarse como el fruto más puro del establishment del sistema político estadounidense, experta en mover todo y no cambiar absolutamente nada (lampedusiano). En nuestra realidad sucede lo contrario, los políticos raramente tienen experiencia profesional, más allá de su vida en política, su bagaje en la empresa privada empieza a despegar una vez que han bebido del poder. Las famosas puertas giratorias. Sin embargo, opinan de inversiones, hacen empresas e industrias, reforman la educación, justicia y salud, acciones que por obvias razones terminan en estrepitosos fracasos. Como la felicidad colectiva en el sistema más perfecto del mundo, la democracia capitalista.


 *es profesional en ciencias sociales


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