Incentivar el turismo
Resulta que hace un par de semanas la opinión pública se enteró del viaje a Panamá de una delegación de 68 personas (¡Ututuy!), todos ellos dirigentes de movimientos sociales, para ser parte de una cumbre de los pueblos, paralela a la VII Cumbre de las Américas, realizada allí en abril de...
Resulta que hace un par de semanas la opinión pública se enteró del viaje a Panamá de una delegación de 68 personas (¡Ututuy!), todos ellos dirigentes de movimientos sociales, para ser parte de una cumbre de los pueblos, paralela a la VII Cumbre de las Américas, realizada allí en abril de 2015 Se supone que el envío de una representación a cualquier cumbre o foro internacional no se requiere de una delegación mayor a seis u ocho personas, más aún si se piensa en el trabajo metódico y coordinado de sus integrantes, a fin de cumplir los objetivos que el país requiere. ¿Cómo podría coordinar objetivos mínimos entre 68 personas que –imagino– ni siquiera logran mirarse las caras dado el plazo corto del encuentro y qué resultados lograría tan masiva concurrencia? Claro, además nadie sabe si los 68 afortunados viajeros rindieron un informe básico. La clave del caso es que la asistencia de tal delegación representa la erogación de algo más de 590.000 bolivianos, una cifra asombrosa si tomamos en cuenta que hospitales públicos del país, incluso de tercer nivel, trabajan con equipos de Rayos X que superan un uso de 70 años. Eso si cuentan con alguno. Tal postura no debería extrañar a nadie pues ya sucedieron casos similares. Hace algunos años, Bolivia fue invitada de honor en la feria del Libro de Santiago, Chile, por lo que dispusieron el viaje de una delegación de más de 30 personas, todos integrantes de una diablada. No había un escritor entre ellos. Hete aquí que, recién nomás, emergió el Ministro de la Presidencia advirtiendo que el Estado destinará recursos diez veces mayores para que los dirigentes de movimientos sociales asistan a foros internacionales para que expliquen al mundo el proceso de cambio. No dijo si alguno ya lo había hecho. Entonces entendí por qué cuando don Evo asiste a algún encuentro internacional es secundado por decenas de dirigentes indígenas. Claro, los costos son cubiertos por el Tesoro General, aunque me pregunto qué objetivos buscan con estos viajes. ¿Será para que lo aclamen al final de cada discurso? Mis dudas se reiteran cuando las hormonas amazónicas de don Juan Ramón juran que la intención es que los viajeros expliquen el proceso de cambio en el extranjero. Creo que lo lógico sería decir que el proceso de cambio sólo apunta a incentivar la actividad turística de sus militantes.


