Cuestión de supervivencia

Los árboles no sólo han sido uno de los mejores amigos que ha tenido el ser humano a lo largo de su existencia, sino que, además, en la actualidad se consideran los seres vivos más longevos del planeta. Sin embargo, y a pesar de todos los beneficios que nos han dado, han sufrido. Muriendo con...

Los árboles no sólo han sido uno de los mejores amigos que ha tenido el ser humano a lo largo de su existencia, sino que, además, en la actualidad se consideran los seres vivos más longevos del planeta. Sin embargo, y a pesar de todos los beneficios que nos han dado, han sufrido. Muriendo con sus entrañas abiertas a las inclemencias del tiempo, por tala, por incendios y porque estorban para que se desarrollen obras de infraestructura.En nuestra ciudad de Tarija, donde habían espesos boques hoy se construyen condominios, que se yerguen como monumentos de cemento. Por ésta y por otras causas Bolivia, en el periodo 2.000 a 2010, perdió 1 millón 820.000 hectáreas de bosques. Pero esto no es lo peor, nuestro país tiene emisiones de gases de efecto invernadero per cápita comparables a países de Europa: 93 millones de toneladas anuales para 2000-2010.La causa de este desbalance es la deforestación, o “cambio en el uso de la tierra”, donde se combinan, además, la expansión de la frontera agrícola, subsidios a combustibles fósiles y un bajo nivel de control ambiental.Hasta ahora no existía un número que cuantificara las emisiones del sector para las últimas dos décadas en el país.  Pero una investigación que combinó información satelital y un modelo ad-hoc (que mide la deforestación, la degradación del suelo y la reforestación, entre otros elementos), mostró el aumento en casi 50 por ciento de emisiones en las últimas dos décadas. Entre 1990 y 2000, se emitió 65 millones de toneladas por año.Más aún, ni estos datos ni otros frenan el problema. Se está destruyendo el pulmón de la humanidad y a esto contribuye la misma población con los voraces incendios que propaga quemándose miles y miles de árboles.No es novedad apuntar que en Tarija, las faldas de la reserva ecológica de Sama, están ya acostumbradas a los constantes incendios que devoran miles de hectáreas de bosque, acabando no sólo con la flora sino también con la fauna.El pasado mes de septiembre se registró un incendio de magnitud en Turumayo, éste arrasó diez hectáreas y finalmente, con grandes esfuerzos, fue controlado.  Según datos científicos de un estudio realizados por  la NASA, Tarija es una de las regiones con mayor índice de deforestación  en el mundo. Los datos fueron recogidos en los tres últimos meses de la  gestión 2013.El estudio revela que  los países  que ocupan los primeros lugares  en pérdida de árboles     son Argentina, Bolivia, Ecuador, Madagascar, China y Paquistán.Pero más allá del dato, queda claro que los beneficios iniciales de talar o incendiar pronto se convierten en grandes pérdidas de biodiversidad que no son subsanables, ni económicas para la salud humana.Está por demás decir que el respeto por la naturaleza es, en primer lugar, una cuestión de sentido común. Es evidente que estamos destruyendo la naturaleza, es decir, el sostén de nuestras vidas. Está en juego la vida de millones de especies, incluida la nuestra. Por consiguiente, respetar la naturaleza es una cuestión de supervivencia.Empero, el mundo contemporáneo tiene muchos medios para abstraerse de la realidad inmediata (la televisión, el fútbol, etc.). La crisis ecológica no parece ser una cuestión urgente para la población, por más que los accidentes de petroleros o de centrales nucleares aparezcan de vez en cuando en la prensa. Si queremos respetar la naturaleza tenemos que encontrar, individual y colectivamente otro estilo de vida. No sólo se impone consumir productos más ecológicos, también hay que consumir menos, reciclar, ahorrar agua y energía, no utilizar productos tóxicos, cuidar los árboles, entre otros.Es necesaria una reflexión continua sobre nuestra relación con el entorno y sobre nuestra responsabilidad en la contribución que podemos hacer al entorno para mejorarlo. Sería importante que la frescura del Día del Árbol nos sirva al menos para reflexionar.


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