La demanda de energía

“El crecimiento de la economía se refleja en la demanda de energía eléctrica. En este contexto, ayer (a las 20.00 del viernes) tuvimos un récord en la historia de Bolivia en el consumo de energía eléctrica que alcanzó a 1.458 megavatios”, dijo Sánchez mediante una nota de prensa.“Es...

“El crecimiento de la economía se refleja en la demanda de energía eléctrica. En este contexto, ayer (a las 20.00 del viernes) tuvimos un récord en la historia de Bolivia en el consumo de energía eléctrica que alcanzó a 1.458 megavatios”, dijo Sánchez mediante una nota de prensa.“Es un reflejo del crecimiento de la industria, tanto estatal como privada, el incremento en la cobertura eléctrica, el cual ahora permite a las familias vivir con mayor confort y mejorar su calidad de vida”, insistió.Hace algunas semanas, el presidente Ejecutivo de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE-Corporación), Eduardo Paz, dijo que el consumo promedio interno de energía eléctrica en Bolivia era de alrededor de 1.300 megavatios diarios, pero que el país disponía de 1.800 megavatios, por lo que la demanda está asegurada de ser atendida.Además, mientras que entre 1985 y 2009 las inversiones en el sector eléctrico para la generación, transmisión y distribución de energía fueron de 1.000 millones de dólares, en el periodo 2010 y 2015 –tras la nacionalización del sector– llegaron a 1.797 millones de dólares, y si en 2005 la cobertura del servicio eléctrico era del 74%, en los últimos años el suministro llegó a cubrir hasta el 91% de la población.Y si el crecimiento socioeconómico y el aumento de la población son los factores que incrementan el consumo energético, según el Censo de Población y Vivienda de 2012, Bolivia alcanzó a 10.027.254 habitantes.Es decir, la población boliviana aumentó de 2.704.165 habitantes en 1950 a más de 10 millones en 2012, lo que significa que el tamaño de la población se multiplicó cerca de cuatro veces durante un periodo de 62 años.Por lo demás, si Bolivia procura convertirse en el corazón energético de Suramérica, es indispensable que materialice a rajatabla sus proyectos para aumentar sustancialmente su producción de energía eléctrica.Y para ello, durante el primer semestre de este año puso en marcha la segunda fase del Parque Eólico de Qollpana, la segunda terna del Proyecto Chaco-Tarija y las líneas Sucre-Padilla, Sucre-Karachipampa-Potosí y la línea de transmisión Palca-Mazocruz.Otros proyectos en ejecución son las plantas termoeléctricas de Warnes, del Sur y Entre Ríos, las hidroeléctricas de Río Miguillas, San José I y II, y Misicuni, la fase uno de generación solar en Oruro y la geotérmica en Campo Sol.Y entre los planes hidroeléctricos en su etapa de estudio están el Angosto del Bala, Carrizal, Río Ivirizu, Múltiple Rositas y Banda Azul; y entre los proyectos eólicos La ventolera en Tarija, Warnes, San Julián y El Dorado en Santa Cruz.Según las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, el ritmo de consumo de electricidad en el mundo no cesará, sino que se incrementará y el consumo de los recursos fósiles continuará siendo la principal fuente de energía primaria.Ante ello, es indispensable que Bolivia opte por incrementar la energía eléctrica generada por fuentes primarias, renovables y amigables con el planeta, lo que permitirá una paulatina reducción de la energía generada por los hidrocarburos fósiles y contaminantes.Y aunque sólo genera 74,5 megavatios en energías limpias, es decir el 4.1% respecto del total nacional de 1.800 megavatios, el gobierno espera que en 2020 las energías ecológicas lleguen a 540 megavatios con una inversión de 1.107 millones de dólares.En ese contexto, Bolivia está ante el desafío de saltar hacia una matriz energética limpia y renovable como la solar, eólica, biomasa, geotérmica e hidroeléctrica e invertir 30.000 millones de dólares en los próximos años para convertirse –de manera sustentable– en el corazón energético de Suramérica.Ahora bien, el hecho de que la demanda interna de energía eléctrica haya crecido sustancialmente y Bolivia sepa cómo atenderla, es una buena noticia, un indicador que no sólo desvela el crecimiento del número de usuarios del servicio eléctrico, sino el incremento de la actividad productiva en un difícil escenario económico internacional.


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