Ha perdido la paz

Y parafraseando al Santo Padre, es pertinente sostener que, tras los resultados del referéndum efectuado el último domingo en un país azotado desde hace 52 años por la más extrema violencia, que Colombia está en guerra porque ha perdido la paz.Sí, en contra de todo pronóstico, perdió la...

Y parafraseando al Santo Padre, es pertinente sostener que, tras los resultados del referéndum efectuado el último domingo en un país azotado desde hace 52 años por la más extrema violencia, que Colombia está en guerra porque ha perdido la paz.Sí, en contra de todo pronóstico, perdió la paz y se impuso la opción por la guerra. Y aunque la diferencia entre una y otra alternativa de voto fue mínima, las urnas desvelaron al mundo a una Colombia profundamente dividida.El rechazo al acuerdo de paz –negociado durante casi cuatro años en La Habana (Cuba) entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército Popular (FARC-EP) y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos– triunfó por apenas un 0,47% de ventaja sobre el Sí.Con el 99,64% de las mesas escrutadas, el No, cuya campaña estuvo encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, logró el 50,23% de los votos contra el 49,76% de la opción del Sí impulsada por el gobierno y por sectores sociales y políticos colombianos. Con la derrota del Sí, se rechazó el documento acordado por las partes que recogía lo necesario para terminar un conflicto armado que dejó al menos 220.000 muertos, 25.000 desaparecidos y más de 4.7 millones de desplazados, según un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).¿Cuáles habrían sido las causas para que –así sea por un mínimo porcentaje– el pueblo colombiano rechazara el Acuerdo Final de Paz, el que todas las encuestas señalaban que iba a ser ratificada por el plebiscito popular?En un país donde el voto no es obligatorio, apenas el 37,33% de los electores habilitados emitieron su voto. Es decir, solo 13 millones de casi 35 millones de electores expresaron su decisión en las urnas sobre un asunto de vida o de muerte.Según el semanario Semana, entre las causas también estaría el posible empoderamiento de los miembros de la organización guerrillera, y aunque muchos empresarios no lo decían abiertamente, tenían recelo de que en unos años el país terminara siendo gobernado por un ex guerrillero.Además, había despertado gran incertidumbre la entrega de tres millones de hectáreas de tierra a los campesinos, un tema tan sensible que precipitó la guerra interna hace 52 años. Ahora bien, la votación desveló una profunda falta de solidaridad en Colombia, porque mientras las regiones más golpeadas por la guerra votaron por el Sí, en las zonas urbanas o núcleos rurales más poblados, donde la violencia del conflicto hace tiempo que dejó de golpear, se rechazó el acuerdo de paz.En el plebiscito también se jugaba la posibilidad de nuevas coordenadas para la disputa política y, como señala el analista Javier Calderón, una victoria del Sí hubiera puesto en un horizonte cercano la posibilidad de discutir desde la izquierda el modelo económico y político de un país donde la desigualdad y la exclusión social son acuciantes.Por eso, la victoria del No es una profunda derrota política para la izquierda colombiana, el presidente Santos y quienes impulsaron la paz, mientras la ultraderecha –comandada por Uribe y su política de violencia– continúa mostrando su fortaleza. Y aunque pese a su derrota política Santos prometió que el cese bilateral del fuego seguirá vigente y que buscará “la paz hasta el último minuto” de su mandato y el líder guerrillero Rodrigo Londoño, alias Timochenko, dijo que las FARC-EP no cejarán para construir una paz “estable y duradera”, nadie sabe qué ocurrirá a partir de ahora.En ese contexto, mientras la guerra seguirá marcando los límites de la disputa política, las perspectivas para la democracia colombiana son sombrías, porque la derrota del Sí no sólo abre una gran incertidumbre, sino que es una puñalada al proceso de paz y a quienes intentaron una salida política digna para un país que en las urnas –al menos por ahora– prefirió seguir en guerra.


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